Carta pastoral de Mons. Demetrio Fernández: Inclusión universal

No hay horizonte más inclusivo que el horizonte católico, pues católico significa todas las personas y en todas sus dimensiones. En el plan de Dios estamos incluidos todos y llamados todos a la plenitud, a la santidad plena. Dios no descarta a nadie, y si por alguno tiene preferencia es por el más pobre, por el que haya tenido menos oportunidades en su vida, por el que la sociedad haya marginado, por el que se queda atrás.

El evangelio de este domingo quiere ensanchar nuestro horizonte siguiendo la enseñanza de Jesús: “El que no está contra nosotros está a favor nuestro”. Los discípulos querían excluir a los que no son de los nuestros. Jesús incluye a todos, porque todos son de los nuestros, si elevamos el nivel de pertenencia. Todos son de los nuestros, si tenemos en cuenta que Dios es padre de todos, y por eso nosotros somos hermanos todos.

Algo parecido sucedió con nuestros padres en el desierto, camino de la tierra prometida. También aquellos dos que no acudieron a la asamblea recibieron el Espíritu de Dios, y se pusieron a profetizar. Los demás se quejaron, porque ellos habían venido y los otros dos estaban ausentes, y sin embargo habían recibido también el espíritu de profecía. “¡Ojalá todo el pueblo fuera profeta”, responde Moisés con actitud inclusiva.

En este domingo celebramos la Jornada del migrante y refugiado con el lema “Hacia un «nosotros» cada vez más grande”. El tema de la movilidad humana es cada vez más global. Vivimos realmente en un mundo interconectado mundialmente, y eso nos asoma a una nueva época en que esa movilidad ayudará a ensanchar los horizontes humanos de cada país, de cada grupo humano, de cada continente.

La exclusión de los residuos contamina el ambiente y el clima, la exclusión de los menos favorecidos contamina y enrarece las relaciones sociales, cuando incluso las materias primas valiosas son explotadas por internacionales que las absorben, dejando a los nativos en la más absoluta miseria. La exclusión de los débiles embrutece las sociedades avanzadas; pensemos en los niños abortados, porque estorban, o en los ancianos eutanasiados, porque molestan. La exclusión del extranjero descabala las sociedades envejecidas del primer mundo. La actitud excluyente hace daño al hombre.

La inclusión a la que nos llama Jesucristo y nos recuerda hoy la Jornada del migrante y refugiado considera al otro como un tú, y la postura católica es caminar hacia un nosotros cada vez más grande, donde el otro también cabe, y pasa a formar parte del “nosotros”. La regulación política de los flujos migratorios corresponde hacerla a los dirigentes de las naciones y de los pueblos. Y es un asunto complicado. Rezamos en esta Jornada por todas esas decisiones que se toman a distintos niveles, y en las que están en juego millones de personas. Pero la actitud primera ante este fenómeno, la actitud que nos inspira la Palabra de Dios es la actitud de acogida, y en caso de duda la balanza debe inclinarse siempre a la inclusión.

Está en juego una fraternidad universal, que el Papa Francisco nos ha vuelto a recordar en Fratelli tutti (3.10.2020), la encíclica de la fraternidad universal, que marca pautas para esta visión global en la que todos somos hermanos, porque hijos del mismo Padre del cielo. Formamos todos una única familia humana, en la que nadie debe ser excluido, si queremos contribuir al equilibrio y la paz universal.

La inclusión universal no es una moda, aunque aparece hoy ciertamente como un signo de los tiempos. La inclusión universal viene constituida por el misterio de la encarnación, por la que el Verbo encarnado se ha unido de alguna manera con cada hombre, construyendo una solidaridad universal sellada con la sangre de la Cruz. La sangre redentora de Cristo ha superado con creces toda división y exclusión. Un corazón católico es un corazón inclusivo.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández,

Obispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
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Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.