Carta pastoral de Mons. Abilio Martínez: Luz del mundo y sal de la tierra

Queridos diocesanos:

Mi última carta dirigida a la Diócesis terminaba con estas palabras: “El Papa Francisco ha convocado un Sínodo para el año 2023: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión. El concepto de sinodalidad encierra una metáfora que describe a la Iglesia como pueblo de Dios en camino. Un pueblo que peregrina hacia el Reino, subrayando la común dignidad de los cristianos, que procede de la gracia bautismal, y su corresponsabilidad en la misión de la Iglesia. Espero que sinodalidad no sea simplemente una palabra talismán que hemos encontrado para seguir haciendo lo mismo sino la condición indispensable para un nuevo impulso misionero que involucre a todo el pueblo de Dios”.

En nuestra Iglesia de Osma-Soria iniciaremos el próximo 16 de octubre la llamada “fase diocesana” que será un tiempo de trabajo que nos afectará a todos los bautizados, al obispo, a los sacerdotes y religiosos/as y, de forma especial, a los laicos, hombres y mujeres de toda condición. Ojalá este tiempo sea fecundo en sí mismo y proporcione frutos que nos ayuden a crecer en comunión y misión. Las conclusiones, las metas y las propuestas que salgan de este trabajo inicial en la diócesis serán enviadas a la Conferencia Episcopal Española la cual, junto a las aportaciones del resto de las diócesis de España, las ordenará y sintetizará para remitirlas a la Secretaría General del Sínodo.

Esta carta que os dirijo hoy tiene como objeto prioritario llamar la atención acerca de vuestra condición de bautizados. Condición que da el derecho y la obligación de tomar como propias las metas que tiene la Iglesia con el fin de realizar una evangelización seria y eficaz. Sois, y son palabras textuales de Jesús, “luz del mundo y sal de la tierra” (Cfr. Mt 5,13-14). Esta descripción que Jesús hace de los que le siguen no sólo afecta a los obispos, a los curas y a los religiosos y religiosas, sino que incumbe a todos. El cardenal Mario Grech (Secretario General del Sínodo) afirmaba que no se trata de populismo ni democracia sino de que el Pueblo de Dios, por el bautismo, es sujeto activo de la vida de la misión de la Iglesia. Y el Papa, en este Sínodo que se cerrará en el 2023, quiere que sea toda la Iglesia la que se comprometa en un camino que Dios espera de la Iglesia actual, la Iglesia del tercer milenio.

Todo este caminar juntos – eso significa la palabra Sínodo – se sitúa en la línea de la actualización propuesta para la Iglesia en el Concilio Vaticano II. Todo este camino, insisto, es un don y una tarea. Caminando juntos, y juntos reflexionando también sobre el camino recorrido, la Iglesia podrá aprender, a partir de lo que vaya experimentando, cuáles son los procesos que pueden ayudarla a vivir la comunión, a realizar la participación y a abrirse a la misión (Cfr. Documento Preparatorio n.1).

Este caminar juntos es lo que manifestará de forma visible y concreta la naturaleza de la Iglesia, como pueblo de Dios peregrino y también misionero. No me cabe duda de que la pandemia de la COVID-19 ha despertado – como ha apuntado el Papa en varias ocasiones – en toda la comunidad mundial la conciencia de que “todos navegamos en la misma barca, donde el mal de uno perjudica a todos y donde nadie se salva solo, que únicamente es posible salvarse juntos”. También ha destacado el Papa que “la humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común” (Laudato sí, 13).

Quiero que estas sencillas palabras sirvan como llamada de atención para que todos los fieles de la Iglesia que peregrina en Osma-Soria podamos implicarnos en la preparación diocesana de este Sínodo. La Diócesis irá indicando las pautas concretas a seguir en este camino sinodal que iniciaremos a mediados de octubre y que se concluirá con la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos en Roma en octubre de 2023. Todo se irá detallando oportunamente desde los organismos diocesanos y siempre tendremos la oportunidad de conocer el itinerario de la fase diocesana.

Quiero situar en el regazo de María, mujer de la escucha, mujer de la decisión y  mujer de la acción, el cariño y el empeño que los sorianos vamos a poner en este anhelo, hecho ilusión evangelizadora y meta pastoral de nuestro querido Papa Francisco.

Con mi afecto y bendición,

 

Abilio Martínez Varea,

Obispo de Osma-Soria

 

Mons. Abilio Martínez Varea
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El obispo electo de Osma-Soria nació en Autol (La Rioja) el 29 de enero de 1964. Ingresó en el seminario diocesano de Logroño, donde estudió Filosofía y Teología entre los años 1982 y 1987. Después se trasladó a Roma, donde obtuvo la licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1989). Fue ordenado sacerdote el 30 de septiembre de 1989. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Su primer destino fue como vicario parroquial de la parroquia de San Barlotomé de Aldeanueva de Ebro (La Rioja) (1989-1994). Entre 1994 y 1996 realizó los cursos de doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca. A su regreso, fue nombrado vicario parroquial de San Pío X de Logroño. Ha desempañado los cargos de delegado de Apostolado Seglar, profesor en el instituto diocesano de Ciencias Religiosas y delegado de Enseñanza. Desde el año 2005 es vicario episcopal de Pastoral y Enseñanza.