Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: La vida interior se sustenta en la vida espiritual

Tal vez hay muchas razones para depositar los problemas, grandes o pequeños, en el desierto de la arena o en la sequedad de una fuente que no tiene agua. Lo más inverosímil es que se quiera justificar lo injustificable. Las razones que se dan no se sostienen porque les falta el oxígeno como a los pulmones; un pulmón sin oxígeno sabemos que lleva a la muerte rápida y no porque no haya oxígeno sino porque los pulmones están incapacitados para recibirlo. Lo mismo podríamos decir respecto a la ausencia de vida interior o de intimidad interior puesto que cuando se bloquea y se narcotiza no es capaz de aceptar “el oxígeno espiritual”. El materialismo y el exceso de prepotencia de las ideologías adormecen la vida interior y poco a poco la vida interior va perdiendo fuerza, de tal manera que se sofoca y no es capaz de abrir la puerta a la vida espiritual. Sin el sentido de la trascendencia el ser humano pierde su identidad integral.

La frivolidad ha sido y sigue siendo la que corrompe las almas. No se resiste y se hunde quien se deja llevar por lo inmediato y por la “sociedad del bienestar”. Todo es de “puertas para fuera” y así se vive sin recursos y a la intemperie. El bienestar se ha convertido en una palabra casi mágica y lo único que puede provocar es decepción, amargura, inestabilidad, ansiedad y miedo. Es todo lo contrario a lo que ansía nuestro corazón. “La educación de la interioridad no es, en ningún caso, un lujo, ni una cuestión menor, sino que tiene como objetivo final el cuidado de sí, y para ello desarrollar todas las potencias latentes en el ser humano, tales como la memoria, la imaginación, la voluntad, la inteligencia y la emotividad, pero también el fondo último de su ser: la espiritualidad… En el modelo de la interioridad habitada se reconoce… al Maestro interior que habita en los adentros” (Francesc Torralba, La interioridad habitada, pag. 65). Bien nos los dice el evangelio: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14, 23). Este es el motivo fundamental de la auténtica espiritualidad.

La presencia viva de Dios, en lo más íntimo de la persona, construye y constituye el verdadero templo. “¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo?” (1Co 6, 19); “Porque vosotros sois templo del Dios vivo” (2Co 6, 16-17). Los grandes santos han percibido esta espiritualidad que madura y reconforta la vida con la presencia de Dios en la interioridad y en lo más íntimo de la vida interior: “Gózate y alégrate en tu interior recogimiento con Dios, pues le tienes tan cerca. Ahí le desea, ahí le adora, y no le vayas a buscar fuera de ti, porque te distraerás y cansarás, y no le hallarás y gozarás más cierto ni más presto, ni más cerca que dentro de ti” (San Juan de la Cruz, Cántico espiritual 1, 8). Por lo tanto, la vida interior no es un fenómeno mágico de los que buscan en su interior un relax de paz y menos aún aquellos que se dejan seducir a favor de un sentimentalismo narcisista. La vida interior es una habitación donde Dios reside y nos da la posibilidad de experimentar, como imagen y creaturas suyas que somos, la fuerza del amor, porque “Dios es Amor” (1Jn 4, 8). Ésta es la base fundamental de la espiritualidad cristiana. No busquemos a Dios fuera sino en lo más profundo de nosotros mismos.

Los grandes pensadores e inteligentes sabios que profundizan en los problemas que acosan al ser humano suelen afirmar que una persona atosigada por los mensajes de la superficialidad no sólo se cansa sino que pierde el sentido de la vida. Y la vida espiritual es lo más grande que tenemos. Sin ella el auténtico humanismo no se puede sostener. Puede sobrevivir en la inmanencia pero se atrofia en la trascendencia. Las circunstancias actuales que machaconamente nos hacen referencia a la pandemia o Covid19 son propicias para adentrarnos en lo que supone la vida y en el sentido profundo de la misma. ¡No dejemos pasar de largo estos “toques” o advertencias que permite Dios!

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).