Carta pastoral de Mons. José Luis Retana: La “tragedia” de “la vuelta al cole”

Han quedado atrás los días del verano y nos vamos incorporando al cotidiano quehacer. Para las personas que habían planeado las vacaciones como una huida de la realidad, el regreso supone una auténtica tragedia; porque las vacaciones tienen fecha de caducidad y, cuando se impone regresar, nos saben a poco y nos invade la pereza de volver a ver los mismos rostros y afrontar idénticas tareas.

Pero si hemos intentado vivir este tiempo como una ocasión serena de recuperar el significado de la realidad, vemos que la
realidad no es enemiga. Existe siempre una positividad en todas las cosas y esta circunstancia la afrontamos de otro modo, porque sabemos que hay en nuestra vida una mano providente que nos sostiene. Ofrecemos cada día de nuestra jornada, pedimos la fortaleza y la sabiduría de su Santo Espíritu para ir construyendo nuestra vida cotidiana.

Comenzar un nuevo curso para los creyentes es la oportunidad que nos ofrece el Señor de comenzar de nuevo. Es una etapa más en el caminar de la Iglesia, sabiendo que Él viene con nosotros y marca el ritmo de nuestro caminar. Nosotros ponemos nuestros carismas al servicio de esta difícil y hermosa tarea.

Una Diócesis es una realidad viva formada por los bautizados que, con sus diversas vocaciones y ministerios, continúan en el
tiempo lo que comenzó en Jesucristo y en los primeros discípulos, a quienes confió el Señor el mandato misionero de ir a todo el mundo anunciando la Buena Noticia. Por eso, “Evangelizar constituye la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar” (Evangelii nuntiandi, nº 14).

Queremos mirar al pasado con gratitud (Ordenación primeros Diáconos permanentes, inicio del Seminario en Familia y andadura del COF, trabajos del nuevo Plan Pastoral); vivimos el presente con responsabilidad y preparamos el futuro con esperanza (Ordenación nuevos diáconos, llegada de la cruz de los jóvenes a la diócesis, inicia la Escuela Bíblica, el Obispo realizará en enero la visita Ad Límina y en mayo se inaugurará la exposición de las Edades del Hombre). Nos acompaña la fidelidad de Dios que siempre camina con nosotros, y la compañía de la Iglesia que nos sostiene.

La Iglesia vive en la permanente obediencia al mandato del Señor, “id y anunciad el Evangelio”. El discernimiento y la sinodalidad serán los ejes espirituales de nuestras acciones.

Todavía no podemos valorar todas las consecuencias de esta inesperada pandemia global. Sí podemos decir que ha supuesto
una fuerte experiencia de incertidumbre y miedo. Ha puesto de manifiesto muchas pobrezas ya existentes. También han surgido extraordinarios ejemplos de dedicación, entrega y solidaridad y la familia ha sido valorada y puesta a prueba. La clase política parece perdida, incapaz de estar a la altura de las circunstancias históricas y dando prioridad a sus propios intereses.

Sin embargo, no debemos engañarnos; el problema más grave no es ni económico ni político, sino la salud espiritual y el sentido de la vida que ilumina la mirada. La dimensión transcendente que abre a la esperanza en la fragilidad y a la solidaridad fraterna. Por ello, es sumamente importante que los creyentes demos testimonio de una confianza que vence a los miedos, de esperanza y de caridad fraterna. Aparecen vacunas y tratamientos para la enfermedad, pero urge una gran renovación espiritual, cultural y política. Afortunadamente, observamos, en medio de la incertidumbre, la búsqueda de sentido y afecto,
gestos de solidaridad y un deseo de cambio.

¡Quién sabe lo que nos traerá este curso que ahora empieza! Lo que sí sabemos es que será para nuestro bien y el Señor acompañará nuestros esfuerzos. Os deseo un Feliz curso.

Con el afecto y la bendición de vuestro Obispo.

+ José Luis Retana

Obispo de Plasencia

Mons. José Luis Retana Gozalo
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José Luis Retana nació en Pedro Bernardo (Ávila) el 12 de marzo de 1953. Ingresó en el seminario menor de Ávila en 1964 para ingresar después, en 1968, en el seminario mayor. En 1971 entró en el Teologado que la diócesis de Ávila tiene abierto en Salamanca, para realizar los estudios de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca (1971-76), donde se graduó en Bachiller de Teología el año 1977. Posteriormente marchó a Friburgo (Suiza) para ampliar sus estudios de licenciatura (1976-78). En 1979 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1979. En la actualidad es vicario episcopal para las instituciones de enseñanza de la diócesis de Ávila (desde 2012). Es deán de la catedral de Ávila (desde 2015) y adjunto a la dirección de Patrimonio (desde 2002); director del centro de educación especial Santa Teresa de Martiherrero para enfermos psíquicos y consiliario del Movimiento Comunión y Liberación (desde 2002); párroco de San Pedro Bautista de Ávila y arcipreste del arciprestazgo de la ciudad de Ávila (desde 2012). Es miembro del colegio de consultores y del consejo presbiteral (desde 1998). En su ministerio sacerdotal, desarrollado en la diócesis de Ávila, ha desempeñado, entre otros, los siguientes cargos: formador y profesor en el colegio diocesano “Asunción de Nuestra Señora” (1979-1993); rector del seminario diocesano de Ávila en Salamanca (1993-1999/2003-2012); vicario parroquial en la parroquia del Inmaculado Corazón de María en la ciudad de Ávila (1999-2003) y vicario episcopal para las relaciones con las instituciones diocesanas de Enseñanza y secretaría particular del obispo (1997-2006). También durante su ministerio sacerdotal ha atendido las comunidades cristianas de Albornos, Muñomer, Narros de Saldueña, Villanueva de Ávila, Aldeaseca, Tornadizos de Arévalo y Donvidas