Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: Una reina que nada ni nadie podrá destronar

Estamos celebrando los 75 años de la Coronación de la Virgen de Santa María la Real de la Catedral de Pamplona. Quiero, más que fijarme en los hechos históricos cultuales de cómo fue coronada, fijarme en la Virgen como Reina que nada ni nadie la podrá destronar. La coronación de la Virgen tiene el significado de proclamar la realeza de Nuestra Señora, puesto que ella es Reina del Universo y no por un sentimiento devocional o incluso metafórico, sino en el sentido más estricto. Ella fue elegida de Dios y la preservó del pecado original porque iba a ser Madre del Rey Universal: Jesucristo. Es una Reina especial puesto que todo el género humano, gracias a su disponibilidad en Nazaret cuando se la anuncia que va a ser Madre de Dios, ella no lo rehúsa sino que lo acepta. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 34). Es una disposición que no sólo realiza para sí sino para el bien de toda la humanidad.

Su sentido de Reina no es como se percibe en el ambiente social o político sino que tiene una significación especial puesto que gracias a su disposición -ante la voluntad de Dios- ayuda, siendo medianera, en Cristo Jesús, y así romper la miseria y el pecado que estaba el ser humano: “El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María; que lo atado por la virgen Eva con su incredulidad fue desatado por la Virgen María mediante su fe; y comparándola con Eva, llaman a María MADRE DE LOS VIVIENTES, afirmando aún con mayor frecuencia que la muerte vino por Eva, la vida por María” (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 56). ¡Y esto no tiene vuelta atrás y permanecerá para siempre María como Reina! Es la santidad que siempre permanece y reinará por siempre y eternamente.

La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar los ojos hacia María, que brilla ante toda la comunidad de los elegidos como modelo de virtudes. Virtudes sólidas evangélicas: la fe y la dócil aceptación de la palabra de Dios; la obediencia generosa; la humildad sincera; la caridad solícita; la sabiduría reflexiva; la piedad hacia Dios pronta al cumplimiento de los deberes religiosos, agradecida por los bienes recibidos, que ofrece en el templo, que ora en la comunidad apostólica; la fortaleza en el destierro, en el sufrimiento; la pobreza llevada con dignidad y confianza en el Señor; el vigilante cuidado hacia el Hijo de Dios desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz; la delicadeza previsora; la castidad virginal; el amor a los pobres y sencillos. Todo esto es signo fehaciente de su Reinado.

Intentar referir algo de lo que la Virgen María Reina haría en los comienzos de la evangelización, resulta imposible y parece temerario. La parquedad de los Hechos de los Apóstoles choca frontalmente con aquello que viene a nuestra imaginación y pensamiento durante la vida de los Apóstoles hasta la muerte del evangelista San Juan. Quizás sea preferible, más que hablar y escribir, dejar a cada uno de los hijos fieles de la Iglesia que mediten y contemplen y sean ellos los que en el interior de su corazón, iluminados por la que es “Reina de la Paz” y “Estrella de la nueva evangelización’’ experimenten la luz de sus enseñanzas evangelizadoras y el calor maternal de sus inspiraciones. Cristo hizo que su bendita Madre iluminara a la Iglesia con santas y sublimes enseñanzas. Su resplandor no tiene ocaso, porque procede de Dios, que es la eterna Luz.

Ante cualquier imagen de María Reina todos nos encontramos acogidos. Su acogida alivia y alienta en medio de nuestras dificultades y debilidades. ¡Ojalá que sea esta actitud la que mueva el corazón de los nuevos evangelizadores para atraer a tantos que se sienten faltos de amor, de paz y de justicia! ¡Que la participación en los sacramentos nos lleve a vivir una experiencia de amor a Dios y al prójimo! ¡María es la mejor Maestra! ¡Acudamos a ella con fe, como el hijo a su Madre! ¡Es Reina porque en su vida sólo tuvo un Huésped que fue el Espíritu Santo! ¡Por obra de Él se encarnó el Hijo de Dios en su seno! ¡Y el Padre la acogió como inmaculada para que su Reino de Amor crezca en todos los corazones! ¿Podemos pedir más por esta creatura excepcional que Dios nos ha regalado? ¡Reina y Señora ruega por nosotros! ¡Bien mereces ser coronada Reina por tu Pueblo!

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

 

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).