Primer saludo en la catedral de Mons. Satué, tras su ordenación episcopal en Teruel

Tras su consagración episcopal y toma de posesión de la diócesis de Teruel y Albarracín este sábado 18 de septiembre, Mons. José Antonio Satué ha agradecido en su primer saludo como obispo la “acogida cordial y fraterna” que se ha manifestado desde que se conoció la noticia de su elección.

«Amigas y amigos turolenses, para todos vosotros mi saludo empapado de gratitud especialmente por vuestra oración, para que nuestro Padre Dios me dé fortaleza, sabiduría y amor, para ser el buen pastor que Él desea y vosotros queréis», ha dicho el nuevo obispo de Teruel y Albarracín en la catedral diocesana de Santa María de Mediavilla.

Saludo del obispo de Teruel y Albarracín, Mons. Satué

Quiero que mi primer saludo como Obispo sea de ánimo y cercanía para el sacerdote de nuestra Diócesis que, en estos días, está luchando con todas sus fuerzas contra la Covid 19. Os pido una oración por él, por los enfermos, por sus familias y cuidadores, por los que han muerto a causa de la pandemia y por el personal sanitario, que tanto empeño y profesionalidad viene derrochando, sobre todo durante este largo calvario que venimos sufriendo.

Saludo a esta Iglesia de Teruel y Albarracín, que me viene manifestando, desde que se conoció la noticia de mi elección, una acogida cordial y fraterna. Saludo a todos los que llenáis este templo catedralicio y a cuantos nos acompañáis con la oración en la distancia, a través de los medios de comunicación. GRACIAS POR VUESTRA CERCANÍA, CARIÑO Y APOYO. Saludo a todos los hombres y mujeres de esta Diócesis con los que voy a tener la gracia de trabajar corresponsablemente: los laicos cristianos comprometidos con la misión de la Iglesia, los consagrados, los misioneros, los sacerdotes, el diácono y los seminaristas. De un modo particular, quiero saludar de corazón a quien, durante los meses de sede vacante, ha asumido la delicada tarea de administrar la Diócesis con diligencia, eficacia y humildad. ¡Gracias, Alfonso, porque en estos dos últimos meses has sido, también para mí, padre, amigo, maestro, infatigable trabajador, siempre con una sonrisa!

Saludo también, y os agradezco el arduo trabajo realizado, a quienes habéis preparado esta celebración y a cuantos me habéis ayudado a sentirme miembro de vuestra familia eclesial, con innumerables muestras de cariño. Saludo, con respeto y verdadero afecto, a cuantos tenéis el noble encargo de velar por la vida pública, por la seguridad, el desarrollo y la convivencia en nuestra ciudad y en los pueblos que constituyen el tejido territorial de nuestra Diócesis. Espero que encontréis en mí un colaborador sincero, para promover el bien común de las gentes que viven en esta hermosa tierra, particularmente de los desfavorecidos.

También, rivolgo un saluto speciale a quelli che siete venuti dall’Italia oppure seguite questa celebrazione da questo caro paese. GRAZIE PER LA VOSTRA VICINANZA E AMICIZIA.

Amigas y amigos turolenses, para todos vosotros mi saludo empapado de gratitud especialmente por vuestra oración, para que nuestro Padre Dios me dé fortaleza, sabiduría y amor, para ser el buen pastor que Él desea y vosotros queréis.

Permitidme que ahora manifieste mi gratitud al Santo Padre Francisco, que al elegirme para presidir en la caridad a esta Iglesia de Teruel y Albarracín, me ha hecho sentir –una vez más– la predilección del Señor, que se ha fiado de mí y me ha encomendado la hermosa y arriesgada misión de cuidar de sus hijos en esta tierra. Agradezco también el apoyo recibido de los cardenales Juan José Omella y Beniamino Stella. Mi gratitud a nuestro metropolitano Mons. Carlos Escribano y al representante del Santo Padre en España, Mons. Bernardito Auza, por acompañarme en estos momentos y por facilitar la organización en esta celebración. Gracias de corazón a todos los hermanos Obispos, por vuestra acogida en el colegio de los Sucesores de los Apóstoles. Soy bien consciente de que, para no trabajar en vano, el ministerio episcopal requiere caminar en comunión con el Santo Padre y con los hermanos Obispos: con los que ejercieron este ministerio antes que nosotros y con quienes lo ejercen en la actualidad. Hoy no puedo dejar de mirar al cielo para pedir la intercesión de algunos Obispos que han pastoreado las diócesis aragonesas y de los que tanto he aprendido. No puedo menos de recordar a don Javier Osés, don José María Conget, don Elías Yanes, don Ambrosio Echevarría, don Damián Iguacen, don Antonio Algora y don Alfonso Milián. Que ellos, con su intercesión y ejemplo, guíen el ministerio que hoy se me ha encomendado.

Gracias a todos los que me habéis ayudado a madurar como persona, como cristiano y como sacerdote. Gracias a mis padres, a mi hermano y a mi familia; gracias a los vecinos y amigos de Sesa; gracias a mi querida Diócesis de Huesca: al presbiterio, a las comunidades religiosas contemplativas y de vida apostólica; a las parroquias de San Lorenzo y Santo Domingo y San Martín en Huesca, de Sariñena, de Monegros y del Somontano; a la Acción Católica. Gracias al Seminario de Zaragoza y al CRETA, al Colegio Español en Roma, a la Congregación del Clero, al centro de acogida para menores refugiados y a la parroquia de Santa Rita, de Latina (Italia). Unos me habéis enseñado la ternura de Dios; otros, su fidelidad; algunos me habéis transmitido su amor preferencial por los que más sufren; otros, la belleza de la liturgia y de la Creación; unos habéis subrayado la importancia del trabajo y del compromiso social, otros contagiáis el deseo de amar más a Dios en la intimidad de la oración y en el deseo de profundizar más en la sabiduría divina. Entre todos, damos testimonio de ese Dios, siempre más grande que nuestros pensamientos, palabras y acciones.

Finalmente, doy gracias a Dios por el don de la fe, recibido y acogido en el seno de la Iglesia. A pesar de sus pecados, en la Iglesia encuentro mi sostén, mi fuerza y mi alegría. La Iglesia es mi madre, es madre, porque nos da a Cristo, hace nacer a Cristo en nosotros.

Durante las últimas semanas, este pobre pecador ha estado en el engañoso candelero de la actualidad. Como en el caso del Bautista, conviene que yo mengüe, para que crezca y se manifieste con más fuerza el amor de Cristo en el rostro y en la vida de cada cristiana y de cada cristiano de esta tierra. Os pido que recéis, para que así sea. Gracias porque estoy seguro de que lo haréis.

Buen viaje a los que partís. Buena permanencia a los que vais a seguir disfrutando de esta ciudad y de su provincia. Y un abrazo grande, grande, a quienes os quedáis en esta Diócesis, bien dispuestos para asumir la misión que Jesucristo nos encomienda aquí y ahora.

Con el aliento de santa Emerenciana y de nuestros mártires; caminando todos juntos, los jóvenes y los adultos, los niños y los mayores, tenemos el reto apasionante de vivir y transmitir la alegría de creer en Dios, de acoger y celebrar su amor; la alegría de vivir la fe en fraternidad, en Iglesia; la alegría de practicar la solidaridad y de abrazar la cruz por amor a los que sufren; haciendo nuestros, en cada acción catequética, celebrativa o caritativa-social, los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sobre todo de cuantos sufren (cf. GS 1). ¡Adelante, afrontemos esta misión con confianza! Este Obispo os fallará tarde o temprano, pero Dios nunca defrauda. Sólo Él es nuestra esperanza.

+Mons. José Antonio Satué Huerto

Obispo de Teruel y Albarracín

(Diócesis de Teruel y Albarracín)

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