Carta pastoral del Card. Ricardo Blázquez: La Iglesia celebra la Eucaristía y la Eucaristía hace a la Iglesia

E l primer documento aprobado por el Concilio Vaticano II y promulgado por el Papa Pablo VI fue la constitución sobre la Liturgia, titulado con las primeras palabras en latín “Sacrosanctum Concilium” (4 de diciembre de 1963). Por ser el primer documento conciliar en la introducción enuncia los fines del Vaticano II: “Acrecentar la vida cristiana”, “actualizar las instituciones sometidas a cambio”, “contribuir a la unidad de los cristianos” e “invitar a los hombres a formar parte de la Iglesia”. La constitución sobre la Liturgia fue el comienzo de los documentos conciliares y al mismo tiempo la Liturgia es el principio fundamental en la vida y la misión de la Iglesia. Convergen el comienzo y el principio, documento inicial y documento básico.

Al comenzar el año pastoral, teniendo en cuenta diferentes circunstancias sociales y eclesiales, deseo en esta carta recordar a todos –laicos, presbíteros, diáconos y religiosos- algunos aspectos sobre la Eucaristía expuestos en “Sacrosanctum Concilium”. Especialmente remito a los números 6, 7, 10, 27, 41, 47-58 y 106. Aquí aparece cómo la Eucaristía es el centro y el corazón de la Iglesia. La fórmula del título, acuñada por un maestro excelente en la Iglesia, el padre H. de Lubac, expresa la relación mutua entre Eucaristía e Iglesia. Invito a releer detenidamente esos números de la constitución conciliar y asimilarlos con renovada gratitud, gozo y docilidad. La reforma conciliar merece también hoy toda confianza. Con lo entonces aprobado, promulgado y reformado por mandato del Concilio presidido por el Papa nos sentimos cordialmente identificados. Es un hito básico de la tradición secular y de la unidad católica. Lo entonces enseñado es para nosotros luz que nos ilumina en el itinerario de la Iglesia.

En este contexto me refiero a la limitación que la pandemia ha causado en la participación en la Eucaristía y a una Carta Apostólica del Papa titulada “Traditionis custodes”, hecha pública el día 16 de julio de 2021 y dirigida especialmente a los obispos para que unidos a él custodiemos la tradición genuina de la fe, de los sacramentos y del amor cristiano. La identidad de la fe garantiza la unidad de la Iglesia.

Desde hace año y medio venimos padeciendo la pandemia producida por el Covid-19. Hemos pasado por fases diferentes con mayor o menor virulencia, ha habido diversas olas, repuntes y variantes de coronavirus. De nuevo pedimos a Dios el descanso eterno para los que en condiciones muy dolorosas nos dejaron; también recordamos a cuantos han sido contagiados y han tenido que ser hospitalizados. Agradecemos el cuidado de las autoridades sanitarias que han actuado lo mejor que han sabido y han podido. Es un motivo de esperanza lo alcanzado por las vacunas fruto de los investigadores en los laboratorios; aunque no podemos bajar la guardia ni dejar de ser precavidos para evitar contagios y contagiar, estamos en fase de serenidad y confianza. El peligro ha disminuido, pero no ha desaparecido.

En este contexto de esperanza y de prudencia, utilizando los recursos mandados y siguiendo las instrucciones de las autoridades sanitaria, podemos dar más pasos en la participación de la vida de la Iglesia. Aunque los medios de comunicación nos han prestado un servicio inestimable en el que los movimientos y actividades eclesiales estaban más limitados, ampliando a la familia la Eucaristía celebrada en el templo, juzgamos que ha llegado el momento de participar más presencialmente en la celebración. ¡Vamos a Misa!, podemos invitarnos unos a otros. Con decisión razonable debemos acudir de nuevo a la Eucaristía, en la medida de lo posible. Quizá, en algunos casos, debemos romper una especie de cerco que nos confina y aísla de la participación en la asamblea junto con los demás cristianos. Dar este paso será beneficioso también en otros ámbitos de la comunicación.

El otro motivo de este escrito es la Carta del Papa sobre la forma de celebración de la Eucaristía. Cito a continuación unas líneas: «Me duelen por igual los abusos de una parte y de otra en la celebración de la liturgia. Al igual que Benedicto XVI, deploro que en muchos lugares no se celebraba de una manera fiel a las prescripciones del nuevo Misal (1970), sino que este llegó a entenderse como una autorización e incluso como una obligación a la creatividad. Pero también me entristece el uso instrumental del “Misale Romanum” de 1962, que se caracteriza cada vez más por un rechazo creciente no sólo de la reforma litúrgica, sino del Concilio Vaticamo II, con la afirmación infundada e insostenible de que ha traicionado la tradición de la “verdadera Iglesia”». Son palabras, nacidas de la preocupación y dolor del Papa, ante hechos sobre los que necesitamos reflexionar para corregirlos si hemos caído en ellos. Debemos sentirnos interpelados y llamados a la fidelidad del Concilio, a la Liturgia reformada por el Papa, y a la Eucaristía celebrada con formas renovadas autorizadamente.

Si hubiera en la Diócesis celebraciones de la Eucaristía que presentaran ambigüedades en la segunda perspectiva denunciada y rechazada por el Papa en su Carta quedan excluidas. Yo tengo la impresión de que la reforma litúrgica en España no tuvo las resistencias y rechazos que encontró en otros países. En todo caso la advertencia del Papa nos invita a revisar nuestro comportamiento ante Dios.

Estamos concernidos los sacerdotes en la manera como celebramos. No somos dueños de la Eucaristía sino ministros; no tenemos derecho a imponer nuestra “creatividad” y ocurrencias a los participantes; por otra parte, cuando inventamos, de ordinario lo hacemos inadecuadamente tanto en lo teológico como en lo literario. La Iglesia nos confía este precioso servicio para su edificación y vitalidad. Es verdad que la “creatividad” de otro tiempo se ha atemperado, pero no es raro encontrar presbíteros a los que se les ha parado el reloj en una situación de subjetivismo a veces desmandado. Presidamos la Eucaristía con respeto, sencillez, dignidad, actitud orante e irradiación de la fe.

Queridos amigos, ¡vamos a Misa! ¡Celebremos con fe y con sentido eclesial la Eucaristía!

+ Card. Ricardo Blázquez

Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)