Carta pastoral de Mons. Agustí Cortés: Yo mismo

Seguramente las vacaciones no nos han aportado las “soluciones” de los problemas que afectan a nuestra vida cotidiana. Pero, si se han vivido con cierta profundidad, con el sentido que debemos darles quienes dejamos que Jesucristo ilumine toda nuestra vida, entonces las vacaciones habrán facilitado las disposiciones personales que nos permiten afrontar los problemas con ánimo recuperado.

Una conversación casual con una madre de mediana edad, cultivada e inquieta, me ha hecho revivir todo un conjunto de interrogantes, que creo fundamentales. Estoy convencido de que los comparte mucha gente, que respira aires más o menos “creyentes” o que está abierta a la trascendencia. Esta persona ha realizado últimamente -para ella- el gran descubrimiento de la interioridad, del “yo íntimo”, que busca la relación con “el ser trascendente”. Pero, al mismo tiempo, descubre que ese es el dios que todas las religiones buscan, y con el cual se relacionan según los caminos tradicionales y culturales propios i que cada una considera verdadero. Con la lectura de un determinado autor, para el que todas las religiones son vías igualmente válidas de acceso a lo que llamamos Dios, se ve capaz de respetar i dialogar con todos, sin necesidad de ofrecerles la fe en Jesucristo. Los cristianos seríamos entonces una “tradición más”, una cultura entre otras que busca a ese dios. El diálogo nos permitiría encontrarnos en ese dios sin nombre, cuyas adherencias culturales, las de cada tradición, serían relativas o suprimidas…

Realmente es un don descubrir esa interioridad. Le dije que eso era tan importante como descubrirse a sí mismo y que quienes, de una u otra manera, no lo hacen, viven como “extraños ante sí”, “ignorantes de lo que son”, alienados.

Pero surgen entonces muchos problemas y contradicciones. Una vez hallado ese “yo íntimo y profundo”, ¿qué hacemos? ¿No corremos el riesgo de quedarnos encerrados en una gran soledad o en un egoísmo destructor? Estaba convencida de que hay que salir de uno mismo. Quizá mediante esa búsqueda de la trascendencia. Pero, ¿quién asegura que esa búsqueda no es más que una proyección del propio yo, con lo cual no saldrías de ti, seguirías encerrado en tu soledad? Te encuentras con religiones y prácticas de autoayuda, con técnicas de meditación, etc. No todo parece aceptable. Descartamos, por ejemplo, lo que es contrario a los derechos de la persona o lo que sea discriminatorio. Pero ¿con qué criterios disciernes lo que es válido y lo que no? ¿En qué nos basamos?…

Sin darnos cuenta, vamos buscando lejos lo que tenemos al alcance de la mano, me decía un gran especialista en los místicos Sta. Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Él mismo había recibido esta crítica o reproche de boca de un maestro Zen.

Los cristianos creemos que uno se encuentra a sí mismo, no solo cuando halla su interioridad, sino cuando se encuentra con el otro, un “Otro” absoluto, que nos llama a salir completamente de nuestra soledad, para vincularnos y compartir la vida en el amor.

No existe quien se nos presente de esta manera, llamándonos a vivir en comunión con él con radicalidad y, desde su interioridad (su corazón), nos ofrezca su propio amor total, en humanidad, como lo hace Jesucristo.

En Él nos hallamos, nos movemos y existimos.

 

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.