Carta pastoral de Mons. Enrique Benavent: Sacerdotes y amigos del Señor

La próxima beatificación de cuatro sacerdotes mártires en nuestra catedral tendría que despertar en todos nosotros el deseo de aprender la lección permanente que ellos, tanto en su vida como en su muerte, nos dejaron, y convertir este aprendizaje en acción de gracias al Señor porque estos testimonios de santidad enriquecen a toda la Iglesia.

En la Carta a los Romanos San Pablo manifiesta una convicción que orienta su vida y todo su ministerio apostólico: “Estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados… ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rm 8, 38-39). Dios nos ha manifestado su amor con tanta claridad en su Hijo Jesucristo que el apóstol Pablo vive con la convicción de que la persecución, la espada o la muerte no lo podrán separar de su amor. Los mártires que próximamente serán beatificados fueron auténticos amigos de Dios, que prefirieron perder la vida antes que perder esa amistad. Para ellos ser amigos del Señor era el tesoro más valioso que habían encontrado. Más que la propia vida. Por eso afrontaron la muerte convencidos que el martirio no solo no los separaba del amor de Dios, sino que ocurría precisamente el contrario: por la muerte esa amistad llegaba a su plenitud. No solo no vivieron la muerte como signo de que Dios no los amaba, sino que la aceptaron convencidos de que era entonces cuando esa amistad que habían cultivado a lo largo de toda la vida se realizaba plenamente.

Eran también sacerdotes, miembros de la Hermandad de Sacerdotes Operarios fundada en nuestra diócesis por el Beato Manuel Domingo y Sol. Uno de ellos nacido en nuestra diócesis. Se dedicaban a educar a los jóvenes y acompañarlos en su camino hacia el sacerdocio. Seguramente habían dado muchos consejos y muchas lecciones a los jóvenes que sentían la llamada del Señor al sacerdocio. Pero en el momento del martirio dieron la lección más importante: se dieron ellos mismos. La muerte se convirtió para ellos en el acto sacerdotal más importante, porque se hizo realidad plena lo que habían querido hacer a lo largo de toda su vida. En efecto, quien siente la llamada al ministerio sacerdotal y responde afirmativamente, quiere entregarse totalmente al Señor. La muerte fue su último acto sacerdotal. Y no solo cronológicamente hablando, sino el más importante, el acto que consumaba su sacerdocio llevándolo a su plenitud. El culto que habían celebrado a lo largo de toda su vida, se convirtió en un culto existencial, en ofrenda y donación de sí mismos. No les quitaban la vida, sino que ellos la ofrecieron.

Al mismo tiempo que agradecemos al Señor estos testimonios de ofrenda sacerdotal, le pedimos que el ejemplo de estos hermanos nuestros suscite en los jóvenes un espíritu abierto a su llamada, y que aquellos que la han escuchado sientan el deseo de servirlo con santidad y justicia y de entregarse totalmente por la salvación de todos los hombres.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.