Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Llenos de ilusión comenzamos un nuevo curso pastoral

Después de varios cursos de incertidumbres, en los que hemos estado en un callejón sin salida a nivel pastoral debido a la pandemia que nos recluyó en las casas durante un tiempo que llenó de miedo y precaución a muchos, especialmente a nuestros mayores, que eran en su mayoría los más asiduos a nuestras celebraciones, y dejaron de serlo por miedo a contagios y a contactos con otros; llega el momento de recuperar todo lo que hemos dejado sin hacer durante el tiempo que la pandemia nos lo ha impedido, obligándonos a ajustarnos a unas normas de prevención del contagio del COVID-19.

No estamos aún libres del mismo, pero sí estamos ya más acostumbrados a convivir con él, y nuestras vacunaciones nos hacen más inmunes al mismo, lo que nos permite retomar determinadas actividades y celebraciones que hasta ahora, durante estos dos cursos anteriores, han sido más problemáticas.

Comenzamos un nuevo curso y uno de los aspectos más importantes a cuidar y renovar es nuestra ilusión y nuestro ardor evangelizador.

Sabemos lo mucho que hay que hacer a nivel de evangelización en todos los sectores y en todos los lugares, desde nuestras propias personas y nuestras propias familias, hasta todo ese un gran mundo de alejados de Dios y de la Iglesia, para el cual todo lo que suena a Dios, fe e iglesia, cuando menos, pasa indiferente y cuando más se sitúan en contra.

La pandemia nos ha hecho ver y sentir que somos bien poca cosa, que nuestros proyectos y planes persona­les los destruye un pequeño virus en poco tiempo. Hemos experimentado durante toda la pandemia que si que­remos mantener la esperanza, no po­demos prescindir de Dios, que, si bien no nos va a librar de los sufrimien­tos que conlleva la vida, sí nos va a ayudar a vivirlos llenos de esperan­za, de que no estamos solos, que Él no nos ha olvidado, sino que camina con nosotros y a nuestro lado como con aquellos discípulos de Emaús, aunque a veces nos cueste reconocer­lo por falta de fe. A Dios le interesan nuestras cosas, nuestros problemas y dificultades y nuestras alegrías y go­zos y nos acompaña siempre. No po­demos acercarnos a Dios solo cuando el dolor nos aprieta, hemos de tenerlo presente en todos los momentos de la vida: en los buenos, porque Dios se alegra con noso­tros, pero también en los mo­mentos de dificultad, porque la fe en Él nos va a ayudar a vivirlos con esperanza y confianza de que no estamos solos y abandonados, sino que Él sigue en nuestra vida.

Este curso, la programación diocesana nos va a enfrentar con esa realidad tan importante para todo ser humana: la familia. Nos va ayudar a tomar conciencia de lo importante que es que la familia se encuentre acompañada en todas las etapas por las que atraviesa a lo largo de la vida: niños, jóvenes, novios, matrimonios padres, mayores.

Queremos plantearnos, como diócesis, parroquia y cada una de las familias, cómo podemos acompañar a cada familia y a cada persona que la compone, en la etapa en la que viva, para que realmente sea una etapa de crecimiento en la fe y de preparación para vivir toda esta realidad y hacer posible el cumplimiento de la gran misión que tiene la familia de ayudar a crecer como personas y como cristianos a todos sus miembros.

Para que todos estos objetivos puedan ser realidad y lleguen a cumplirse en nuestras familias, es necesario que las mismas familias se planteen y se ofrezcan a colaborar en este proyecto diocesano y de cada parroquia, porque todos somos necesarios para llevar adelante la evangelización de la familia, tanto de la propia como la de los demás.

Para ello, sacerdotes y familias han de estar dispues­tos a prepararse y conocer la mejor manera de ayudar a la familia en cada una de las etapas por las que pasa, y poder ser agentes de formación para ellas y en las distin­tas etapas de las mismas.

Esto nos pone de manifiesto que necesitamos comen­zar con mucha ilusión, con verdadero entusiasmo la ta­rea que se nos confía y con mucha disponibilidad para colaborar en el empeño.

No basta con que el sacerdote esté dispuesto, es nece­saria la colaboración de las familias para la evangeliza­ción de las mismas, familias que puedan ofrecer a otras familias sus mismos anhelos y entusiasmo de lograr esta evangelización de esta realidad tan importante.

¡Feliz comienzo de este nuevo curso 2021-2022!

 

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.