Mons. Fernando García Cadiñanos ya es obispo de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol

El sacerdote burgalés Fernando García Cadiñanos tomó posesión de la diócesis de Mondoñedo-Ferrol este sábado 4 de septiembre, en una ceremonia en la que también fue ordenado obispo.

La eucaristía, celebrada en la catedral-basílica de Mondoñedo, fue presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, Mons. Julián Barrio, y contó, entre otros obispos, con la asistencia del nuncio apostólico, Mons. Bernardito Auza.

En la homilía pronunciada por el arzobispo compostelano, dio «gracias al Señor por elegir a nuestro hermano Fernando» para ser «sucesor de los apóstoles» en una diócesis que lo acoge «con gratitud».

«Estoy seguro de que su amor a Cristo será la clave para interpretar aquí el ministerio que hoy se le confía con la ordenación episcopal», señaló monseñor Barrio.

Por su parte, el ya obispo mindoniense destacó que su nuevo cargo es de «servicio más que de honor», haciendo referencia a san Agustín, uno de los padres de la Iglesia.

«Hoy el Señor también me invita a ir a la otra orilla, a salir para expropiarme entregándome, a encarnarme en estas tierras gallegas, tierras de periferia geográfica, tierras que saben de emigrar y acoger, de peregrinaje y permanencia», señaló monseñor García Cadiñanos.

El pastor de la diócesis mindoniense invitó a todos los fieles a ser «discípulos misioneros apasionados de Cristo» y agradeció su presencia a todas las autoridades eclesiásticas, civiles y militares presentes en el acto.

Antes de la ceremonia principal, monseñor García Cadiñanos realizó la profesión de fe y el juramento de fidelidad en el santuario de la Santísima Virgen de los Remedios, y acto seguido fue recibido en el Concello de Mondoñedo por el alcalde de la ciudad, Manuel Otero.

Cabe destacar que la ceremonia fue seguida por televisión tanto desde el Centro de Día ‘Gabriel Vázquez Seijas’ de Cáritas Diocesana de Mondoñedo-Ferrol y los nuevos locales de Cáritas Canido, ambos en Ferrol, y desde la Casa de Acogida de Cáritas Burgos, donde muchas familias se reunieron para compartir y celebrar juntos este momento.

 

Homilía en la ordenación episcopal de Mons. García Cadiñanos

Ordenación episcopal y toma de posesión de Fernando García Cadiñanos como obispo de Mondoñedo-Ferrol

Emm. y Rvdmo. Julián Barrio Barrio, arzobispo de Santiago de Compostela

«O episcopado non é unha honra, é unha chamada para servir sen cálculos nin condescendencias cun mesmo, dando testemuño do amor de Deus cos xestos máis sinxelos»

Damos gracias al Señor por elegir a nuestro hermano Fernando para ser sucesor de los apóstoles en esta diócesis de Mondoñedo-Ferrol que le acoge con gratitud. Estoy seguro de que su amor a Cristo será la clave para interpretar aquí el ministerio que hoy se le confía con la ordenación episcopal, conferida según la tradición apostólica, mediante la oración y la imposición de las manos como signo de protección y de total propiedad de Dios que le dice: “Te he llamado por tu nombre, tu eres mío”.

Mi felicitación a ti, a tu familia, y a esta diócesis, con mi saludo cordial a las autoridades que nos acompañan y con fraternal afecto al Sr. Cardenal, al Sr. Nuncio Apostólico, a los Sres. Arzobispos y obispos, al hasta ahora administrador diocesano, al Cabildo, a los sacerdotes, miembros de vida  consagrada, diáconos, seminaristas y fieles diocesanos de esta diócesis y de la archidiócesis de Burgos, y a los radioyentes y televidentes.

Alienta nuestra confianza saber que Dios siempre nos da en gracia aquello que nos pide como misión. Así lo hizo con Salomón concediéndole “un corazón dócil para juzgar a su pueblo, para saber discernir el mal del bien”. Es el tesoro escondido en el campo y perla preciosa que hay que adquirir para que el progreso de los diocesanos sea el gozo eterno de su pastor. El testamento pastoral de Pablo ilumina la realización de nuestro ministerio. Estuvo con la  gente que lo considera familiar y cercano, lo conoce y puede dar testimonio de sus palabras y sus hechos. El apóstol se siente enviado a servir al Señor y de esa manera podrá servir a la comunidad. Lo hace entre lágrimas, con celo apostólico, inteligencia, valentía y perseverancia en medio de las pruebas y dificultades. Su intensidad emotiva fue grande y esto le diferencia del programador inteligente que se queda en lo puro funcional. Se implicó profundamente en lo que hizo, sabedor de que el ministerio es fuente de amarguras y también de gozo. La humildad fue su modo de comportarse sin pretensiones, con atención a los demás, y con un juicio de valor sencillo sobre sí mismo, viviendo la verdad ante Dios y la confianza en el Señor que siempre calma la tempestad pues da órdenes incluso al viento y al agua y le obedecen. Basta tener fe.

El ministerio episcopal es un don de Dios. “En el obispo, a cuyo lado están los presbíteros, se hace presente en medio de los creyentes nuestro Señor Jesucristo, Sumo sacerdote” (LG 21). Su misión debe entenderse no en la mentalidad de la eficiencia y de la eficacia, sino en el don sacramental, que es la base de la dimensión funcional. “Esto exige en el obispo una actitud de servicio caracterizada por la fuerza de ánimo, el espíritu apostólico y un confiado abandono a la acción interior del Espíritu”, estando siempre cercano a todos, desde el más grande al más pequeño” (Pastores gregis, 11), siendo su vida un ofrecimiento continuo a Dios y viviendo el Misterio de la Iglesia hasta poder decir: “Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo” (1Cor 11,1). Llamado a asumir la forma de vida apostólica para el anuncio y la difusión del evangelio, y el cuidado paternal de los fieles, debe mirar a los alejados y ha de “favorecer casi de modo natural la fantasía de la caridad que pondrá de relieve  más que la eficacia de las ayudas  prestadas la capacidad de compartir de manera fraterna”.

Teniendo como referente el ejemplo de los santos pastores, ha de transmitir la fe no desvirtuando la cruz de Cristo, sino ofreciendo la revelación divina, para unos, mensaje de salvación, para otros, piedra de tropiezo y escándalo. En el sucesor de los apóstoles debe prevalecer sobre todo la esperanza. Dice el papa Francisco, solamente podremos ofrecer una aportación significativa en estas circunstancias en la medida en que la inteligencia de la fe se convierta en inteligencia de la realidad, fortaleciendo la esperanza de quienes contemplan a la Iglesia como monte de las Bienaventuranzas y no como una mera sociedad religiosa de hombres o una empresa gremial de culto sino ante todo una comunión de hijos de Dios, engendrados por la caridad paternal del Padre, vinculados filialmente a su Hijo, y conducidos en la comunión del Espíritu. Jesucristo más allá de la estrategia, nos pide la prudencia que es buscar y actuar conforme a la verdad y que exige la razón humilde y disciplinada, que no se deja llevar por prejuicios,  deseos y pasiones, sabedor de que la obra de Jesús alcanza su punto culminante en la cruz.

O episcopado non é unha honra, é unha chamada para servir sen cálculos nin condescendencias cun mesmo, dando testemuño do amor de Deus cos xestos máis sinxelos. Sabemos que “non é posible estar ao servizo dos homes sen ser antes servo de Deus. E non se pode ser servo de Deus se antes non se é home de Deus”. O cáliz do Señor convértese sempre en cáliz de bendición (cf. Is 51, 17-22). A herdanza do bispo ha de ser a santidade.

“Pola gracia de Deus, son o que son e a gracia que me conferiu non foi estéril” (1Cor 15,10). A morte e a resurrección de Cristo é prenda da nosa victoria e fonte da nosa esperanza. Queridos diocesanos de Mondoñedo-Ferrol, coas palabras de san Ignacio de Antioquía, exhórtovos a que poñades empeño en facelo todo na concordia de Deus, baixo a presidencia do bispo, que ten o lugar de Deus. Atendede ao bispo, co fin de que Deus vos atenda a vós. Querido irmán Fernando, tódolos que che acompañamos nesta mañá, che desexamos un ministerio episcopal longo e cheo de froitos. Na comuñón co Papa recibe gozoso o don do ministerio episcopal. Nesta hora coa intercesión de Santa María, nosa nai, de san Rosendo, dos apóstolos e de tódolos santos rezamos por ti para que poidas escoitar un día do Señor da historia as palabras: “Servo fiel e cumpridor, pasa a gozar da festa do teu Señor”. Vivamos a nosa existencia menos expostos ós medos, pois somos discípulos de quen venceu ao mundo. Amén.

Emmo. y Rvdmo. Julián Barrio Barrio
Arzobispo de Santiago de Compostela

 

Alocución de monseñor García Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol

Ordenación episcopal y toma de posesión de Fernando García Cadiñanos como obispo de Mondoñedo-Ferrol

Palabras de agradecimiento pronunciadas en la parte final de la ceremonia

«El Señor me envía para una misión: ser servidor de esta Iglesia milenaria y de hondas raíces, que quiere ser fiel al mandado de Jesús de vivir y permanecer en el amor desde la humildad y sencillez»

No es fácil expresar en breves palabras todo lo que encierra mi corazón en estos momentos y que quieren recoger también lo vivido en los últimos meses. Con los clásicos, hay que afirmar que el episcopado es “honor et onus” (honor y carga), y con san Agustín comparto que este es un título de “servicio más que de honor”.

Quizás el icono que mejor se acomoda y resume mi corazón es la escena del Evangelio que hoy hemos proclamado y que simbólicamente se representa también en una de las partes de mi escudo episcopal: hoy el Señor también me invita a ir a la otra orilla, a salir para expropiarme entregándome, a encarnarme en estas tierras gallegas, tierras de periferia geográfica, tierras que saben de emigrar y acoger, de peregrinaje y permanencia. El Señor me envía para una misión: ser servidor de esta Iglesia milenaria y de hondas raíces, que quiere ser fiel al mandado de Jesús de vivir y permanecer en el amor desde la humildad y sencillez. Vengo con mi fragilidad, como la de Salomón, pero con la fuerza de los que se dejan llevar por el Espíritu, con la certeza de que el Señor acompaña y reviste siempre la fragilidad en su fortaleza.

En esta hora de la Iglesia de Mondoñedo-Ferrol, todos los carismas y ministerios, todos los cristianos y cristianas estamos convocados para llevar la esperanza que surge de la Pascua. Nuestra sociedad, herida y desvinculada, envuelta en las sombras de un mundo cerrado, que vive el drama de la inequidad y de la crisis del compromiso comunitario, teñida por el sufrimiento de la pandemia y de los problemas sociales que ha traído, necesita el encuentro personal con la Buena Noticia del amor del Padre que Jesús nos comunica en su Espíritu. Como nos recordaba el papa Benedicto: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (DCE 1).

La misión, por tanto, en esta nueva etapa evangelizadora, hoy es más apasionante que nunca: se necesitan discípulos misioneros apasionados de Cristo y de cada hombre, apasionados del Evangelio y de nuestra sociedad con la que compartimos gozos y esperanzas. Frente al cansancio que nos puede llegar, frente a la apatía o la desgana, frente a tantas tentaciones que hoy sufre el evangelizador, somos convocados a realizar una experiencia que nos configura y nos renueva. Jesús nos invita a la parresía de la fraternidad que transforma la casa común en espacio habitable para todos desde una ecología integral, y donde se edifica una Iglesia que es familia, escuela, hogar… ¡Qué gozo sentir hoy que el Señor cuenta contigo, qué gozo la pertenencia y la identidad en la Iglesia!

Mi corazón está lleno de fragilidad, miedo, confianza, ilusión… y mucho agradecimiento. Gracias a Dios nuestro Padre que sigue confiando en mí para esta tarea y que ha renovado su llamada a colaborar en la construcción del Reino. Y gracias a las personas a través de las cuales se ha servido ahora y a lo largo de mi vida como instrumentos para hacer realidad esa llamada. Gracias al papa Francisco, que me ha escogido para apacentar esta porción del Pueblo de Dios en Mondoñedo-Ferrol. Ruego, Sr. Nuncio, que le transmita al Santo Padre mi saludo cordial y el de toda esta Iglesia.

Gracias a los que hoy han sido instrumentos privilegiados para transmitir la gracia de la plenitud del orden sacerdotal. Junto al Nuncio, gracias a don Julián, mi arzobispo metropolitano y a don Fidel, con el que he compartido amistad y tantos quehaceres en mi diócesis de Burgos. Gracias a todos los obispos aquí presentes que manifiestan la colegialidad episcopal en el cuidado de todas las Iglesias.

Gracias a mi familia, a mis padres y hermanos, donde di mis primeros pasos en la vida y en la fe y que siempre me han acompañado. Gracias con mayúsculas a toda la Iglesia de Burgos, hoy tan presente en esta celebración con el esfuerzo que supone venir hasta aquí (así veis la belleza de estas tierras, “la diócesis más bella del mundo”, en palabras de mi antecesor). Gracias a los que habéis venido y a los que seguís la celebración por los medios de comunicación: en esa Iglesia burgalesa he trabajado en diferentes lugares y parroquias, en la Facultad y en distintas encomiendas. Allí, en un ejercicio de sinodalidad, me he conformado con vosotros y, gracias a vosotros, como soy. Allí he disfrutado del gozo del sembrador que también recoge la semilla en infinidad de pruebas de afecto y de cariño. Gracias especialmente a Cáritas, donde los últimos años he vivido cada día el Evangelio hecho realidad con los más pobres.

Gracias a todas las autoridades aquí presentes, civiles, militares y miembros de asociaciones, instituciones y entidades diversas, tanto de Galicia como de mi tierra burgalesa: vuestra presencia expresa el empeño de querer colaborar juntos por el bien común y hacer brillar la justicia.

E grazas moi especialmente a esta Igrexa de Mondoñedo-Ferrol que hoxe me recibe como pai, esposo, pastor, amigo e irmán: que imaxes tan cheas de fermosura e significado! Desde o principio fixéstesme sentir moi a gusto. Síntome como na miña casa! Grazas ao padre Luis Ángel, o meu antecesor; grazas a don Antonio Valín, o administrador diocesano, e ao Colexio de Consultores; grazas a todos os sacerdotes, vida consagrada, seminaristas, misioneiros, membros das parroquias, confrarías, movementos, asociacións… Grazas a cantos preparastes esta fermosa celebración. Grazas aos presentes e aos que vos unides polos medios de comunicación. Como nunha orquestra, sentimos hoxe a beleza da diversidade da comunión.

In ómnibus caritas: “En todas las cosas, la caridad”. Que esta fiesta de acogida nos lleve al gozo de la pertenencia y del envío, a llenar nuestra vida y nuestro mundo de la caridad que nace de Dios. Feliz regreso a los que volvéis y feliz convocatoria a la comunión y misión a los que permanecéis. Que la Virgen de los Remedios y san Rosendo nos bendigan. Que a Virxe dos Remedios e san Rosendo nos bendigan.

Mons. Fernando García Cadiñanos
Obispo de Mondoñedo-Ferrol

 

(Diócesis de Mondoñedo-Ferrol)

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