Carta pastoral del Card. Ricardo Blázquez: Feliz Fiesta de Nuetra Señora de San Lorenzo

Saludo cordialmente a todos después de la pausa del verano y de varios días de descanso. Interrumpir el trabajo cotidiano durante algún tiempo es saludable, como nos recomienda el mismo Jesús en el Evangelio: “Venid vosotros a solas a un lugar solitario a descansar un poco” (cf. Mc. 6, 31). Nos alegramos de este tiempo de descanso, y nos hacemos cargo solidariamente de los que no pueden tener unos días de vacaciones. Emprendemos nuevamente las tareas habituales con decisión y ánimo. El descanso rehace de las fatigas y nos dispone a continuar con renovada ilusión.

Para los vallisoletanos existe un motivo muy importante para felicitarnos en estos días. Celebramos la fiesta de Nuestra Señora de San Lorenzo, patrona de nuestra ciudad. En el gozne del descanso estival y del nuevo curso nos acogemos a la intercesión maternal de la Virgen Madre de Dios, siguiendo la tradición de nuestros mayores. Celebrar la Natividad de la Virgen María significa festejar las primicias de nuestra salvación, ya que María “fue para el mundo esperanza y aurora de su vocación”; la Virgen está en los orígenes de Jesús Salvador porque fue su Madre.

Coincide la celebración del nacimiento de María con el comienzo de nuestros trabajos habituales de orden escolar y académico, de orden pastoral, de la sementera, de los proyectos nuevos al comenzar esta etapa. María, que estuvo desde el principio a disposición de Dios, nos alienta en el comienzo de las tareas. ¡Que ella nos acompañe en el nuevo curso que empezamos, despertándonos de nuestro posible sopor, reavivando la esperanza, superando los obstáculos, abriéndonos el camino como le pedimos con las palabras del canto: “Santa María, ven con nosotros al caminar!”. ¡Que la esperanza nos anime con su fuerza y se haga operativa diariamente en nuestro caminar”!.

Desde hace tiempo venimos padeciendo pruebas y riesgos como la pandemia, que cede pero no cesa. Con María, nuestra esperanza, confiamos que se despeje pronto para todos el horizonte del futuro, sin la sombra del virus. Sufrimos también porque no estamos unidos como sociedad para afrontar los desafíos que tenemos planteados de orden laboral, social, económico, cultural, pastoral. La unidad fortalece, la división debilita. Las manifestaciones de la división, la descalificación personal del adversario político, la ausencia del tratamiento solidario de los problemas escamoteando la verdad, la preterición del bien común por intereses particulares, la falta de diálogo auténtico ante los retos inmensos produce en todos desaliento y frustración. En esta situación que produce malestar e inquietud, aduzco unos versos, bellos y acertados, dirigidos a la Virgen nuestra patrona, Madre y esperanza nuestra.

El poeta Juan del Enzina (1468?-1529), llamado “patriarca del teatro español”, ordenado sacerdote y cantor de capilla del papa León X, escribió un poema en forma de oración a la Virgen de donde tomo unos versos que nos invitan a superar las discordias y a vivir en concordia. Estos son los versos que nos ayudan a rezar, nos invitan a pensar y nos mueven a actuar buscando unidos la solución e intercambiando pareceres y proyectos: “¡Oh Madre de Dios y hombre! / ¡Oh concierto de concordia! / Tú que tienes por renombre / Madre de misericordia; / pues para quitar discordia / tanto vales, / da remedio a nuestros males”. Estas estrofas han pasado a himno litúrgico en la reforma postconciliar.

Me permito unas breves consideraciones. Hay tres palabras que en su núcleo remiten al corazón: Concordia, misericordia y discordia. Con los prefijos de estas palabras (con-, miseri- y dis-) se articulan las relaciones entre sí para convertir nuestra penosa situación en motivo de esperanza por la poderosa intercesión de la Virgen expresada con las palabras “tanto vales”. Acudimos a quien es madre y abogada ante Dios. María es “concierto de concordia”, ya que en su seno el Hijo de Dios se ha hecho hombre; María es radicalmente concordia, concierto, reconciliación, hogar donde caben los diferentes y los dispersos. Es “madre de misericordia”, es decir, reúne a la familia; comprende y tiende la mano a los que padecen por la miseria de su vida, por las heridas de sus desvaríos, por las tristezas que oscurecen y amargan su corazón. María es Madre de los miserables, de los pecadores, de los hijos mal avenidos, de los que se encierran en sus egoísmos y se desentienden de los demás. Porque es concierto de concordia y Madre de misericordia con su ayuda podemos superar nuestras discordias. Como su intercesión es poderosa, como “tanto vales, da remedio a nuestros males”. Nuestra Señora de San Lorenzo, aproxima nuestros corazones, haznos pensar con generosidad, crea en nosotros actitudes para trabajar por el bien común, por aquello que está en la base de la paz, de la libertad compartida, del respeto y del amor mutuos.

Si Cristo es nuestra paz (cf. Ef. 2, 14), mostraremos la condición de cristianos siendo pacíficos y pacificadores; como Jesucristo mató el odio en sí mismo, arrancaremos con su Espíritu la enemistad del corazón y seremos agentes de paz y de convivencia fraterna. La paz es la concordia entre las partes disidentes y fomento del trabajo por el bien de todos, por el bien común. Padecemos intranquilidad cuando son desacreditadas y debilitadas.

El bien común es el conjunto de condiciones para la convivencia que exige la responsabilidad de todos y especialmente de los que ejercen el poder político. Requiere el bien común pensar en objetivos comunes, más allá de los intereses particulares de personas y de grupos. La búsqueda leal de consensos y de colaboraciones para garantizar los derechos y deberes de todos es parte del trabajo por el bien común. El respeto de las instituciones, sin debilitarlas ni acomodarlas a intereses egoístas es ingrediente del bien común.

Frente a este trabajo por el bien común, el enfrentamiento continuo entre políticos también en tiempos de pandemia y la polarización que no cesa y encuentra por el contrario palabras, actitudes y campañas “reconstruyendo trincheras del odio que la Transición había superado” (Julio L. Martínez). La llamada a vencer la discordia y a edificar la concordia, que nos dirige Nuestra Señora de San Lorenzo, tiene una incidencia personal, familiar, social y política. La concordia favorece el diálogo público sobre los asuntos que nos conciernen a todos; en cambio atizar la discordia nos es en verdad rentable para nadie.

Reitero, queridos amigos, el saludo al comienzo del curso en todas nuestras actividades y la felicitación por celebrar juntos la fiesta de nuestra Patrona la Virgen de San Lorenzo. Iniciamos con esperanza este nuevo comienzo bajo la mirada de la Madre en su Natividad.

+ Card. Ricardo Blázquez

Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)