Carta pastoral de Mons. Abilio Martínez: Salid a los caminos y peregrinemos juntos

Queridos diocesanos:

En el año 2018 nos propusimos un ambicioso Plan Diocesano de Pastoral con el lema “Salid a los caminos y llenad la vida de…” que debía culminar en 2022. Este Plan nacía del gozo y urgencia de la evangelización (“¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!”, 1 Cor 9,16), así como del apremio a la conversión personal y pastoral que hacía el Papa Francisco a toda la Iglesia en su Exhortación Apostólica “Evangelii gaudium”: “Cada Iglesia particular, porción de la Iglesia católica bajo la guía de su obispo, también está llamada a la conversión misionera. Ella es el sujeto primario de la evangelización… Su alegría de comunicar a Jesucristo se expresa tanto en su preocupación por anunciarlo en otros lugares más necesitados como en una salida constante hacia las periferias de su propio territorio o hacia los nuevos ámbitos socioculturales” (n.30).

En ese momento nadie se esperaba que la terrible pandemia del coronavirus azotara el mundo con tal intensidad dejando tantos muertos y tanta desolación. Aun así, no hemos perdido la esperanza y, como Iglesia que peregrina en la Diócesis de Osma – Soria, hemos acompañado a las personas en la vicisitudes de la vida ofreciendo esperanza, la virtud cristiana que no tiene que nada que ver con el hecho de ignorar la realidad que lleva a vivir como unos ilusos. “La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al reino de los Cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 1817).

Este tiempo que vivimos es una llamada a seguir trasmitiendo la fe yendo a lo esencial: Cristo ha muerto y resucitado para que nosotros tengamos la Vida definitiva. Creo que aún resuenan en muchos de nosotros las palabras del Papa en aquel momento extraordinario de oración por la pandemia que tuvo lugar en el atrio de la basílica del Vaticano el 27 de marzo del pasado año: “¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe? Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti (…) Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás”.

La Conferencia Episcopal Española ha publicado un documento lúcido y valiente titulado “Fieles al envío misionero” en el que se hace una aproximación al contexto actual así como al marco eclesial. Es una descripción de la sociedad española que ha sufrido una mutación tan profunda que debemos hablar más que de “una época de cambio” de “un cambio de época”: trasformación económica, aumento del relativismo, la posverdad, una sociedad desvinculada, intento deliberado de desmontar la cosmovisión cristiana… También la situación eclesial ha cambiado y la misión evangelizadora de la Iglesia se encuentra con las dificultades que provienen de la secularización interna, de la falta de comunión o de audacia misionera: mundanidad, falta de comunión en la manera de vivir la fe, debilidad en el testimonio misionero, falta de confianza en la institución eclesial…

Ante esta realidad compleja nos proponemos, como Iglesia diocesana, seguir saliendo a los caminos y sembrar sin descanso y con ilusión. ¿Acaso se arredran los labradores sorianos por las amenazas que sufren las cosechas año tras año? No, salen y siembran, una vez más, con la esperanza de conseguir el fruto de su trabajo sin escatimar esfuerzos. La Iglesia vive en la permanente y gozosa obediencia al mandato del Señor: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt 28,19-20).

Y todo esto lo vamos a hacer juntos viviendo profundamente la sinodalidad. El Papa Francisco ha convocado un Sínodo para el año 2023: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”. El concepto de sinodalidad encierra una metáfora que describe a la Iglesia como pueblo de Dios en camino. Un pueblo que peregrina hacia el Reino, subrayando la común dignidad de los cristianos, que procede de la gracia bautismal, y su corresponsabilidad en la misión de la Iglesia. Espero que sinodalidad no sea simplemente una palabra talismán que hemos encontrado para seguir haciendo lo mismo sino la condición indispensable para un nuevo impulso misionero que involucre a todo el pueblo de Dios.

Os bendice vuestro Obispo,

 

✠ Abilio Martínez Varea

Obispo de Osma-Soria

Mons. Abilio Martínez Varea
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El obispo electo de Osma-Soria nació en Autol (La Rioja) el 29 de enero de 1964. Ingresó en el seminario diocesano de Logroño, donde estudió Filosofía y Teología entre los años 1982 y 1987. Después se trasladó a Roma, donde obtuvo la licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1989). Fue ordenado sacerdote el 30 de septiembre de 1989. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Su primer destino fue como vicario parroquial de la parroquia de San Barlotomé de Aldeanueva de Ebro (La Rioja) (1989-1994). Entre 1994 y 1996 realizó los cursos de doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca. A su regreso, fue nombrado vicario parroquial de San Pío X de Logroño. Ha desempañado los cargos de delegado de Apostolado Seglar, profesor en el instituto diocesano de Ciencias Religiosas y delegado de Enseñanza. Desde el año 2005 es vicario episcopal de Pastoral y Enseñanza.