Carta pastoral de Mons. Salvador Cristau: ¡Hermanos todos!

Hoy, y durante los  domingos siguientes, iremos reflexionando sobre algunos fragmentos de la carta encíclica Fratelli tutti (Hermanos todos) del papa Francisco sobre la fraternidad y la amistad social. En medio de tantos ruidos, de tantas palabras vacías, de tantas imágenes sin sentido que nos llegan, nos irá bien una lectura tranquila y meditada de estas palabras del Papa Francisco.

En esta carta el Papa empieza proponiendo la figura de San Francisco de Asís que, cuando escribía para dirigirse a todos los hermanos y proponerles una forma de vida con gusto de Evangelio lo hacía con esta expresión: Fratelli tutti, Hermanos todos. De estos consejos el Papa destaca uno, en el que nos invita a un amor que va más allá de las barreras de la geografía y del espacio. Declara feliz a quien ame al otro “tanto a su hermano cuando está lejos de él como cuando está junto a él” (n.1)

 Y sigue diciendo el Papa: Con estas pocas y sencillas palabras expresó lo esencial de una fraternidad abierta, que permite reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite (n. 1) Este santo del amor fraterno, de la sencillez y de la alegría, que me inspiró a escribir la encíclica Laudato si’, vuelve a motivarme per dedicar esta nueva encíclica a la fraternidad y a la amistad social. Porque san francisco, que se sentía hermano del sol, del mar y del viento, se sabía todavía más unido a los que eran de su propia carne. Sembró paz por todas partes y caminó cerca de los pobres, de los abandonados, de los enfermos, de los descartados, de los últimos” (n.2).

Tenemos por tanto como propuesta del papa el testimonio, el ejemplo de San Francisco de Asís, todavía actual después de siglos, porque es el Evangelio y Jesús aquello que quería reproducir en su vida. Y continúa explicándonos:

Hay un episodio de su vida que nos muestra su corazón sin confines, capaz de ir más allá de las distancias de procedencia, nacionalidad, color o religión. Es su visita al Sultán Malik-el-Kamil, en Egipto, que significó para él un gran esfuerzo, debido a su pobreza, a los pocos recursos que tenía, a la distancia y a las diferencias de idioma, cultura y religión. Este viaje, en aquel momento histórico marcado por las cruzadas, mostraba aún más la grandeza del amor tan amplio que quería vivir, deseoso de abrazar a todos. La fidelidad a su Señor era proporcional a su amor a los hermanos y las hermanas. Sin desconocer las dificultades y peligros, san Francisco fue al encuentro del Sultán con la misma actitud que pedía a sus discípulos: que sin negar su identidad, cuando fueran “entre sarracenos y otros infieles […] no promuevan disputas ni controversias, sino que estén sometidos a toda humana criatura por Dios” En aquel contexto era un pedido extraordinario. Nos impresiona que ochocientos años atrás Francisco invitara a evitar toda forma de agresión o contienda y también a vivir un humilde y fraterno “sometimiento”, incluso ante quienes no compartían su fe (3)

 A partir de lo que nos dice el papa Francisco, deberíamos plantearnos algunas preguntas: ¿Tenemos conciencia de que todos somos hermanos? ¿Somos conscientes de que no son solo palabras bonitas decir que somos hermanos, que lo somos realmente? Y más aún, ¿vivimos y nos esforzamos  en ver y tratar a los demás como hermanos?

Estas son preguntas a las que solo cada uno de nosotros puede dar respuesta ante Dios. Os invito, pues a hacerlo.

 

+ Salvador Cristau i Coll

Administrador diocesano de Terrassa.