Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Las vacaciones, tiempo para vivir en familia

Queridos amigos: Comenzamos el mes de agosto. Un mes de vacaciones para la mayoría de los trabajadores que, tras un año de trabajo, han merecido y bien merecido, un mes de vacaciones. Durante el curso, una de las cosas más importantes que se anhelan en las familias es poder disfrutar de la presencia de todos los integrantes de la misma, de tal manera que todos encontráramos tiempo suficiente para dedicar a la familia: los padres a los hijos, los hijos a los padres, los hermanos a los hermanos, y entre el esposo y la esposa. Este deseo no siempre se cumple, porque hoy el trabajo nos complica la existencia, a veces excesivamente los horarios, y en las familias es difícil coincidir, incluso hasta para la hora de comer. Cuando unos llegan, otros marchan, y así vamos notando que cada día necesitamos más poder disfrutar de los demás, de la familia, para encontrar en ellos lo que necesitamos en cada momento y que ellos puedan disfrutar de nosotros y encontrar en nosotros lo que necesitan en cada momento. Las vacaciones son un tiempo especialmente importante para la convivencia de la familia, para poder hablar sin prisas de aquellos aspectos en los que no nos detenemos durante el curso, para poder compartir nuestra vida con aquellos que más queremos, que son los nuestros. Pero esto no viene con las vacaciones como algo inherente a las mismas. Tenemos que proponérnoslo e intentar convertir este tiempo de vacaciones en un tiempo especialmente importante para compartirlo con quienes formamos la familia y así poder vivir en ella lo que, durante el curso y el tiempo de trabajo, echamos tanto de menos. Querer hacer familia y disfrutar de ella no es algo inherente y espontaneo con las vacaciones, porque a nada que nos descuidemos, el tiempo de vacaciones se convierte en un tiempo de disfrute, pero cada uno, no con los suyos, sino haciendo cada uno su vida, al margen de la familia. Por eso hemos de cuidar y plantearnos aprovechar este mes que estemos de vacaciones para disfrutar de la compañía de nuestra familia, para conocerlos más por dentro: lo que piensan los otros que con nosotros la forman, lo que sienten, las dificultades que tienen, en que necesitan nuestra ayuda. Para ello, hemos de cuidar que el tiempo de vacaciones sea realmente un tiempo bien aprovechado por todos y cada uno de la familia, para hacer familia, para crear unidad, para estrechar lazos de amor y de cariño, para compartir nuestras ilusiones y proyectos y para prestar nuestra colaboración, nuestro cariño y nuestro apoyo a quien más lo necesita. Desde aquí, invito a todos a hacer este esfuerzo de convertir las vacaciones bien merecidas por nuestro trabajo, en un tiempo de cultivo del verdadero espíritu que debe reinar en cada familia, y hacerlo con tiempo, con dedicación, con colaboración de todos los miembros, de tal forma que nuestras familias se conviertan para todos sus miembros en el apoyo que necesitamos cada uno en cada momento, para hacer de ellas el lugar privilegiado en el que todos nos sentimos a gusto, porque son para todos, cauce de comprensión, de cariño, de ayuda en las dificultades y con quien podemos contar en todo momento. Porque, cuando los demás nos fallan, la familia va a estar ahí para apoyarnos, ayudarnos y querernos por encima de todas pobrezas y defectos o fallos humanos. No olvidemos algo muy importante que han dicho tantas personas que admiran la familia y su tan importante tarea en la vida de sus miembros: «La familia que reza unida, permanece unida». Dios forma parte y debe formar parte viva de la familia, con quien contemos en cada una de nuestras familias cristianas. Él camina con nosotros en silencio, llamando una y otra vez a las puertas de nuestras familias, esperando que le abramos la puerta, porque quiere formar parte importante de las mismas. Abramos la puerta de nuestras familias al Señor, que quiere cuidar de nosotros desde dentro y no solo desde fuera, quiere ser parte de todas nuestras familias para ayudarnos a superar las dificultades, mimarnos y darnos cuanto necesitemos para que podamos cuidar nuestro amor a todos y cada uno de sus miembros y para que le tengamos cercano y podamos acudir a Él en busca de ayuda. Aprovechemos estas vacaciones para hacer de la familia algo realmente importante, porque así lo es, para todos los miembros de la misma, y en todos los sentidos: como elemento humano, de cariño, de generosidad, de amor y de fe.

 

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.