Carta pastoral de Mons. Francisco Cerro: Don Marcelo, en clave sinodal

Al cumplir 40 años de sacerdote, el 12 de julio del 1981, junto a mis compañeros, hemos dado gracias a Dios, por la persona, la vida de pastor y el gran servicio a la Iglesia de don Marcelo; una vida que, por ser profética, cada vez se acrecienta y se valora mas. Es una vida de pastor, tan llena de riqueza doctrinal y de buen hacer, que no es fácil abarcar todas sus facetas.

Ha sido el último arzobispo de Toledo en convocar un sínodo diocesano, conforme a la trayectoria de sinodalidad como siempre la entendió, valoró y realizó. En él la Iglesia encontró una sensibilidad y resonancia que hablan de un pastor con los sentimientos del Corazón de Cristo. ¿Cuáles han sido los subrayados de su perfil episcopal, en clave sinodal, que le llevó a convocar un sínodo preciso y precioso?

  1. Escucha, Israel. Fue la escucha del Señor la que le llevó a escuchar a todo el pueblo de Dios, con sus gozos y esperanzas. Sabía que sintonizar en un momento de cambio y de dificultades generalizadas, le llevaba a tomar decisiones desde el amor a la verdad y el bien pastoral, que desarrollaba en clave sinodal de hacer camino juntos. Nunca se dejaba llevar por las primeras impresiones. Me consta que en todos los temas discernía con la escucha de la Palabra de Dios a la luz del Magisterio de la Iglesia y siempre en comunión con Pedro. La escucha de todo el pueblo de Dios, sacerdotes, vida consagrada y laicos, le llevó a decisiones valientes y arriesgadas, pero siempre desde el amor a la verdad para servir con alegría a los que el Señor había puesto en el camino.
  2. Sembrar comunión en la Iglesia. Vivió aquello que tanto proclamaba san Agustín: en lo esencial, comunión sin fisuras, en lo que no es esencial, pluralidad y respeto; y en todo y siempre caridad. Cuando la caridad falta hasta se resiente una verdad que puede vencer, pero no convencer. En su magisterio, don Marcelo convenció por la coherencia y la profunda humildad de quién se siente que lleva el tesoro en vasijas de barro. Los que tuvimos como una de las gracias mvs grandes de nuestra vida sabemos de sus escuchas y diálogos, de su profunda humildad para rectificar si era necesario y para ser valiente cuando se trataba de proclamar la verdad del evangelio sin ambigüedades. Fue siempre defensor de las cuatro notas de identidad de la santa Madre Iglesia: su unidad, su santidad, su catolicidad y su apostolicidad. Su sinodalidad le llevó a impulsar un camino de unidad con la alegría con que inunda el Señor al servidor bueno y fiel.
  3. Los pobres son evangelizados. No dudó en que el Evangelio solo lo acogen los que se abren como pobres necesitados del amor de Dios y del amor a los hermanos. Su caminar juntos implicó a mucha gente para evangelizar a los pobres. No se calló cuando tenía que alzar la voz en un mundo sin entrañas de misericordia con los sufrientes. Acogió en su corazón, que como el de Jesús se estremecía ante tantos que estaban en todas las pobrezas y vivían como ovejas sin pastor. Estoy convencido que la razón para formar sacerdotes según su Corazón fue que  le dolía en el corazón la falta de pastores en las parroquias, en el mundo rural, en las periferias geográficas y existenciales en que viven tantos hombres y mujeres que agonizan de tristeza y soledad. Me consta que cuando convocó el 25 sínodo diocesano en un contexto como el nuestro de crisis generalizada: social, política, sanitaria… Quería implicar a toda la archidiócesis a caminar juntos, dando respuestas en la común vocación de bautizados y cada uno desde su vocación y misión a los retos de un mundo sin Dios, que no sabe dónde ir y que se pierde. Sabía don Marcelo, lo había experimentado, que se puede construir un mundo sin Dios, lo gravísimo es que se vuelve inhumano y se autodestruye. Nuestro mundo necesita a Dios. En Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, se encuentra la respuesta a un mundo sin vida y sin esperanza. En su eclesialidad plantea una sinodalidad profunda desde una fe viva, una esperanza en la acción del Espíritu Santo y una caridad ardiente, que entrega la vida para evangelizar con los sentimientos del Corazón de Jesús.

Gracias, don Marcelo, por construir desde una Iglesia sinodal, fiel y fecunda.

✠ Francisco Cerro Chaves

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.