Carta pastoral de Mons. César Franco: El dolor de la ignorancia

Cada vez me sorprende más la ignorancia religiosa que asola a las nuevas generaciones. Cuando voy a confirmar o visito alguna parroquia he dejado de preguntar a los jóvenes —como solía hacer antes— porque me temo lo peor: que no sepan o que respondan con un disparate. En realidad, la formación humanista en sentido amplio del término ha sufrido un deterioro lamentable. Lo hacía notar Doris Lessing, premio Nobel de Literatura y Príncipe de Asturias de las Letras. En su discurso al recibir este premio hizo notar que la formación humanista estaba desapareciendo y se refería concretamente al estudio de las lenguas clásicas —latín y griego— y de la Biblia.

La ignorancia religiosa y humanista implica otras ignorancias que hacen del hombre un ser desamparado. Acabar con la fe y la metafísica es aniquilar cualquier anhelo de trascendencia. Incluso grandes intelectuales sin fe han confesado el drama de esta carencia. No es extraño, por tanto, que Jesús, según el evangelio de hoy, se compadecía de la gente porque andaba como ovejas sin pastor y les enseñaba muchas cosas. No creo que Jesús perdiera el tiempo en asuntos triviales. Su doctrina encandilaba y suscitaba adhesiones incondicionales entre los diversos estratos sociales. Se habla de los pobres y sencillos que seguían a Jesús, pero se olvida que tenía alta reputación y discípulos entre las clases altas y cultas de la sociedad. Entraba en debates con los doctores judíos y su sabiduría dejaba sin respuesta a quienes buscaban sorprenderle en un renuncio, una herejía o, más aún, en una blasfemia.

Hoy hay gente que lleva a gala no ser creyente ni entender de religión. Están en su derecho. Se afilian, sin embargo, a «creencias» de todo tipo y dogmatizan sobre Dios —¡si no existe!— y sobre el hombre como si fueran nuevos profetas, maestros de sabiduría y artesanos de una nueva sociedad que pretenden imponer para liberar a los hombres de los prejuicios religiosos que les alienan y subyugan. Siempre ha habido y habrá detractores de lo divino para deificar lo banal, lo efímero y aberrante. Es clásica la postura de quien niega a Dios para afirmar la nada; de quien niega al hombre para venerarse a sí mismo. El intento de arrebatar a Dios su gloria para revestirse de ella es tan viejo como la humanidad.

La compasión de Jesús enseñando muchas cosas domina el evangelio. Lo abras al azar o intencionadamente encuentras limpia y fluyente el agua viva de su verdad. Sus palabras y gestos, sus silencios y emociones delatan la compasión por el hombre. De ahí que se llame pastor, título que Dios se da a sí mismo, cuando contempla a su pueblo descarriado, o conducido por pastores que dispersan, confunden o aniquilan su rebaño. En el salmo 22, que empieza con las palabras «el Señor es mi pastor», el salmista desborda de alegría porque no le falta nada y, aunque pase por cañadas oscuras, nada teme porque la vara y el cayado del pastor le sosiegan. Le acompaña siempre, le prepara una mesa frente a sus enemigos y le unge con perfume la cabeza. Vive con la certeza de su bondad y misericordia todos los días de su vida y sabe que habitará en la casa del Señor por años sin término.

Estoy convencido de que la gente que se apiñaba en torno a Jesús y no le permitía incluso descansar cuando se retiraba con los suyos a un lugar tranquilo para descansar, reconocía en él lo que dice este hermoso salmo. Y aprendían cosas, recibían sabiduría, comprendían el sentido de su vida y, sobre todo, se sentían amados por alguien que terminaría dando la vida por ellos en la cruz donde se consumaba la verdad que había enseñado a lo largo de su vida. Por ello duele tanto la ignorancia religiosa que anida en el corazón de las nuevas generaciones.

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

 

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).