Proyectos agroecológicos de Manos Unidas en América Latina

Comunidad María Parado de Bellido en Perú (Fotografía de Ana Castaneda)

En América Latina, la lucha de Manos Unidas contra la pobreza y el hambre está basada en el fomento de prácticas agroecológicas sostenibles e iniciativas en defensa de la soberanía alimentaria de las comunidades, tal y como demandan nuestros socios locales en el continente.

Estos conceptos nacen como respuesta a un modelo de agricultura que en décadas pasadas dio el poder a las grandes compañías y primó la producción intensiva, la deforestación y el monocultivo, lo que provocó el empobrecimiento de los suelos y el daño al medioambiente como consecuencia del uso de masivo de fertilizantes sintéticos y plaguicidas químicos, la manipulación genética y el uso abusivo del agua y la energía.

La agroecología, estrechamente ligada al concepto de la soberanía alimentaria, nace como una alternativa que considera de forma integral las dimensiones ambiental, social, económica y política. En la dimensión ambiental, propone una integración entre los ecosistemas agrícolas y los alimentarios, optimiza la biodiversidad, elimina la dependencia de productos externos, caros y contaminantes –sustituyéndolos por otros reciclables–, prioriza la producción de semillas nativas y se adapta mejor al cambio climático.

En Santa Ana, en El Salvador, 11 comunidades practican la agroecología para producir alimentos de una forma más sostenible, limpia, barata y sana, lo que garantiza una mejora en su calidad de vida. Apoyadas por Cáritas de Santa Ana y Manos Unidas, han puesto en marcha programas de agroecología que incluyen el manejo de ganado, grupos de auto ahorro, bancos de semillas y árboles frutales, además de acciones de incidencia en las instituciones locales.

Todos los años celebran la Feria de Semillas Criollas donde comparten experiencias y refuerzan los lazos comunitarios (Candelaria de la Frontera).

La dimensión social se sustenta en la cultura local, con dietas saludables y diversificadas, y promueve la solidaridad y el fortalecimiento de las estructuras sociales, sin olvidar la igualdad de género y la promoción de la mujer.

La economía social y solidaria estaría en el corazón de la dimensión económica, con un comercio local fuerte que conecte a los productores con los mercados locales y que proporcione medios de vida dignos a las familias campesinas.

Finalmente, la dimensión política de la agroecología implica que el centro de poder de los sistemas alimentarios pase de las grandes corporaciones a los pequeños productores, poniendo bajo su control la propiedad de la tierra, las semillas y el agua, entre otros recursos, con una gobernanza local que garantice la soberanía alimentaria. De esta manera se respeta el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias sostenibles de producción, distribución y consumo de alimentos.

Con estas premisas, Manos Unidas ha apoyado, en los tres últimos años, 195 proyectos en América Latina por un importe de 22.503.000 €. Más allá de los proyectos concretos, se trata de una estrategia de largo plazo que busca el desarrollo integral de las comunidades, en colaboración con socios locales experimentados y conocedores de la realidad cultural, social y política de las regiones donde trabajamos.

 

¿Cómo trabaja Manos Unidas la agroecología?

-Apoyando la reforestación y la mejora de los suelos.

-Fomentando el acceso al agua, el almacenamiento y la instalación de sistemas de riego.

-Fortaleciendo el acceso a semillas nativas, cría de animales y piscicultura.

-Dotando a las comunidades de equipamiento y maquinaria.

-Promoviendo los mercados locales, las ferias agroecológicas y los encuentros entre comunidades campesinas.

-Aportando formación y acompañamiento técnico.

(Juan de Amunátegui, Manos Unidas)

 

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