Ordenación de tres nuevos diáconos en la diócesis de Ciudad Real

El pasado 3 de julio se celebró en la catedral de Ciudad Real la ordenación de diáconos de los seminaristas Pablo Cornejo, Abel Fuentes y Francisco José García-Casarrubios.

Mons. Gerardo Melgar, obispo de Ciudad Real, presidió la celebración, concelebrada por la mayor parte del presbiterio de la diócesis. Familiares y amigos acompañaron a los ordenandos en el templo, que se llenó para la ocasión. Además, la Coral Diocesana estuvo a cargo de los cantos.

Después de la proclamación del evangelio de san Juan, en el que Jesús reconoce que «nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos», tuvo lugar el diálogo entre el rector del Seminario, Manuel Pérez Tendero, y el obispo, según la fórmula litúrgica. El rector pidió al obispo la ordenación de Pablo, Abel y Francisco José, respondiendo a Mons. Gerardo Melgar sobre la dignidad de los elegidos: «Según el parecer de quienes los presentan, después de consultar al pueblo cristiano, doy testimonio de que han sido considerados dignos».

«Hoy es un día importante para toda la diócesis», comenzó la homilía el obispo, «sentimos vuestra misma alegría y vuestra acción de gracias al Señor. Hoy hay mucha gente que está pidiendo por vosotros para que el Señor os conceda la disponibilidad y la generosidad que pide una vida de servicio y al servicio de Él y de El pasado 3 de julio don Gerardo Melgar ordenó como diáconos a Pablo Cornejo Martínez, Abel Fuentes Pintado y Francisco José García-Casarrubios Poveda. En los próximos meses van a ser ordenados sacerdotes. los demás», agradeció el obispo diocesano. En nombre de toda la Diócesis dio gracias «por el cúmulo de gracia que Dios ha depositado en vosotros para haceros sentir su llamada y, para que después de un sincero y profundo discernimiento, contando siempre con la ayuda de Dios, le hayáis respondido positivamente».

Continuó explicando la vida de los tres jóvenes como una «una historia de amor de Dios con nosotros y por nosotros», con pequeñas y numerosas respuestas a Dios a lo largo de una vida de discernimiento.

Asimismo, destacó que el sacramento del orden es «don y misión, es regalo y encargo. Para vosotros, que por medio de la imposición de manos del obispo y de la oración consecratoria, os capacitará para ser servidores del Evangelio y de los hermanos, siguiendo las huellas y el modelo que encontraréis siempre en Cristo, que no vino a ser servido sino a servir».

La gracia del diaconado los convierte en servidores de Dios y de los hermanos: «Desde este momento, vuestra vida consistirá en eso, en ser servidores. Desde ahora vuestra vida será una vida de pleno servicio a Cristo y, desde Cristo, a los hermanos». Este servicio a Dios, explicó, se hace desde el ejemplo del «perfecto servidor», el mismo Cristo, que «hizo del servicio al Padre y a los hermanos la razón de su vida y de su entrega hasta la muerte».

Continuó explicando que los frutos dependen del Señor «que camina a vuestro lado, incluso va delante iluminando vuestro camino con su luz para que veamos las piedras del camino, las dificultades, y no tropecemos en ellas. La obra no es nuestra, es del Señor». Por eso, la respuesta de todo consagrado al Señor en las distintas vocaciones debe ser «desde la alegría, desde la entrega, la ilusión, el ardor pastoral porque si Él, el Señor, está con nosotros, nada ni nadie puede apartarnos del camino emprendido ni de la misión que Él nos ha confiado».

Al concluir la homilía, el obispo preguntó a los ordenandos sobre su disposición al servicio generoso al pueblo de Dios y a la entrega total, en cuerpo y alma, de toda su vida. Además de prometer el celibato y obediencia al obispo actual y a sus sucesores, toda la iglesia reunida rezó pidiendo que el Espíritu Santo derramara su bendición sobre los tres jóvenes.

Con la imposición de manos de Mons. Gerardo Melgar y con la oración que acompaña este gesto sacramental, Pablo, Abel y Francisco José quedaron ordenados como diáconos al servicio de la Iglesia en Ciudad Real. El último momento de la liturgia sacramental fue la entrega del Evangelio. Este gesto se hace porque, en la asamblea litúrgica, un servicio propio de los diáconos es la proclamación del Evangelio.

La celebración continuó con la liturgia eucarística, en la que ya ayudaron los nuevos diáconos.

Se trató de un día de acción de gracias a Dios por la entrega generosa de la vida. Además, fue una fecha de alegría para sus familias y amigos. En definitiva, una jornada de emoción, de gratitud y de generosidad.

(Diócesis de Ciudad Real)

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