El Museo Diocesano de Barcelona acoge la exposición ‘Chagall. Los estados del alma’

El mediodía del jueves 15 de julio se ha inaugurado en el Museo Diocesano de Barcelona la exposición Chagall. Los estados del alma, que enfatiza el diálogo intercultural entre las dos religiones monoteístas que conforman los cimientos de la cultura occidental contemporánea, la religión judía y la religión cristiana, a través del artista que más conoce las vicisitudes del siglo XX y que mejor personaliza la voluntad de paz y de diálogo interreligioso con su obra.

El mensaje espiritual subyace desde sus inicios en toda la obra de Marc Chagall (Vitebsk, actual Bielorrusia, 1887- Saint-Paul de Vence, Francia, 1985). El artista, de vida centenaria, conoce en primera persona los horrores de las dos guerras mundiales y la persecución y exterminio por motivos religiosos. Chagall comprende que a través del arte puede y debe transmitir el mensaje de paz entre las naciones y entre las religiones, así como el amor universal entre los hombres y su acercamiento a Dios.

Chagall, artista judío, independiente a nivel artístico, se mueve libremente entre las diferentes religiones. A partir de los años 50 recibe numerosos encargos para la decoración y las vidrieras de diversos templos y lugares de culto, tanto católicos, como protestantes y judíos.

Una parte muy relevante de su producción está dedicada a la representación de temas bíblicos, con los que trabaja en vitrales para importantes edificios religiosos como la Catedral de Reims y la Catedral de Metz, en Francia, o iglesias como la de San Esteban en Mainz, en Alemania, cuyos trabajos finalizó sólo un mes antes de su muerte acaecida a los 97 años.

“Chagall los estados del alma”

El mensaje que desea transmitir Chagall en su creación está presente en la Catedral de Barcelona y en el Museo Diocesano a través de un conjunto de 39 obras conformadas en dos ejes temáticos: la serie más femenina que produce Chagall en torno a la Biblia, donde la mujer es la protagonista, y “Los siete pecados capitales”, una de las primeras series de grabados de Chagall creados en 1926.

Esta selección de obras de Chagall establece un diálogo con obras góticas que alberga el Museo Diocesano y la Sala Capitular de la Catedral.

Las pasiones humanas exacerbadas de los pecados capitales (caput, cabeza) origen de otros pecados, son narradas aquí con ironía por Chagall. Junto a ellos, mujeres que aman y son amadas, mujeres fuertes y valientes, astutas y audaces, amigas leales, se muestran junto a la representación más tradicional de las mujeres como madres.

Chagall se interesa en la representación de diversas formas de amor a través de diferentes relatos sobre Rut, Ester, Agar, Rahab, Sara, Raquel, Noemí, Mical, Thamar, además de Eva, vinculada al pecado capital de la soberbia.

En el Museo Diocesano la Mare de Deu de l’Humilitat, obra anónima del siglo XV que forma parte de la rica colección de arte gótico del Museo Diocesano, se sitúa como contraposición a la soberbia, pecado capital que lleva al hombre a su enfrentamiento con Dios desde su misma creación en el Génesis. Mientras la Mare de Deu, escultura en alabastro del siglo XIV dialoga con otras maternidades.

La Sala Capitular de la Catedral ofrece 5 obras pertenecientes a la serie de los Pecados Capitales en diálogo con el acervo artístico de la Catedral, entre ellas el Frontispicio en el que Chagall se representa a sí mismo soportando el cúmulo de pecados.

La metáfora de la pintura narrativa de Chagall actualiza toda una serie de valores femeninos universales en base a relatos de tradición milenaria. Aquí ellas son las protagonistas y los personajes masculinos que las acompañas aparecen en un plano secundario. Sólo un hombre es protagonista y le dedica dos obras, Job, a quien tanto admira Chagall y con quien se identifica, como representación de la fe en Dios a pesar de las enormes dificultades de la vida ubicado junto a la obra San Juan Bautista retablo de Bernat Martorell de 1425.

“A pesar de las dificultades por las que pasa nuestro mundo, nunca perdí en mi interior el amor en el que fui educado, ni la esperanza del hombre en el amor”

Chagall: Los siete pecados capitales y Dibujos para la Biblia

El amor como motor, así como las pasiones que llevan al ser humano a actuar en una u otra dirección, son dos ejes claves que articulan el discurso expositivo.

Por una parte tales pasiones exacerbadas son las protagonistas de una de las primeras series de grabados. Motivado por el mensaje que le envió su amigo el poeta Blaise Cendrars a Berlín, comunicándole el deseo del famoso editor y marchante Vollard de conocerle, Chagall regresa a París en 1923 y realiza varias series por encargo suyo junto a otras, como esta de 1926, “Los siete pecados capitales” de tirada muy limitada.

Satisfecho con el resultado, Vollard le encarga en 1930 una serie de grabados sobre la Biblia, cuya realización se ve frenada por la crisis económica de los años 30 y por la muerte del propio Vollard en 1939. Los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial hacen que finalice la serie y sea publicada por el editor griego-francés Tèriade ya en 1956.

Chagall da por finalizada esa serie en 1956 pero aún no ha tratado todos los libros de la Biblia ni todos los temas que le interesan. Hasta ahora se había consagrado a representar a los Patriarcas, Reyes y Profetas de la historia del pueblo judío. Pero, como buen conocedor del rico y muy diverso universo femenino de la Biblia, a finales de los años 50 desea dar a conocer la relevancia de los personajes femeninos dentro de la propia tradición judeocristiana.

Así, para concluir su creación definitiva sobre la Biblia decide crear una serie sobre la Biblia que la complementase en una serie conocida como “Dessins pour la Bible” en torno a la cual gira este discurso expositivo. En esta serie de 24 litografías se percibe la voluntad de Chagall de mostrar una total omnipresencia de algunas de las más destacadas mujeres del Antiguo Testamento, y será publicada en 1960 con la voluntad de que alcance a un público mayoritario.

Playlist

La exposición ofrece una Playlist a través de la plataforma Spotify que permite acercarse a Chagall a través de la música, prolongando así la exposición. La selección de piezas musicales no es cerrada y se estructura en tres ejes: música tradicional judía, aquellas composiciones en las que el artista trabajó en su escenografía y las de los compositores que admiraba, como plasmó el plafón de la Ópera de París.

Un libro común a ambas religiones

Los libros que conforman este compendio de textos milenarios considerados de inspiración divina, la conocida como Tanaj, está dividida en tres partes diferenciadas: la Torah (Ley), los Nevi’im (Profetas) y los Ketouvim (Escritos), libros que no coinciden en su totalidad con los libros que componen el Antiguo Testamento de la religión Católica, ni tampoco con los de la Protestante.

“Desde mi temprana juventud, la Biblia me ha cautivado. La Biblia me parecía – y me sigue pareciendo aún hoy – la fuente poética más rica de todos los tiempos. Desde entonces he buscado su imagen en la vida y en el arte. La Biblia es como un eco de la naturaleza, y yo he intentado trasmitir ese secreto. […] En mi imaginación, estos cuadros simbolizan no sólo el sueño de un único pueblo, sino también el de la humanidad”.

Chagall artista

Inmerso en el período de las vanguardias y admirado por los pintores y por poetas como sus amigos Apollinaire o Max Jacob, Chagall crea un lenguaje plástico propio con el que aborda el hecho espiritual de un modo profundo.

La tradición jasídica, una rama del judaísmo que emerge en Bielorrusia durante el s. XVIII, promueve el retorno a la espiritualidad, un judaísmo basado en la alegría de vivir y con un mensaje de esperanza que Chagall sabe transmitir en sus obras.

Las tradiciones populares rusas están muy presentes en su creación, así como la influencia de los iconos rusos y del arte popular ruso llamado lubok. Pero también los bestiarios medievales europeos. De esta manera, en su obra Chagall se siente libre de someterse a la tiranía de la perspectiva y del tiempo, llegando a superponer temas para ofrecer una visión simultánea de las narraciones, en otras ocasiones una visión seccionada, o incluso una narración cuya representación está invertida, mostrándose de derecha a izquierda, como en la escritura hebraica.

Influenciado por el fauvismo y por Matisse, el empleo del color es uno de los elementos clave de su trabajo. Conocido como el pintor del color, y también como el pintor poeta, Picasso decía sobre ello: “Después de la muerte de Matisse, Chagall es el único artista que ha entendido realmente la esencia del color (…) Desde Renoir, no ha habido ningún pintor que supiera tratar la luz con tanto sentimiento como Chagall”.

Colores y formas llenan sus obras de “metáforas vivas” intencionadas que actualizan esa realidad que trata de mostrar. Por su parte el artista afirmaba: “Como en la paleta del pintor sólo hay un color que da sentido a la vida y al arte: el color del amor».

Chagall el pintor del color

En Los siete pecados capitales el artista trabaja sobre metal para crear sus aguafuertes. Ahora en los “Dibujos para la Biblia”, realizados por Mourlot en los años 50, el artista tiene una gran libertad y riqueza de recursos expresivos. Chagall pone a su disposición el carboncillo, el lápiz, lápices de colores, gouache, acuarela y pastel en diversas combinaciones jugando con distintos efectos para crear las litografías con colores vivos, vibrantes, en muchos casos. La influencia del fauvismo y de Matisse se perciben su obra, donde las palabras de sus narraciones, personales o bíblicas se transforman en color y los colores de las obras que nos ofrece se transforman en palabras de una narración propia, una poesía propia a través de la pintura. También influyen en él los colores que emplean otros artistas rusos como Robert y Sonia Delaunay.

Chagall crea atmósferas a base de dos realidades abstractas: el tiempo y los sentimientos. En su obra se entremezclan realidad y ficción, recuerdos y sueños. Chagall es un creador de símbolos nuevos a través de una expresión lúdica, inocente, para que el hombre conserve parte de la memoria colectiva milenaria y se abra con estos símbolos a una nueva realidad, fuera de la cotidiana, y se cree a sí mismo nuevos horizontes donde tenga cabida el amor, la ternura entre hombre y mujer, y las ganas de vivir y de disfrutar de la parte lúdica de la vida.

(Archidiócesis de Barcelona)

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