Carta pastoral de Mons. Demetrio Fernández: Venid a descansar un poco

Fin de curso, fin de ciclo, altas temperaturas, necesitamos un descanso

Es tiempo de vacaciones. El evangelio de este domingo sintoniza con esta necesidad y escuchamos de Jesús estas palabras: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”. El tiempo de vacaciones que todos acogemos con deseo, debe ser también un tiempo bien aprovechado, pues las vacaciones no consisten en no hacer nada. Se trata más bien de relajar el ritmo, las prisas, el estrés con el fin de cultivar los grandes valores del alma, que necesita su alimento para devolvernos el equilibrio de toda la persona.

El ritmo trabajo/descanso viene ya establecido por Dios mismo en el origen del mundo. Dios hizo simbólicamente la creación en seis días, y el séptimo día descansó. Ahí tenemos una enseñanza fundamental para nuestro trabajo y nuestras actividades. Con facilidad nos embalamos, nos aceleramos, nos zambullimos en la actividad. O porque nos gusta y nos crea adicción, o porque necesitamos ganar más dinero, o porque tiran de nosotros los demás en la urgencia del trabajo terminado, o porque se junta lo uno y lo otro y llega un momento en que no sabemos parar.

El descanso que Dios se tomó al concluir la creación nos está enseñando a todos que no estamos hecho sólo para trabajar, para actuar, para no parar. Estamos hechos para que nuestra persona crezca armónicamente, y aprendamos a tomar distancia del trabajo para atender otras dimensiones de la vida. En aquellas páginas del Génesis, Dios descansó para enseñarnos que tanto el trabajo como el descanso tienen un sentido religioso, es decir, nos vincula con Dios. El trabajo, porque nos hace colaboradores de Dios, prolongando su obra con nuestras manos, con nuestra inteligencia, con nuestro trabajo incluso corporal. El descanso, porque nos ayuda a reconocer la obra de Dios, a no embebernos u obsesionarnos con las obras de nuestras manos y a reponer nuestras fuerzas para continuar en la tarea.

Bendito sea el tiempo de vacaciones. Ya no sólo el descanso semanal, que Dios introdujo en el comienzo de la creación, sino el descanso vacacional, más largo y con más posibilidades. Jesucristo nos invita a tomarnos ese descanso con él. Muchas personas aprovechan sus vacaciones para abrirse a un trato más amplio con Dios, que sabemos que nos ama, y al que no dejamos espacio suficiente en nuestras vidas. Las vacaciones son ocasión para más oración, para más reflexión, para revisar la misión encomendada por Dios y el cumplimiento por nuestra parte.

Las vacaciones son tiempo para compartir más tiempo con la familia, que es el ámbito natural en el que se desenvuelve la vida. No debiera ser tiempo para intensificar los conflictos, sino todo lo contrario, para poner cada cosa en su sitio y remediar las posibles tensiones que se generan con el ritmo trepidante del trabajo. Estar más tiempo juntos, disfrutar de la compañía de aquellos a quienes queremos, visitar a las personas que no hemos podido atender tanto en el pasado año, y sobre todo en este momento de pandemia. La familia es un ámbito a potenciar durante el tiempo de vacaciones.

Para muchos jóvenes las vacaciones son tiempo de nuevas experiencias de crecimiento. O completar estudios en lugares distantes, o una experiencia misionera con un grupo de amigos para sensibilizarse de las necesidades en los países pobres, o adentrarse en disfrutar de la naturaleza, respetándola y compartiendo sus bellezas. El tiempo de vacaciones es tiempo de respirar hondo y de poner el alma y el cuerpo en sintonía con la creación que Dios nos ha dado.

Os deseo a todos unas felices vacaciones. Y tengo muy presentes a los que no podrán disfrutarlas por diversas razones. O porque no tienen trabajo, o porque la salud está quebrantada, o porque los problemas son acuciantes. A todos nos dice Jesús este domingo: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco”. Sea cual sea nuestra situación, que él sea siempre nuestro descanso.

Recibid mi afecto y mi bendición:

 

+ Demetrio Fernández,

Obispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
Acerca de Mons. Demetrio Fernández 411 Articles
Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.