José Juan Vizcaíno, una persona normal y corriente ahora sacerdote de la diócesis de Albacete

El sábado 10 de julio a las 11.00, en la catedral de Albacete, el obispo diocesano Mons. Ángel Fernández ordenaba al diácono José Juan Vizcaíno nuevo presbítero, a quien le gustaría aportar testimonio y santidad a la Iglesia ahora desde su nuevo ministerio para ser referencia en una sociedad que necesita el testimonio valiente de cristianos convencidos.

José Juan, el sábado eras ordenado sacerdote, ¿qué emociones has sentido en estos días previos?

Muchísimas, la verdad. Han sido unos días previos muy intensos de preparativos, pero también de emociones. Por fin llegaba el día tan largamente ansiado. Lo que estaba en el horizonte ya casi lo tocaba con los dedos. Y ayer, por fin, se hizo realidad. El momento de la unción de las manos con el santo crisma fue muy emotivo para mí.

Han sido días también de muchos nervios, por la grandeza del ministerio y también porque es un paso muy importante y decisivo en mi vida. Por eso al ir dando los pasos previos, como la colocación de la bandera blanca en la torre de la iglesia de Montealegre, pues me emocioné mucho.

¿Qué te ha pedido el Obispo en estos días?

Pues que disfrute mucho del momento, que me prepare bien para recibir ese gran regalo de la ordenación y, sobre todo, que sea un sacerdote santo. Siempre he sentido su cercanía y cariño, pero estos días más. Es un auténtico padre y pastor. Y ahora nos une el vínculo sacramental de la ordenación y ¡hasta la fecha! Él también fue ordenado sacerdote un 10 de julio. Para mí es un detalle muy bonito y emotivo que haya elegido el obispo ordenarme el día de su aniversario.

¿Qué significa a día de hoy ser cura?

Pues lo mismo que siempre. Eso no ha cambiado. Pueden cambiar las formas, pero no el contenido. Sigue significando presencia de Dios en medio del pueblo, de un Dios personal que nos quiere a todos y cada uno de nosotros y que por medio de los ministros ordenados nos predica el evangelio y nos auxilia con los sacramentos.

En este momento de la historia, como joven, ¿qué quieres aportar a la Iglesia, a la sociedad desde tu ministerio recién estrenado?

Me gustaría aportar testimonio y santidad, dos cosas muy relacionadas en el seguimiento del Señor y que van muy unidas. Esta sociedad que cada vez se aleja más de Dios y se abandona en manos de ídolos vacíos y destructivos creo que necesita el testimonio valiente de cristianos convencidos y que apuestan por la santidad, por seguir al Señor hasta las últimas consecuencias vitales. Sinceramente me gustaría aportar eso. ¡Cuento con vuestra oración para que así sea!

Hagamos un poco de memoria, ¿cómo surgió la llamada a ser sacerdote?

La verdad es que surgió al modo de Dios. Un día normal y corriente en medio de las actividades cotidianas. Tendría 6 ó 7 años, salía de catequesis y mi abuela me llevó a misa después de merendar. Al ver salir al sacerdote de la sacristía para celebrar la misa el Señor suscitó el deseo de seguirle en el sacerdocio. Esa voz tímida se fue haciendo cada vez más fuerte. Y hasta el día de hoy y por toda la eternidad.

¿Quiénes han sido tus referentes en el proceso vocacional?

Pues he tenido, y sigo teniendo muchos. Los distintos sacerdotes de mi pueblo, especialmente Paco Amorós y Paco Prados, quienes me ayudaron con su ejemplo a que esta llamada creciera, el primero fue el sacerdote que vi salir de la sacristía, y el segundo es el sacerdote que me acompañó al seminario. Pero también tengo otros muchos más, como Vicente Contreras, Fernando Zapata, ambos en La Roda y que me han ayudado y enseñado mucho.

Podría seguir nombrando muchos más, pero sería eterna la lista y las razones. Estoy muy orgulloso de todos mis amigos sacerdotes. Todos son un ejemplo para mí de fidelidad y constancia en el servicio a Dios y a las almas.

Tu etapa de diaconado la has llevado a cabo en La Roda, ¿cómo lo has vivido?, ¿qué te ha aportado?

Pues la he vivido con mucha ilusión. Cada día era distinto, pero tenían en común la ilusión y las ganas por acercar a la gente a Dios, por ser instrumentos de encuentro y no de escándalo.

Me ha aportado muchas cosas esta etapa. He aprendido mucho de Fernando, de Vicente, de Benito, Pilar… y tantas y tantas personas que con su ejemplo de vida cristiana y buen hacer me han dado lecciones que atesoraré en el corazón por muchos años.

Una palabra a los jóvenes. Tanto a los que están cerca de la Iglesia, como a los que la ven algo del pasado

La única palabra que podemos ofrecer es “Jesucristo”. Todo lo que no sea de Dios es mera palabrería vacía y que nada tiene que decirle al corazón del hombre.

A Dios le importamos todos y cada uno de nosotros y todo lo humano le importa. Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, por eso la única palabra que podemos ofrecer es la suya. Fuimos creados por Él y para Él, por eso tenemos siempre sed de Dios. Cuando no lo encontramos, o no queremos encontrarlo, el corazón busca sucedáneos que solo calman y llenan momentáneamente. En Jesús está la plenitud. En el misterio del Verbo encarnado, Jesús, se entiende el misterio del hombre. Tenemos que mirarnos en el espejo de Jesús si queremos ser felices de verdad.

¿Quién es José Juan? ¿qué música escucha?, ¿qué aficiones tiene?…

Pues la verdad es que soy una persona normal y corriente. No me considero extraordinario. Me gusta escuchar música litúrgica, en especial gregoriano, me gusta el pop español (tengo que confesar que en los viajes Cadena Dial me acompaña siempre) … Me gusta leer cosas de historia, disfrutar de los amigos, pasear… Vamos, nada fuera de lo normal. Aunque parezca mentira, los cristianos somos personas normales y corrientes. Hay gente que piensa que solo estamos rezando las 24 horas del día, y es verdad, pero porque lo que hacemos en cada momento lo hacemos desde el Señor y poniéndolo en el centro, con lo que se convierte en oración y ofrenda a Él.

(Diócesis de Albacete)

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