Carta pastoral de Mons. Agustí Cortés: El resplandor de lo humano I

No nos cansaremos de insistir en que nuestra fe, la fe en Jesucristo, constituye una apuesta clara por el ser humano, su vida y su dignidad. Y lo hacemos respondiendo a esa crítica que, desde el siglo XVIII, se está haciendo a la Iglesia, tachándola de oscurantista, represora de todo lo humano, negadora de la felicidad y del goce de la vida. Hoy conviene afirmarlo una vez más, en el contexto de las vacaciones, que suelen ser invitación a disfrutar en libertad, de la posible salida de la crisis epidémica y habiendo escuchado la postura de la Iglesia frente a la ley de la eutanasia. No se trata de oponer una fuerza o entrar en discusión, sino de afirmar claramente, desde nuestra fe, las posibilidades y la vocación a la felicidad de la persona humana.

¿Qué aporta nuestra fe a las posibilidades creadoras humanas, por ejemplo, a la belleza del arte humano, al pensamiento, a la ética, a la alegría y el disfrute humano?

El pasado 25 de marzo, Solemnidad de la Anunciación del Señor, el Papa hizo pública una Carta Apostólica, que casi ha pasado desapercibida: Candor Lucis Aeternae. La ocasión de esta Carta es el 700 aniversario de la muerte del gran poeta Dante Alighieri. Su argumento responde a algo que viene afirmándose desde los primeros siglos de la Iglesia, que fue centro de la Constitución del Vaticano II Gaudium et Spes y que, precisamente a propósito del poeta florentino, han subrayado los últimos papas, desde León XIII a Benedicto XVI. Es decir, que Dante dejó que la fe transformara y elevara su genio poético hasta construir un canto, una Comedia, que, siendo una obra maestra humana, denominamos “divina”. En ella, el ingenio humano resplandece con la luz “eterna” de la fe.

El Papa Pablo VI, con toda intención afirmaba que, siendo una obra de arte, el Poema es una fuente de riquezas espirituales al alcance de todos:

“Es universal, en su gran amplitud abraza cielo y tierra, eternidad y tiempo, los misterios de Dios y las vicisitudes humanas, la doctrina sagrada y la extraída de la luz de la razón, los datos de la experiencia personal y los recuerdos de la historia… Es el poema de la mejora social en la conquista de una libertad que es rescate de la esclavitud del mal, y que nos conduce a encontrar y a amar a Dios… Profesando un humanismo, en el que todos los valores humanos (intelectuales, morales, afectivos, culturales, civiles) son reconocidos, exaltados; de forma que este reconocimiento y honra se produce mientras él se sumerge en lo divino”

¿De quién es la Divina Comedia? Atendiendo a la intención del autor podría considerarse que es de la institución religiosa de la que él mismo se sentía miembro activo. Atendiendo a la obra en sí, sin duda es de la humanidad.

Tomando un café frente a la puerta de una catedral, rica en obras de arte, dialogaba con un joven arquitecto, que, a lo visto, había descubierto nuevas ideas sobre el sentido del arte. El arte, todo arte, decía él, debía ser considerado como “bien del pueblo”, patrimonio de la sociedad, que debía ser gestionado (apropiado) por el poder público. Ciertamente, como obra de arte, que la humanidad ha producido, pertenece a la humanidad. Pero si la obra de arte pierde su sentido, el sentido que el autor le dio, pierde su esencia.

La Iglesia y la humanidad son cosas distintas, pero la Iglesia no se entiende fuera de la humanidad; lo que es de ella, incluido todo el arte y la belleza que nace en ella por inspiración del Espíritu, lo comparte con la humanidad. Más aún, quiere servir a la humanidad, dando a las obras humanas el brillo y el resplandor de la luz de Dios.

 

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.