Carta pastoral de Mons. Joan Planellas: Buscar el diálogo

Estimados y estimadas, en nuestra sociedad resulta importantísimo el diálogo para construir una civilización fundamentada en las virtudes de la tolerancia y la inclusión. Conviene fortalecer la verdadera democracia como arte de discutir y razonar, de manera que no caigamos en fundamentalismos o autoritarismos que atacan el precioso tesoro de la libertad humana.

El diálogo, sin embargo, no es nada fácil. Demasiado a menudo las opiniones y mentalidades altamente divergentes, y a veces contrapuestas, dificultan el entendimiento y, finalmente, se traducen en fatiga o enfrentamiento entre las diferentes partes. Incluso a veces, el conflicto va más allá de las ideas y se instala en el campo de las personas, realidad dolorosa que engendra divisiones profundas, a menudo y lamentablemente generadoras de guerras o injusticias de todo tipo.

Y es que la trampa de toda sociedad y de todo individuo es buscar un pseudodiálogo que nos ahorre los compromisos auténticamente humanos. Además, la creencia actual bastante extendida de que cada uno puede pensar lo que quiera, sin ningún tipo de valor absoluto al que tender, dificulta más la situación, porque uno puede salir del intento de entendimiento de la misma manera como ha llegado, convencido de que su juicio sigue siendo el único y el mejor que puede creer. Parecería, pues, que es necesaria una educación para el diálogo.

La primera premisa para un diálogo auténtico es ser honrados y sinceros en la búsqueda de la Verdad en mayúsculas, del bien común y de la belleza que salva al mundo. Por eso el diálogo siempre va más allá de una mera mesa de negociación. En este punto, podríamos tratar de aprender de los clásicos. En la Grecia socrática el diálogo fue fundamental para el nacimiento de la filosofía. A pesar de los puntos de vista inicialmente diferentes que pudieran existir, lo interesante de este ejercicio era el interés de todos los individuos en una misma cuestión y la conciencia de que para ello había que saber escucharse los unos a los otros. El diálogo auténtico, pues, pide madurez humana y psicológica, y mucha disciplina. Dejarse llevar solamente por el temperamento o las primeras sensaciones deforma las cosas y bloquea el diálogo. En cambio, cada una de las partes debe llegar al diálogo con una reflexión seria y serena de la realidad. Es importante estar seguro del propio pensamiento o creencia y saber dar razón. Pero, paradójicamente, es imprescindible practicar la humildad y el respeto. En efecto, antes de entrar en la vía del diálogo es esencial tomar conciencia de la propia ignorancia y estar dispuestos a poner en crisis los propios pensamientos. Sólo así podremos aceptar con armonía los de los demás. No se trata de conseguir que todo el mundo piense como yo, sino de entender los puntos de vista del otro. Como afirma Jordi Armadans, «podemos discrepar con las ideas de alguien, pero podemos empatizar con su sufrimiento o con su emoción».

«El mundo no necesita palabras vacías» —afirma el papa Francisco—, «sino testigos convencidos, artesanos de la paz abiertos al diálogo sin exclusión ni manipulación. No se puede alcanzar realmente la paz a menos que haya un diálogo convencido de hombres y mujeres que busquen la verdad más allá de las ideologías y de las opiniones diferentes» (Mensaje de la Paz, 2019). El diálogo, pues, debería ser siempre un signo de la necesidad que el ser humano tiene de sus congéneres para la construcción del mundo nuevo que todos deseamos.

Vuestro,

† Joan Planellas i Barnosell
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado

Acerca de Mons. Joan Planellas i Barnosell 75 Articles
Nació en Gerona el 7 de noviembre de 1955. En 1975 ingresó en el Seminario Mayor de Gerona, donde realizó los estudios filosófico teológicos. Realizó la licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, residiendo en el Colegio Español de Roma. Fue ordenado diácono en Verges (Gerona), el 26 de abril de 1981, y sacerdote en Bañolas (Gerona), el 28 de marzo de 1982. Fue coadjutor en la parroquia de Santa María dels Turers de Bañolass y más tarde de la parroquia de San Martín en Palafrugell, en la diócesis de Girona. Entre 1985 y 1988, fue profesor de Teología en el Seminario de Gerona y de 1988 a 1998 director de Instituto de Teología de Gerona que, en 1996, se convierte en Instituto Superior de Ciencias Religiosas. Desde 1988 hasta la actualidad imparte las asignaturas de Sacramento del Orden, Eclesiología y Teología Fundamental. Entre 2002 y 2004 realizó la tesis doctoral en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, comenzando ese año su actividad docente en la Facultad de Teología de Cataluña. Desde 2012 es profesor ordinario de esta Facultad. Entre 2010 y 2015 fue vicedecano de la Facultad, pasando a ser decano en septiembre de 2015, ya integrada en el Ateneo Universitario Sant Paciá. En su actividad pastoral, ha sido coadjutor de la parroquia de San Narco de Gerona (1988-1991), administrador parroquial de Grions, Gaserans y Massanes (1990-1991), párroco de Navata, Lladó, Cabanellas, Espinavesssa, Taravaus, Vilademires, San Martín Sesserres (1991-1996), rector del Seminario Conciliar de Gerona (1996-2002) y párroco de San Miguel de Fluviá, San Mori y Vilamacolum (1997-2019). Desde 2008 es canónigo de la catedral de Gerona, y en la actualidad es también párroco del santuario de la Font Santa, Jafre, Garrigoles, Colomés, Foixá, Rupiá, La Sala, La Tallada y Maranyá. Es miembro del Consejo Presbiteral de la diócesis de Girona y con ocasión del Año Jubilar de la Misericordia el Santo Padre lo nombró misionero de la Misericordia. OTROS DATOS DE INTERÉS El 4 de mayo de 2019 se hace público su nombramiento como arzobispo de Tarragona. Recibe la ordenación episcopal el 8 de junio de 2019.