Carta pastoral de Mons. Demetrio Fernández: Mandato misionero

La Iglesia existe para evangelizar, ha recibido de su Fundador este mandato: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio”. Jesús es el evangelio vivo de Dios para los hombres. En él, Dios nos lo ha dicho todo y nos lo ha dado todo. Sobre todo, nos dice constantemente que nos ama, que nos perdona, que nos hace hijos suyos y nos promete la herencia del cielo, nos hace hermanos de todos los hombres y nos envía a ser solidarios de todos, especialmente de los que sufren

En el evangelio de este domingo, Jesús envía los Doce “de dos en dos”, para hacerles entender que en la misión recibida de él no somos francotiradores ni personajes que trabajan en solitario. La misión siempre es comunitaria para darnos a todos el sentido de Iglesia. Ni por iniciativa propia ni en solitario, sino enviados y en comunidad. La referencia a la comunidad es un rasgo esencial del perfil de evangelizador. Vale para todos los estados de vida: para sacerdotes, para laicos, para consagrados. De dos en dos significa esa referencia continua al mandato misionero, eclesial y comunitario.

Son enviados con poder sobre los espíritus inmundos. Nunca la misión ha sido algo manejable ni a nuestro alcance. Siempre es algo que nos supera y nos desborda, porque nuestra lucha no es contra los poderes de este mundo, sino contra los espíritus del mal, que son más poderosos que nosotros. Esos espíritus inmundos se camuflan en tantas otras dificultades con las que nos encontramos, llámese presión social, complot mediático, deficiencias personales, fracasos experimentados, rechazo frontal del mundo. Jesucristo que envía, envía con poder, dándonos su Espíritu Santo. “No hemos recibido un espíritu de siervos para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos por el que clamamos: Padre!” (Rm 8,15).

Es decir, Jesús nos ha armado con el Espíritu Santo que nos hace hijos, y por tanto, no hemos de ir con miedo, como si no pudiéramos con la misión encomendada. Ciertamente, la misión nos supera, pero el que nos envía es omnipotente y nos irá dando lo que necesitemos en cada momento. No hemos de ir a la misión encomendada con el alma achicada, con pusilanimidad, sino con el alma engrandecida, aun manteniendo la humildad de quien se sabe incapaz, pero capacitado por el Señor.

Por eso, se les pide a los enviados que vayan en pobreza y desprendimiento. Les pide que no lleven “ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja”. Ni siquiera túnica de repuesto. La misión es próspera y produce fruto allí donde el evangelizador y la misma Iglesia se presentan en pobreza y desprendimiento de todo. Porque parte esencial del Evangelio es ese desprendimiento por el que se manifiesta que esta fuerza es de Dios, y no de los medios con los que contamos. Lo vemos continuamente.

La Iglesia crece allí donde se presenta joven, fresca, dinámica, desprendida, sin recursos propios, sensible ante los pobres. Es lo que le ha prometido su Maestro. Por el contrario, la Iglesia aparece decrépita allí donde su mochila pesa más que sus fuerzas. El evangelio de este domingo es una llamada urgente para aligerar el equipaje. No estamos en la Iglesia para convertirla en un museo, cuyo mantenimiento nos cuesta la misma vida. Es lo que el Papa Francisco llama la autoconservación y autorreferencialidad, en la que tantas veces caemos. Si mantenemos lo que hemos recibido de nuestros antepasados es para evangelizar, y lo que no sirva para eso, habremos de despojarnos de ello, porque nos impediría cumplir la misión encomendada, nos impide evangelizar.

El evangelizador se convierte así en portador de paz. No de una paz que da el mundo, sino de la paz que viene de Dios. Esa paz se ofrece, y la reciba libremente el que quiera. Y de no recibirla, sacudamos el polvo de los pies, y a seguir evangelizando con otras personas. El éxito está garantizado, aunque no sepamos cuándo ni donde.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández,

Obispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
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Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.