Carta pastoral de Mons. José María Yanguas: Caminando juntos III

Queridos diocesanos:

En mis dos últimas colaboraciones en este periódico he insistido en una verdad de nuestra fe que confiesa que la Iglesia es Una, formada por gentes de todos los tiempos y de todas las naciones. Una Iglesia que se halla en estados y estadios distintos: la que peregrina en la tierra, la que se purifica en el Purgatorio y la que goza de Dios en la gloria. Sus miembros tienen la misma dignidad, obedecen a la misma ley y cumplen una misma misión.

He insistido igualmente en que la Iglesia “una” no es una realidad amorfa, sino una “comunidad sacerdotal orgánicamente estructurada” (LG 11), pues todos y cada uno de sus fieles poseen la dignidad del sacerdocio común. La Iglesia es el Pueblo de Dios en marcha que camina unido hacia la patria definitiva mientras trata de edificar el reino de Dios en este mundo y ofrece a los hombres los medios de salvación. La Iglesia es una realidad de comunión, concepto que expresa el núcleo más íntimo del misterio de la Iglesia. Comunión con Dios y con los demás hombres, constituida por estrechos vínculos de fe y de gracia que nos llegan a través de los sacramentos, así como por los diversos ministerios instituidos por Cristo en su Iglesia “para apacentar el Pueblo d Dios y acrecentarlo siempre” (LG, 18).

La Iglesia comprendida como comunión nos hace entender mejor que ella es poseedora de los dones que Dios le ha regalado. Todos ellos pertenecen a la Iglesia “una”, aunque no todos sus miembros los poseen individualmente. Como ya he dicho en otras colaboraciones y repito ahora, en la Iglesia hay carismas y ministerios muy diversos dados por Dios en orden a la salvación de todos los hombres. Todos forman parte de la riqueza de los medios de salvación de los que es depositaria y poseedora la Iglesia; todos son del todo, la Iglesia, aunque no todos sean de cada uno de los que forman el todo.

Comprender y vivir la Iglesia como comunión, en su variedad y unidad profunda, permite entender mejor cómo vive y actúa como un único sujeto, aunque sus actuaciones sean variadísimas, como lo son también sus miembros. La Iglesia camina unida en este mundo, y camina como es, como realidad única y compleja al mismo tiempo. Por eso, afirma, por ejemplo, el Concilio que “la totalidad  (…) no puede equivocarse cuando cree (…), cuando desde los Obispos hasta los últimos fieles laicos presta su consentimiento universal en las cosas de fe y de costumbres” (LG 12). El Concilio afirma que es toda la Iglesia la que es infalible “en las cosas de fe y de costumbres”, y al mismo tiempo precisa, con palabras de San Agustín, que dicha totalidad está constituida por los Obispos y por todos los fieles laicos; una unidad-totalidad “estructurada jerárquicamente”. Sólo teniendo presente esta característica esencial de la Iglesia realiza su misión de modo sinodal en todos los niveles y ámbitos: la misión es de todos; todos somos responsables de la tarea recibida; todos debemos empeñarnos en ella…, cada uno en el lugar en que Dios le ha puesto, viviendo a fondo la llamada personal recibida.

Nuestra diócesis está empeñada en estos momentos en un proceso de renovación que alcanza a todos por igual, laicos, religiosos y sacerdotes. Todos nos hemos puesto a la escucha de lo que Dios nos pide en estos momentos; todos nos estamos examinando acerca de la Iglesia que somos y de la Iglesia que queremos ser; entre todos estamos buscando los caminos más adecuados para llegar a ser la Iglesia que el Señor Jesús ha querido como instrumento de salvación para los hombres. En esta Iglesia particular de Cuenca que quiere caminar unida y en comunión con la Iglesia, una y universal, todos somos importantes y aun necesarios para discernir la voluntad de Dios sobre nosotros y para descubrir las vías para una auténtica renovación. En la medida en que reforcemos la comunión con la Iglesia universal, la de todos los tiempos y lugares, y con su centro vital y visible que es el Papa, crecerá nuestra unidad interna y contribuiremos mayormente a que la “misión” se realice. Esa fue la oración de Jesús en la última Cena: “Que todos sean uno, en Nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado” (Jn 17, 21).

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).