Tres seminaristas de la diócesis de Cartagena serán ordenados diáconos este sábado

Francisco Armando, Pedro y Pablo son los jóvenes del Seminario Redemptoris Mater en la diócesis de Cartagena que recibirán el ministerio diaconal.

Después de que el pasado domingo la Iglesia diocesana de Cartagena acogiera con gran alegría a los seis nuevos sacerdotes, este sábado contará con tres nuevos diáconos. Una celebración que tendrá lugar en la iglesia parroquial de San Benito de Murcia, a las 11:00 horas, presidida por el obispo diocesano, Mons. José Manuel Lorca Planes. El aforo estará limitado, por lo que solo se podrá acceder previa invitación.

Francisco Armando de Jesús Mercedes Pichardo, Pedro Fernández López y Pablo Martínez García son los tres jóvenes que recibirán el primer grado del Orden Sacerdotal. Los admitidos, con edades comprendidas entre los 25 y los 28 años, proceden de República Dominicana, Murcia y Alicante, respectivamente. Todos han realizado su formación en el Seminario Diocesano Internacional y Misionero Redemptoris Mater de Murcia, desarrollando su etapa misional en ciudades de Israel, Haití e Italia, según el carisma propio del seminario.

«La verdad es que es una gracia que el Señor me regale este servicio para la Iglesia, tanto para los que están dentro como para los que están fuera», declara Pablo Martínez. Por otro lado, la impaciencia es la característica destacada por Pedro Fernández, quien afirma: «¡Quiero que llegue ya! He tenido muchos momentos de mi vida donde no deseaba ser sacerdote, y ahora que el Señor me lo ha regalado, estoy muy impaciente y muy contento». Por su parte, Francisco Mercedes asentía estar «nervioso» al mirarse a sí mismo, circunstancia que asevera solucionar de la siguiente manera: «En el momento en el que dejo de mirarme a mí mismo y veo al otro, veo a Cristo, me doy cuenta que es Él el que hace esta obra y todo se pasa».

El ministerio diaconal

En virtud del sacramento recibido, se imprime un carácter espiritual indeleble, que marca al diácono de modo permanente y propio como ministro de Cristo. En consecuencia, el diácono ya no es un laico ni puede volver a convertirse en él. Estas características esenciales de su vocación eclesial deben informar su disposición a entregarse a la Iglesia y reflejarse en sus actitudes externas. La Iglesia espera del diácono un testimonio fiel de la condición ministerial.

Los diáconos son ordenados para el ejercicio de un ministerio propio, que no es el sacerdotal, puesto que a ellos se les imponen las manos para realizar un servicio y no para ejercer el sacerdocio. A ellos les corresponden determinadas funciones, cuyos contenidos ha delineado bien el Magisterio: asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios, sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma; asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo; proclamar el Evangelio y predicar; presidir las exequias; y entregarse a los diversos servicios de la caridad.

Ciertamente, las costumbres nos han hecho determinar la vocación diaconal tan solo al tiempo de tránsito hacia el sacerdocio, pero la Iglesia reconoce también la posibilidad de conferir este primer grado del Orden de forma permanente, de manera que podrían aspirar a él los hombres de edad madura, ya unidos en matrimonio, pero que, una vez ordenados, no podrían tener acceso a un segundo matrimonio en caso de viudez. De una forma u otra, los diáconos son una gracia y un don para la Iglesia, de los que la Diócesis de Cartagena se verá beneficiada este sábado.

(Diócesis de Cartagena)

Agencia SIC
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