Papa Francisco: «Más grave que esta crisis es sólo la posibilidad de desperdiciarla»

El papa Francisco recibió en audiencia el 28 de junio a una representación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla encabezada por el Metropolita Emmanuel de Calcedonia, en la víspera de la Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo. «El Covid es un flagelo, pero también una lección de humildad para vivir sanos en un mundo enfermo». El Papa advirtió sobre como el gran deseo de volver a la normalidad puede enmascarar la insensata pretensión de volver a confiar en falsas seguridades.

«Queridos hermanos, ¿acaso no ha llegado la hora, con la ayuda del Espíritu, de dar un nuevo impulso a nuestro camino para abatir viejos prejuicios y superar definitivamente rivalidades dañinas?». Bajo el impulso de la dramática crisis provocada por el Covid, «un flagelo» pero también un «banco de prueba» que exige una «selección» entre lo que hay que seguir haciendo y lo que no hay que hacer en el futuro, el papa Francisco sitúa a sus hermanos ortodoxos en una encrucijada sobre la cuestión de la «plena comunión”.

Dos caminos o vías

Hay «dos caminos», dijo el Papa en su discurso a una representación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, encabezada por el Metropolita de Calcedonia, Emmanuel, a quien recibió esta mañana en el Palacio Apostólico en el marco del tradicional intercambio de delegaciones para las fiestas de sus respectivos patronos (el 29 de junio en Roma para los santos Pedro y Pablo y el 30 de noviembre en Estambul para la celebración de San Andrés):

“La vía del repliegue sobre sí mismo, en la búsqueda de la propia seguridad y de las propias oportunidades, o la vía de la apertura al otro, con los riesgos que conlleva, pero sobre todo con los frutos de la gracia que Dios garantiza”

Covid, un banco de prueba

«Más grave que esta crisis es sólo la posibilidad de desperdiciarla», subrayó el Papa, reiterando una advertencia repetida en muchas ocasiones durante este año y medio de emergencia sanitaria. Esta crisis sería un desperdicio si no aprendiéramos la «lección» que nos ofrece:

Una lección de humildad, que nos enseña la imposibilidad de vivir sanos en un mundo enfermo y de continuar como antes sin darnos cuenta de lo que no funcionaba

Injusticias planetarias y clamor de los pobres

También ahora, el gran deseo de volver a la normalidad puede enmascarar la insensata pretensión de volver a confiar en falsas seguridades, en hábitos y proyectos que apuntan exclusivamente al beneficio y a la búsqueda de los propios intereses, sin ocuparse de las injusticias planetarias, del clamor de los pobres y de la precaria salud de nuestro planeta.

Discernimiento entre lo que permanece y lo que pasa

El Papa se dirigió asimismo a los cristianos, «llamados seriamente a preguntarnos si queremos volver a hacer todo como antes, como si no hubiera pasado nada, o si queremos asumir el reto de esta crisis». «La crisis implica un juicio, una separación entre lo que hace bien y lo que hace mal”, como los campesinos que separan el grano bueno de la paja para tirarla.

“La crisis nos pide, pues, que hagamos una selección, que hagamos un discernimiento, que nos detengamos a examinar qué cosa, de todo lo que hacemos, permanece y qué cosa pasa”

Para los cristianos «en camino hacia la plena comunión», se trata, pues, de partir de lo básico y preguntarse «cómo queremos proceder». ¿Seguir con los «viejos prejuicios» y las «rivalidades nefastas», o bien derribar esos muros e «inaugurar una nueva fase de relaciones entre nuestras Iglesias, caracterizada por caminar más juntos, por querer dar verdaderos pasos adelante, por sentirnos verdaderamente corresponsables unos de otros»?

Diferencias a superar con diálogo y caridad

Para Francisco, es crucial hoy en día plantear esta pregunta, ciertamente teniendo siempre presente las «diferencias» que, sin embargo, dijo, «deberán ser superadas a través del diálogo, en la caridad y en la verdad».

“Si somos dóciles al amor, el Espíritu Santo, que es el amor creador de Dios y pone armonía en la diversidad, abrirá los caminos para una fraternidad renovada”

El Papa, de hecho, reiteró lo que ya había afirmado a los hermanos ortodoxos en la carta enviada el 30 de noviembre de 2020, en la fiesta del Apóstol Andrés, al Patriarca Bartolomé, en la que esperaba el «restablecimiento de la plena comunión expresada mediante la participación en el mismo altar eucarístico».

Ortodoxos y católicos en diálogo con otras religiones

Además, el Papa manifestó su seguridad de que el testimonio de la creciente comunión entre los cristianos será también «un signo de esperanza para muchos hombres y mujeres, que se sentirán animados a promover una fraternidad más universal y una reconciliación capaz de remediar los males del pasado»: «Es la única vía para abrir un futuro de paz». Otro signo «profético», dijo el Pontífice, será también una colaboración más estrecha entre ortodoxos y católicos en el diálogo con otras tradiciones religiosas.

Saludo al Patriarca Bartolomé

Al término de la audiencia, Francisco envió sus afectuosos saludos al Patriarca Bartolomé, que no pudo viajar a Roma. Lo «siento como mi verdadero hermano», dijo el Papa, que nunca negó el profundo vínculo con el Primado ortodoxo.

“Dígale que lo espero con alegría aquí en Roma el próximo mes de octubre, ocasión para dar gracias a Dios en el 30º aniversario de su elección”

Tras la audiencia con el Papa, la delegación de Constantinopla se reunió con el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, dirigido por el Cardenal Kurt Koch. Mañana, 29 de junio, asistirá a la solemne celebración presidida por el Santo Padre en la Basílica de San Pedro con motivo de la fiesta de los Santos Pedro y Pablo.

(Salvatore Cernuzio – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

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