Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Terminando un nuevo curso

Estamos terminando un nuevo curso que comen­zábamos en septiembre de 2020, lleno de dudas, incertidumbres y dificul­tades por causa de pandemia, que nos afectaba a toda nuestra acción pastoral.

Ha sido un curso que nos había­mos trazado como objetivo y progra­ma del mismo, el cultivo del tema de la vocación, y especialmente de la vocación sacerdotal, por varias razo­nes: porque considerábamos que es un tema importante para toda perso­na y que no siempre se cuida con ver­dadero esmero, y la vocación sacer­dotal porque es necesario que todos, como creyentes, familias cristianas, sacerdotes y comunidades cristinas, asumamos este cuidado y cultivo vo­cacional sacerdotal como algo propio y del que nadie se puede sentir ajeno al mismo, porque todos los creyen­tes, las familias y las comunidades cristianas necesitan y quieren tener un sacerdote que les anime y ayude a vivir su vida cristiana.

Aún no damos dado por termi­nado el curso ni el logro de sus ob­jetivos. Por ello, desde aquí quiero, una vez más, seguir insistiendo en que es necesario que el tema de las vocaciones y, especialmente de las vocaciones sacerdotales y religiosas, sea algo que preocupe a todos: a las comunidades parroquiales, a las fa­milias, a los sacerdotes, a los jóvenes, y, en definitiva, a toda la diócesis.

Esta quiere ser una nueva llama­da para este curso que termina. Te­nemos muchas necesidades pasto­rales que hemos de recuperar y que han quedado sin cumplir a causa de la pandemia, es verdad, pero el tema de la vocación sacerdotal y a la vida religiosa no es algo que haya surgido con la pandemia, venimos arrastrán­dolo desde hace varios años en toda la Iglesia y en la iglesia que peregri­na en Ciudad Real igualmente.

Esta necesidad se va agudizando y ya no sirve vivir de las rentas, por­que las rentas se van consumiendo y el Seminario cada vez lo tenemos con más necesidad de alumnos, tan­to menores, como teólogos, porque de seguir por el camino que hemos emprendido en los últimos años, no estamos lejos de vernos pronto con el Seminario como un recuerdo y con muy poca realidad que ya empieza a producirse.

Lo que tenemos que hacer lo sabe­mos, pero tal vez no estamos dando toda la importancia que tiene cada uno de los aspectos desde los que cuidar y cultivar las vocaciones al sa­cerdocio y a la vida consagrada.

Es verdad que el que tiene que suscitar las vocaciones es el Señor. Sa­bemos que es muy importante rezar para que el dueño de la mies siga sus citan­do obre­ros para la mies. Es el mismo Cristo quien nos lo dice: «Rogad, pues, al dueño de la mies, para que envíe obreros a su mies» (Mt 9, 38).

Seguro que, durante este curso, alguna vez al menos, todos hemos rezado por las vocaciones y, quienes no lo hayan hecho, están a tiempo de hacerlo, porque eso es muy impor­tante y necesario. Hemos de pedir al dueño de la mies que envíe obreros a su mies, que suscite personas que quieran empeñar su vida al servicio de la evangelización y del anuncio de Jesucristo a los demás, y que lleven el mensaje salvador al corazón del mundo, como decía san Juan Pablo II.

Aunque la oración por las voca­ciones sigue siendo lo más importan­te para que el Señor siga llamando a jóvenes o menos jóvenes que quieran entregar su vida al servicio del Reino de Dios; quiero hacer, una vez más, una nueva llamada a las familias cristianas, que siempre han sido los verdaderos semilleros, desde los que han brotado y crecido las vocaciones sacerdotales, porque veían en los pa­dres la ilusión que tenían por tener un hijo sacerdote.

Nueva llamada también a los sa­cerdotes, que debemos seguir esme­rándonos por ser con nuestra vida unos auténticos modelos que pueda admirar cualquier joven porque nos ven felices a nosotros, de ser lo que somos y viviendo nuestra vocación sacerdotal.

Además de nuestro ejemplo, que es muy importante, debemos ser los sacerdotes quienes también hagamos la oferta ilusionada a algunos jóvenes que veamos en las parroquias y que puedan ser felices también siendo sa­cerdotes, para que puedan plantear­se esta vocación como la mejor forma de servir a Dios y a los hermanos y ser felices en ello.

Llamada también a las comunida­des cristianas, que deben valorar la labor de los sacerdotes y la necesidad de estos para el crecimiento y madu­ración de la fe. Que deben animar a personas de las mismas comunida­des a que se planteen esta posibili­dad y descubran el gran bien que pueden hacer desde la misma.

Que el Señor nos conceda las vocaciones que necesitamos, pero que también nosotros, todos, bus­quemos, animemos y ayudemos a que los que Dios llama, porque Dios sigue llamando, le respondan con generosidad.

 

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

 

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.