Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo i Artigas: La Iglesia de Pedro y Pablo

Este martes celebramos la fiesta de San Pedro y San Pablo, apóstoles, columnas de la Iglesia. Pedro es el apóstol que confesó la fe y que Jesús constituyó en “roca” para levantar su Iglesia. Pablo es el apóstol evangelizador de los paganos y fundador de comunidades. A ambos, la manifestación de Cristo resucitado les cambió sus vidas hasta recibir el martirio a Roma.

La fiesta de Pedro y Pablo me ha sugerido reflexionar y rezar por nuestra Iglesia hoy.

Cuando profesamos la fe afirmamos: “Creo en la Santa Madre Iglesia Católica”. Afirmamos que creemos en Jesucristo en la Iglesia, formando Iglesia; y a la vez, también, que confiamos en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Constato, pero, que últimamente, para algunos grupos y personas, el obstáculo para creer en Jesucristo es precisamente la Iglesia.

Ciertamente somos conscientes de que la Iglesia es pecadora, porque está formada por pecadores. Ha avanzado durante siglos por la historia ejerciendo la misión confiada por Jesucristo, pero se le ha pegado algo del polvo del camino. Y esto se ve en algunos hechos de la historia, como la división de los cristianos, las incoherencias a la hora de seguir el Evangelio, el mal ejemplo de quienes la formamos, y, últimamente, el gravísimo problema de la pederastia y otros acontecimientos que manifiestan su condición pecadora.

El olvido inconsciente o consciente de todo lo que ha hecho y hace la Iglesia y quienes la formamos buscando el bien de las personas y la sociedad provoca que solo se contemple y comente lo negativo, y se olviden los hechos y actitudes que han contribuido a la humanización de la historia.

Todo ello puede llevar a olvidar la dimensión divina de la Iglesia, que es de Dios y de los hombres. Como expresa el Vaticano II, es la multitud reunida en el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Por eso es también santa por la acción del Espíritu Santo y por la presencia de Jesucristo, que está en cabeza. Esta santidad de la Iglesia se ha manifestado a lo largo de los siglos de muchísimas maneras. Recordamos a los mártires y los perseguidos a causa de la fe, de todos los tiempos, y también del nuestro. Valoramos a los misioneros y misioneras que durante siglos, para anunciar el evangelio y servir a las personas, han trabajado en países pobres y necesitados de todo, dejando en ellos a menudo la vida. Pero fijémonos en la presencia y acción de los cristianos, de la Iglesia, que ha humanizado a las sociedades por medio de la predicación, las celebraciones, la caridad y los servicios a los colectivos más vulnerables.

No olvidemos que es Jesucristo quien ha querido la Iglesia –ahora, su cuerpo– para que continuara en la historia su obra de salvación de la humanidad según el proyecto de Dios. Esto no significa que Cristo haya establecido toda la configuración institucional de la Iglesia, que se ha desarrollado a lo largo de los siglos, y que se ha ido modificando con la inspiración del Espíritu Santo y de la sabiduría de los maestros y santos para responder a los retos de cada época.

Valoramos la misión de la Iglesia de Dios, que es Amor, y que consiste en que el género humano reciba el Espíritu y la Palabra de Dios, por su participación en la salvación de Jesucristo.

No podemos volver a inventar a Cristo a cada generación, ni inventamos los evangelios, las cartas apostólicas o los sacramentos. Cada generación tenemos acceso a Cristo y a sus dones gracias a la Iglesia.

Amemos a la Iglesia y sintámonos responsables de ella.

Mons. Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.