Carta pastoral del Card. Antonio Cañizares: Sembrar la semilla del Reino de Dios

En el Evangelio del domingo pasado, Jesús se dirige a sus discípulos, nosotros, y nos habla de esto, del Reino de Dios, implantado en la tierra, en la historia, y lo hace por medio de dos parábolas: la de la semilla sembrada en el campo, y la del grano de mostaza. A Jesús le gustaba sentirse sembrador: sembró la Palabra, Bondad, Sacrificio. Sembrar para infundir fecundidad en la tierra. Cristo metió en la entraña misma de nuestro mundo las semillas de Dios, del Reino de Dios. Como el sembrador espera, es héroe de la esperanza, la razón de ser de su siembra es la cosecha, cuando mira su sembradío, el mundo, yermo en apariencia, sabiendo que hay que pasar el invierno en acto de pura fe, en total y pura confianza en Dios que da el incremento y la cosecha, que ya presiente y de la que ya goza.

La parábola de la semilla pone su acento en la misteriosa vitalidad de la semilla, que es Él mismo: Palabra de Dios depositada, enterrada, en tierra. Germinando en invisible silencio, acaba por trascender la tierra en que fue enterrada vistiéndose de hermosura y de fruto. Cristo dedicó esta parábola a los que descansan en su pesimismo religioso, que es un pecado contra la fe. ¡Cuánto pesimismo entre los cristianos! Es preciso revisarse en ese pesimismo estéril que no ve ninguna salida, que todo lo ve negro, y mirar a esa semilla que crece sin saber cómo, pero que crece, porque Dios se cuida de lo sembrado. También se dirige a los impacientes, que pretenden disimular ese pecado contra la fe, porque creen que todo depende de nosotros los hombres y no acaban de fiarse de Dios, que es quien lleva todas las cosas en la inmensidad de su amor y de su misericordia todopoderosa. El Evangelio que es Él, que Él sembró en el corazón de la Humanidad vive, germina y crece sin que nadie sepa explicar cómo. Aunque haya quien no lo vea, no lo quiera o quiera incluso impedirlo. El punto final de la historia –la siega de la semilla– ya está en manos de Jesucristo, Dios con nosotros. ¡Cómo necesitamos hoy de esta parábola, cuando cunde el pesimismo o la impaciencia ante la situación que vivimos!

También la parábola del grano de mostaza nos dice mucho hoy: “al sembrar el grano de mostaza en la tierra es la más pequeña de todas las semillas”. La obra de Jesús, pequeña semilla como el grano de mostaza, sembrada en nuestra tierra va creciendo desde la humildad de Belén, o de Nazaret hacia el Infinito que Dios nos tiene prometido. Crece por su divina fuerza interior, imparable. Crece con lentitud omnipotente, en el ritmo de los planes de Dios, no de los nuestros, de los que se ha apoderado el eficacísimo, los poderes y cálculos humanos que no son Dios y en los que se mezclan con frecuencia intereses que no son los de Dios, el orgullo humano contrapuesto a Dios desde los orígenes de la humanidad.

Jesús, manso y humilde corazón, paciente que confía en el Padre, fue pedagogo de los humildes; con las parábolas nos enseñó a gustar y sentir las cosas del Cielo, de la Verdad, cada vez que vemos y tocamos sus cosas de la tierra.

A partir de aquí cambia todo. El hombre adquiere una nueva mirada. Tiene razones de sólido fundamento para no dejarse vencer ante tanto y tanto que invita al desaliento, al desencanto, o al reducirse al aquí y al ahora sin esperanza de futuro. Cristo es la gran esperanza. Vivimos tiempos en los que necesitamos de esta gran esperanza para afrontar el futuro: como el grano de mostaza. Necesitamos mirar ese futuro a partir de la persona de Jesucristo, con su misma mirada, más aún, con su mismo Corazón, desde el cual nos sabemos atendidos, acompañados, alentados, cuidados y guiados.

En la perspectiva del Corazón misericordioso y compasivo de Jesús se nos dice, insisto, que, al ver Él las multitudes se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas: Jesús deplora el abandono del pueblo por parte de los que tenían el deber de servirle de guías verdaderos y certeros: vemos lo de siempre, faltan guías y el pueblo se desconcierta y se extenúa.

En la misma perspectiva se sitúa Jesús, sembrador de la buena semilla, palabra de Dios caída en tierra, cuando, en otra ocasión, mirando a la amplitud del mundo y a la disponibilidad del pueblo a dar fruto para el granero de Dios, destacará en una ocasión que faltan “labradores”, gente que trabaje en este mundo para que esa disponibilidad que hay en el corazón de los hombres se puedan traducir en abundancia de cosecha de buenos frutos. Sí, faltan guías, faltan, también hoy, obreros y trabajadores en el sembradío de Dios. Ahora, el día 19 y 20, por ejemplo, serán ordenados once nuevos sacerdotes, que nos confirma cómo Dios cuida del sembradío yermo del mundo en medio de una situación de aparente sequía espiritual.

En nuestro contexto actual es preciso constatar con fe que faltan guías, sembradores de la semilla del Reino de Dios, para que se camine con futuro y en la justa dirección, sin desaliento y con fuerzas de esperanza que brota del amor, faltan trabajadores que cultiven esta humanidad que dé abundante cosecha conforme al querer de Dios siempre en favor del hombre, de todo hombre. Jesús veía esto en su mundo y en el nuestro, inmenso sembradío de Dios, y elige a los doce Apóstoles, a los que “llamó y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia”. Esa es la Iglesia, nuevo Pueblo de Dios, asentada sobre el firme fundamento de los Apóstoles, que recuerdan a las doce tribus de Israel, el antiguo pueblo de Dios. Por eso y para que, con el don del Espíritu, unidos a Jesús, unidos a la Iglesia, vayamos y demos fruto, sembremos la semilla del Reino de Dios.

+ Card. Antonio Cañizares

Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014