Carta pastoral de Mons. Celso Morga: No estamos ante una excepción sino ante una concepción vital

Queridos fieles:

El próximo viernes, 25 de junio, quedará marcado en el calendario como el día en que entrará en vigor la ley de la eutanasia en España.

El libro Eutanasia. 100 preguntas y respuestas, editado por la Conferencia Episcopal Española, señala que “se suele
promover la legalización de la eutanasia y su aceptación social con cinco clases de argumentos:

– el derecho a la muerte digna, expresamente querida por quien padece sufrimientos atroces;
– el derecho de cada cual a disponer de su propia vida, en uso de su libertad y autonomía individual;
– la necesidad de regular una situación que existe de hecho. Ante el escándalo de su persistencia en la clandestinidad;
– el progreso que representa suprimir la vida de los deficientes psíquicos profundos o de los enfermos en fase terminal, ya que se trataría de vidas que no pueden llamarse propiamente humanas;
– la manifestación de solidaridad social que significa la eliminación de vidas sin sentido, que constituyen una dura
carga para los familiares y para la propia sociedad.”

Estos argumentos nos desvelan que la legislación se aleja de una concepción auténticamente humana y cristiana de la vida, que ha dado forma a la sociedad occidental durante siglos. Pensar que cada uno es dueño de su vida y que pueda disponer de ella libremente supone negar la conexión íntima que esa vida individual tiene con toda la comunidad de los hombres y supone negar a Dios como el origen de nuestra existencia.

Este principio nos sume en una terrible soledad, ayuna de sentido, en la que estamos nosotros con nuestro dolor sin más ayuda externa que facilitar nuestra eliminación física.

Negar ese supuesto derecho a la eutanasia no conlleva en manera alguna mirar para otro lado cuando el sufrimiento se hace muy cuesta arriba, significa buscar alternativas médicas en los cuidados paliativos, que ayudan al enfermo a llegar al término de su vida acompañado por su entorno familiar y auxiliado por las atenciones médicas, en lugar de eliminar personas en base
a la dignidad de la vida humana. Mucho más terrible es considerar que hay vidas que no son dignas debido a una enfermedad psíquica o a una limitación física. Toda vida es digna. Algunos hacen del “progresismo” una nueva religión, cuyo dogma indiscutible es el individuo que debe “gozar” de la vida sin dolor ni enfermedad, ni límite moral alguno.

El escritor francés M. Houellebecq ha escrito recientemente que “un país -una sociedad, una civilización- que llega a legalizar la eutanasia pierde, en mi opinión, cualquier derecho al respeto”.

La eutanasia no nos sitúa ante una excepción puntual a una norma o a un sentir generalizado, estamos ante una concepción de la vida y eso hace socialmente peligrosa a la eutanasia.

La eutanasia no es una puerta abierta para acabar con el sufrimiento en situaciones puntuales, es una concepción de la vida que no admite el sufrimiento y la enfermedad, y esa inadmisión es gradual: hoy entran ahí enfermos terminales cuya situación personal de dolor y soledad les lleva pensar que su vida no es digna y mañana entrarán, como ya está pasando en algunos países, niños por los que decidirán los mayores considerando un deber ético su eliminación en virtud de la “vida indigna”
que padecen.

+ Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
Acerca de Mons. Celso Morga Iruzubieta 83 Articles
Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.