Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: ¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?

El pasaje del evangelio de San Marcos de este domingo nos sitúa ante unos apóstoles llenos de miedo ante la fuerza de las olas y la tempestad que se había levantado. Ellos saben que Jesús está allí en la barca recostado, pero les puede el miedo y se ponen a gritarle a Él: ¿Maestro no te importa que perezcamos? (Mc 4, 39) Y Jesús tiene que recriminarles su poca fe: «¿Por qué tenéis miedo?, ¿aún no tenéis fe? (4, 40). Esta situación se repite muchas veces en nuestra vida y especialmente en los momentos de dificultad y dolor. Se produce en el corazón humano del creyente una especie de falta de fe, de desconfianza, de por qué Dios no actúa y nos demuestra su paternidad. Aquellos discípulos quieren despertar a Jesús para no perecer por la tormenta y las olas de un mar enfurecido, pensando que Cristo no se enteraba de lo que estaba sucediendo. Ellos sienten la impotencia para luchar contra la tempestad y urgen a Cristo a que lo haga. En el momento actual y durante dos años de duración ya, hemos vivido y seguimos viviendo la pandemia de la COVID-19. Muchas veces, durante este tiempo, hemos experimentado en nosotros miedo y casi terror: miedo al contagio, miedo a la muerte, miedo a que el contagio afectara a alguien de nuestra familia. El miedo ha sido un componente importante de nuestra vida durante el tiempo de pandemia. Ante esta situación, nuestra condición de creyentes nos ha llevado a pensar en Cristo, a quien seguimos, que es todopoderoso y que nos prometió que estaría con nosotros todos los días hasta el fin de los tiempos. Hemos recurrido a Él y le hemos pedido que curase a los que estaban afectados por el virus, que nos librara a nosotros del contagio y que terminara esta pandemia que tanto ha hecho y sigue haciendo sufrir a tantas personas y familias. Hemos querido hacer como los discípulos: despertar a Cristo ante el miedo a perecer. Como a los discípulos, el Señor nos contesta: ¿Por qué tenéis miedo? ¿Es que aún no creéis? (Mc 4, 40). ¿Por qué el Señor nos contesta así? Porque queremos que él haga lo que nosotros le decimos y eso no nos lo ha dicho Él. El nos dijo que estaría con nosotros todos los días y que nos ayudaría si confiábamos en Él. En los momentos de dolor, él sigue a nuestro lado, va con nosotros, en nuestra misma barca, y no va a dejar que se hunda. Camina con nosotros, sigue interesándose por nuestra vida y cuanto sucede en ella y nos está ayudando, pero de la mejor manera que Él sabe para lo que necesitamos en cada momento y que a veces no coincide con lo que nosotros le pedimos. Por eso, ante nuestro miedo y nuestra desconfianza en su poder y en su ayuda, Jesús nos hace una llamada a la fe, la confianza y esperanza en Él, y nos hace revisar nuestra fe diciéndonos: ¿Pero por qué tenéis miedo? ¿Es que no tenéis fe? En nuestra vida, encontramos esta y otras muchas tempestades que se visten con muchos rostros: malas noticias, dolor en la enfermedad, la muerte de un ser querido, etc. Todas ellas sacuden y ponen en crisis nuestra fe en Dios. Todas estas tempestades que ponen en crisis nuestra fe deberían ser una oportunidad importante para revisar, renovar y purificar nuestra fe. Gracias a la presencia de Cristo los discípulos superaron sus miedos, Él fue su fortaleza. Nuestra fortaleza, que nos va a ayudar a vivir nuestros momentos de problemas y de dolor, es precisamente confiar en que el Señor está con nosotros, que sigue a nuestro lado y nos está ayudando, aunque su ayuda a veces no coincida con lo que nosotros le pedimos, pero tenemos que estar convencidos, tener plena fe y una total confianza en que él está ahí y que nos da su fuerza y su gracia para que vivamos con fortaleza, fe y confianza esos momentos de dolor, aunque no nos quita el dolor. Revisemos y reavivemos nuestra fe y confianza en el Señor, porque Él sigue a nuestro lado, especialmente en los momentos de dolor.

 

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

 

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.