Carta pastoral de Mons. Francisco Cerro: “Venid a mí los cansados y agobiados”

El cansancio es propio de nuestro corazón que muchas veces se siente «cansado y agobiado” por la vida. Es el Señor el que nos insta a descansar.

En una correspondencia entre Miguel de Unamuno y Antonio Machado, uno y otro dicen «nos cansa la vida». Se pueden alcanzar muchas cosas y deseos, el problema es que la vida da de sí lo que da de sí. «Nos has hecho Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti», nos recuerda san Agustín en sus Confesiones. Y san Juan de la Cruz, nos dice que quien ama, ni cansa, ni se cansa… pero ¿cómo encontrar una vida descansada, entre tanto tiempo de agobio?

  1. Descansar es vivir reconciliado. Podemos pasar unas vacaciones en playas paradisiacas, en islas de ensueño y volver cansados y agotados. Descansar tiene mucho que ver con la paz interior, con el disfrute de lo pequeño, con el vivir intensamente el momento presente. Descansar no es cuestión de dinero, de gastarse todo por cumplir unos sueños que suelen ser decepcionantes. Tiene que ver más con lo sencillo, no tanto vivir con lujos, sino al lado de las personas que amamos, de poder dedicar más tiempo a los que caminan a nuestro lado y de sembrar tiempos de vivir sin prisas, de leer, de estar en contacto con la naturaleza, de vivir sin ruido y de reconciliarnos interiormente.
  2. Descansar es recuperar la alegría de lo que somos. El tiempo de descanso tiene mucho que ver con el ser y con el hacer. Es recuperar la alegría de lo que somos y desde ahí construir también el vivir y el hacer, no en clave de parar sólo de una actividad, sino de encontrar una manera distinta de ser y de vivir, pues debemos encontrar el descanso no sólo después del trabajo, sino incluso encontrándonos en nuestro trabajo, un trabajo que humanice.

Descansar es recuperar la alegría de lo que somos y vivir siempre con los sentimientos del Corazón de Cristo debe ser nuestro descanso.

Descansar es siempre vivir por Cristo, con Él y en Él para que nuestra vivir cotidiano, no sea una carga, sino que sea lo mejor de nuestra vida y nos descanse.

  1. Descansar con tres propuestas:
  2. a) Hacer unos días de Ejercicios Espirituales, de retiro, de curso de oración. Formarnos por dentro, para servir por fuera. La archidiócesis de Toledo, tiene muchas ofertas de encuentros con el Señor Resucitado, basta consultar nuestros Centros de Espiritualidad.
  3. b) El contacto con todo lo creado: la naturaleza, el mar… Todos aquellos que puedan tener esta oportunidad que la aprovechen para un encuentro con el Señor de lo creado y de la historia, con el gozo en familia, con la alegría del descanso.
  4. c) Peregrinaciones a Guadalupe, donde el encuentro con nuestra madre, sea una ocasión de júbilo y de gozo. Como nos decía el Papa Francisco, en su segundo viaje a Rumania en el Santuario Mariano de Sumuleu-Ciuc, los santuarios son «lugares casi ‘sacramentales’ de una Iglesia hospital de campaña, guardan la memoria del pueblo fiel que en medio de sus tribulaciones no se cansa de buscar la fuente de agua viva donde refrescar la esperanza. Son lugares de fiesta y celebración, de lágrimas y petición».

A todos os deseo unas felices, fecundas y cristianas vacaciones de verano.

 

+ Francisco Cerro Chaves

Arzobispo de Toledo

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.