Carta pastoral de Mons. Agustí Cortés: Por la vida humana

El próximo día 25 entra en vigor la nueva Ley Orgánica que regula la eutanasia, permitiéndola en determinados casos y circunstancias.

Este hecho es grave. No solo por la ley en sí misma, cuya práctica concreta plantea muy serios problemas, sino, sobre todo, por las razones que pretenden defenderla. Es decir, por la mentalidad en la cual se basa. En definitiva, consideramos que es una ley, que, promulgada pretendidamente por respeto a la libertad individual, en realidad atenta contra la dignidad misma de la persona humana.

Criticar o luchar contra esta ley puede parecer que con ello se pretende entablar una batalla frente a los legisladores o los políticos que la defienden. No es así, en absoluto. Lo que se pretende es defender la vida y la dignidad de la persona. Concretamente se pretende precisamente el derecho a una muerte digna.

En este, como en tantos otros casos, intentamos dar razón de nuestra postura, aunque de antemano aceptamos que quizá no se acepten nuestros motivos, por la sencilla razón de que partimos de conceptos de “dignidad humana, libertad, derechos humanos”, diferentes. Nuestra voluntad sigue siendo, no “vencer”, sino convencer mediante el diálogo. Y no por lograr una mayor influencia o poder, sino porque deseamos salvar el ser humano. Deseamos salvar en concreto la persona humana en su integridad y, de un modo particular, la persona humana débil y sufriente.

¿Qué es la eutanasia? Como ocurre en el caso del aborto intencionado, se puede vestir con palabras más o menos suaves, pero en definitiva la eutanasia es una acción del médico, que busca provocar la muerte del paciente, a fin de evitarle un sufrimiento. La eutanasia pretende solucionar el sufrimiento matando al que sufre.

Queremos ofrecer en positivo la postura de la Iglesia, apoyada por la ciencia, la inteligencia, el conocimiento de la realidad y la competencia de un gran número de profesionales y asociaciones internacionales del mundo de la salud.

Pretendemos una muerte digna para aquella persona que sufre y se halla en un estado terminal de su vida. ¿Qué entendemos por “una muerte digna”?

– La muerte “más digna” es aquella es aceptada y asumida libremente, tras una información clara sobre el estado de salud y los posibles tratamientos.

– Es aquella que se da habiendo recibido toda la atención sanitaria posible para la sanación, sin la aplicación de tratamientos desproporcionados (encarnizamiento tera-péutico), pero, si es el caso, con la administración de los cuidados paliativos correctos para la atenuación del dolor.

– Es la muerte ocurrida en circunstancias de respeto y afecto, a ser posible con la compañía de seres queridos y con la atención espiritual adecuada, según la fe y las convicciones propias.

¿Por qué la eutanasia y no se promueve el tratamiento de cuidados paliativos? ¿No será que al defender la eutanasia nos estamos quitándonos un peso de encima?; ¿no será que nos molesta que el enfermo que sufre a nuestro lado constituya una carga, personal y económica, para nosotros y para la sociedad?; ¿no será que la eutanasia es la solución más fácil, cómoda y rentable?

La muerte es el momento en que se pone en juego la gran cuestión del sentido de la vida. Y es la fe lo que ilumina esta decisiva cuestión: qué significa vivir, morir, enfermar, sufrir, trabajar, gozar, crecer, amar, etc. Por eso la muerte ha de ser el acto “más humano”, el momento que requiere preparación remota y, a ser posible, consciencia presente.

 

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.