El obispo de Salamanca llama al cultivo de la amabilidad

En su homilía en la solemnidad del patrón de la Diócesis de Salamanca, el obispo, Mons. Carlos López Hernández, recordó la importancia de “recuperar la amabilidad” y de “ejercer nuestra profesión, también la política, desde el amor cristiano”.

San Juan de Sahagún no es un mero recuerdo del pasado; está vivo para siempre en Dios y nos acompaña con su testimonio de vida santa y con su intercesión en nuestro caminar diario”. Con estas palabras, el obispo de la Diócesis de Salamanca, Mons. Carlos López Hernández, comenzó su homilía de la solemnidad de San Juan de Sahagún, patrón de la ciudad y de la diócesis, este sábado 12 de junio.

La eucaristía ha tenido lugar en la Catedral Nueva de Salamanca, con la asistencia de la Corporación municipal y del Pueblo de Dios. De la figura del patrón, el prelado recordó que reconcilió las enemistades de nuestra ciudad “con su predicación y con su vida cercana a los hombres desde la comunión con Dios, alegre y de buen humor, libre en la defensa de la verdad, testigo fiel de la verdad del evangelio, que halla su más radical expresión moral en el seguimiento de Jesucristo en la práctica de las bienaventuranzas”.

Mons. López Hernández subrayó que Juan de Sahagún, “eligió libremente la pobreza en la vida religiosa, y fue un solícito defensor y cuidador de los más pobres: les entregaba lo suyo y pedía limosna para ellos a quienes tenían bienes”. El obispo cree que el Santo Patrón, “es un regalo permanente de Dios para seguir mostrándonos de forma auténtica el camino del reino de los cielos y la grande recompensa que nos espera a quienes seguimos el alegre estilo de vida de las bienaventuranzas, es decir, el camino de los discípulos de Jesús en nuestra sociedad”.

Memoria viva del patrón

Además, considera que en el actual clima de las relaciones sociales, la memoria viva de San Juan de Sahagún, “nos alienta renovar la atención a la llamada a la perfección de la caridad en el seguimiento de Jesucristo”. Carlos López Hernández cree que del amor de Dios Padre, “con el que Cristo nos ha amado, solo se puede dar testimonio con amabilidad”. En este sentido, insiste en que el Papa nos ha exhortado en la Encíclica Hermanos todos. Sobre la fraternidad y la amistad social”, “a recuperar la amabilidad y a vivir la caridad en el ejercicio de la actividad política”.

El obispo de la diócesis pone la atención en recuperar la amabilidad: “En momentos difíciles, donde sale a plena luz el espíritu del `sálvese quien pueda´… todavía es posible optar por el cultivo de la amabilidad. Hay personas que lo hacen y se convierten en estrellas en medio de la oscuridad” (222), subraya en su homilía. Al respecto, resalta que la persona que tiene la cualidad de la amabilidad, “ayuda a los demás a que su existencia sea más soportable, sobre todo cuando cargan con el peso de sus problemas, urgencias y angustias”.

En este sentido, asegura que el cultivo de la amabilidad, “sería un buen propósito y una gracia a suplicar por intercesión de nuestro Santo Patrón para dar testimonio del evangélico en la vida diaria, en la propia familia y en el ejercicio público de la actividad profesional”. Para el prelado, “el ejercicio supremo de la caridad es generar procesos sociales de fraternidad y de justicia que hagan posible reconocer a cada ser humano como un hermano y buscar una amistad social que integre a todos”.

Amor político

En cuanto a la caridad política, apunta que supone un sentido social que supera toda mentalidad individualista, “ama el bien común y busca de forma efectiva el bien de todas las personas, en su dimensión individual y social”. Asimismo, asegura que la buena política, “busca caminos de construcción de comunidades en los distintos niveles de la vida social, para no reducir las personas a individuos fácilmente dominables”.

López Hernández insiste en que el amor político, “hace comprender que ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de la vida”, y que quien ama y ha dejado de entender la política como una mera búsqueda de poder, “tiene la seguridad de que no se pierde ninguno de sus trabajos realizados con amor”.

El obispo ha destacado que “la política es más noble que la apariencia y que el marketing”, estos “con distintas formas de maquillaje mediático, contribuyen fácilmente a lograr sembrar división, enemistad y escepticismo desolador incapaz de apelar a un proyecto común”.  Por ello, insiste que “el camino de la verdadera política tiene otras bases y otras metas” y reflexionando sobre ellas, D. Carlos considera que ” la pregunta del político no ha de ser:  ‘¿Cuántos me votaron, cuántos tuvieron una imagen positiva de mí?’. La pregunta inquietante y fundamental será: ‘¿Cuánto amor puse en mi trabajo, en qué hice avanzar la vida de la sociedad, cuánta paz social sembré en el lugar que se me encomendó?’”.

Servir al bien común

Además de contemplar la nobleza de la actividad política como una obra de amor, como exhorta la encíclica Fratelli tutti del papa Francisco, el obispo de la Diócesis de Salamanca ha señalado que “hoy tenemos que recuperar también la amabilidad cuando juzgamos a los políticos, porque a veces, como decimos familiarmente, ‘nos pasamos’”.  Don Carlos ha manifestado que “no es lícito decir que todos los políticos son iguales. No es verdad. Hay políticos dignos que según su conciencia tratan de servir al bien común, aunque a veces en las diferencias en las cuestiones más técnicas o ejecutivas pueda haber diferentes puntos de vista”. En ese sentido ha apuntado que “la llamada a la caridad y a la amabilidad tenemos que ejercerla también con la oración por nuestros políticos“.

Respeto a la libertad de cada uno

López Hernández ha recordado que en “las celebraciones eucarísticas siempre oramos por los que nos gobiernan. Y oramos porque estamos convencidos de la difícil tarea que tienen encomendada y que están sometidos a mil peligros, como cada uno en nuestra vida personal y social”. Por ello,  considera que “tenemos que comprometernos todos con actitud comprensiva y amable y con esperanza, orando por ellos para que el Señor a través de ellos nos conceda una mejor realización del bien común y podamos vivir todos con mayor dignidad y con mayor respeto a la libertad de cada uno”.

Para terminar, el obispo ha subrayado que el mensaje del Papa en su encíclica social “confluye con las actitudes fundamentales que vivió y practicó nuestro santo patrón San Juan de Sahagún”. Y ha exhortado a los fieles a orar al santo agustino “para que su intercesión nos alcance a todos la gracia de hacer realidad la amabilidad y de ejercer nuestra profesión, la de cada uno, y también la profesión política, desde el amor cristiano“.

(Diócesis de Salamanca)

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