Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Mes del Corazón de Jesús

A través de todo el año recorremos meses muy significativos para los cristianos: el mes de mayo es un mes dedicado principalmente a tener presente a María como modelo de fe y de respuesta generosa a lo que Dios le pidió en cada momento; el mes de octubre es el mes en el que honramos a María con el rezo del rosario, porque es el mes del rosario; y el mes de junio es el mes del amor del Corazón de Jesús, el corazón como centro de la persona y centro del amor, porque lo que celebramos y se nos invita en este mes es a meditar en el gran amor de Cristo. El mes del Corazón de Jesús es el mes del amor de Cristo. La vida y el mensaje que Cristo vivió y nos transmitió con su palabra y con su vida es su gran amor. Es como el resumen de todo lo que es y significa la vida cristiana resumido en los dos mandamientos fundamentales, el amor a Dios sobre todas las cosas y el amor al prójimo como manda-miento nuevo de Cristo, de amarnos unos a otros como Él nos ha amado. Cristo, enviado por el Padre a este mundo, no hizo sino cumplir a la perfección la misión que este le había encomendado: transmitir a los seres humanos el gran amor de Dios para con todos y cada uno de ellos. Mostrarnos el verdadero y auténtico rostro de Dios, que es el rostro de Padre bueno y misericordioso capaz de compadecerse de nuestros peca-dos y de nuestras miserias, que nos perdona y nos quiere, por encima y a pesar de todas nuestras negligencias y debilidades. El Hijo de Dios, en su recorrido por este mundo, no hizo sino mostrar con su vida y sus actitudes este mismo amor misericordioso del Padre. Jesús entrega su vida por amor, en primer lugar a los planes de Dios sobre él, porque así lo ha querido su Padre, que lo «envía al mundo no para condenar al mundo sino para que el mundo se salve por Él». Toda su relación con los peca-dores, los pobres, los marginados de la sociedad, fue siempre una relación de amor misericordioso hacia ellos. Las parábolas con las que explica a sus discípulos y a la gente la identidad misericordiosa del Padre Dios, —el hijo pródigo y el Padre bueno, la oveja perdida, la moneda perdida, etc.— no son sino ejemplos de la misericordia de Dios que ama, se compadece y perdona. El amor del corazón de Cristo en todo momento es un amor misericordioso como el del Padre. Este amor es el que celebramos y aprendemos cuando nos acercamos al corazón de Cristo, cuya vida y ejemplo nos anima y nos pide que lo mismo que Él nos ama a pesar de nuestras debilidades y pecados, también nosotros debemos saber perdonar y amar a los que nos ofenden. El amor a los demás es otro de los aspectos importantes del amor que descubrimos en el corazón de Cristo. Él nos amó hasta el final, hasta entregar su vida por nosotros y es Él mismo el que nos dice: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13, 34-35) Jesús, como siempre y en todo, nos pide a nosotros lo que él nos ha enseñado y lo ha hecho, no solo con su doctrina y su palabra, sino con su ejemplo. Por eso nos dice: «Como yo os he amado». Su vida es el modelo desde el que tenemos que amar nosotros también a Dios y a los hermanos. Él amó hasta entregar su vida por amor: por amor al Padre, que le había encomendado ofrecer a los hombres la salvación, aun-que para ello tuviera que entregar su vida y por nosotros y por amor a los hombres porque Él nos amó hasta el final, porque «nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos» (Jn 15, 13). En la contemplación del corazón de Jesús encontramos el auténtico modelo de amor para nosotros. También nosotros tenemos que amar a Dios sobre todas las cosas. Cristo nos da una lección como nadie, Él vivió desde Dios y para Dios; la voluntad del Padre fue siempre lo primero. También a nosotros el mismo Cristo nos dejó el mandamiento nuevo de amarnos los unos a los otros como él nos amó, como distintivo de nuestra identidad de seguidores y discípulos suyos: «En esto conocerán que sois discípulos míos, si os amáis unos a otros» (Jn 13, 35). Miremos al corazón de Cristo, fijemos en Él nuestra mirada e imitémoslo amando al Padre y a los hermanos. Si lo imitamos a Él estaremos viviendo plenamente nuestra vida e identidad cristianas.

 

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

 

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.