Carta pastoral de Mons. Francisco Cerro: Que vuelvan la alegría y la fiesta

Me impresionó y me ayudó mucho en pleno confinamiento y en los momentos más difíciles, la actitud del Papa Francisco en la pandemia. Su vida, sus gestos y la oración que compuso y que hemos rezado tantas veces, nos alienta y lanza a la esperanza para que «vuelvan la fiesta y la alegría» a este «valle de lágrimas».

Tres son los pasos que debemos ir dando para que, en la nueva situación, con la ayuda de la vacunación y la «inmunidad de rebaño» se vuelva a vivir en la alegría y en la fiesta que es tan propio en nuestra vida cristiana.

  1. Según la normativa sanitaria, contando con la autoridad, celebrar lo más normalizado posible las fiestas patronales. Dar pasos, aunque sean poco a poco, para que cumpliendo la normativa sanitaria de aforo, tanto en el interior como si es en el exterior, podamos ir haciendo que vuelvan las fiestas a nuestras parroquias, para que vuelvan la alegría y el gozo, que son propios de la vida cristiana. Jesús no es el «aguafiestas» de la vida, es la fiesta de la vida que nunca acaba.

Cuando se acercan las fiestas patronales, dialogar para que, por razones prudenciales de salud y pensando en las personas vulnerables, podamos celebrar, si es posible dentro y fuera del templo. Es mucho el tiempo que se ha pasado sin celebraciones externas y forman parte de la vida de la comunidad cristiana. Estamos convencidos que es un bien para todos los pueblos y aquello que está arraigado en nuestra gente hemos de procurar que pueda seguir realizándose con una cierta normalidad, pues se echa mucho de menos. Son muchas las personas que nos lo dicen y nos lo piden, para que vayamos, sin prisas, pero sin pausa, y respetando la normativa sanitaria, a vivir la alegría y el gozo del encuentro cristiano en la calle, en las plazas y en la vida.

  1. ¿Presencia en las calles? En el caso de la presencia en la calle con la Eucaristía, con las imágenes, con procesiones arraigadas en la tradición del pueblo, sugiero que, guardando siempre la normativa sanitaria vigente, se pueda celebrar la fiesta con normalidad, engalanando las calles, los balcones, las plazas, todo aquello que nos ayude a vivir con la alegría de que las expresiones de nuestra fe no se quedan solo en el templo, sino que se sale a la calle, a la vida, a las plazas y que ayuda también a la sociedad a vivir respirando esperanza. Después de tanto tiempo sin pisar la calle, las plazas, o hacerlo con miedo y con una sensación de pesimismo de fondo, todo lo que hacíamos habitualmente, y que está tan arraigado en el pueblo cristiano, se ha de ir recuperando conforme se vea que es posible.
  2. No lo tenemos fácil, pero no es imposible. Agradezco a los sacerdotes, a los miembros de la vida consagrada, a las familias, a los laicos que han seguido y siguen luchando para que la fe respire con los dos pulmones, hacia dentro del templo, de la Iglesia, donde se celebran los sacramentos y la Eucaristía como cumbre, y también respiremos con el otro pulmón de salir a la calle, a las plazas, a testimoniar nuestra fe, que no es un asunto privado, sino un mandato del Señor de ser «sal de la tierra y luz del mundo» y acoger el anuncio de Jesús de ir por el mundo entero anunciando el Evangelio y proclamando en la calle, en las plazas.

Animo a todos a que se vaya normalizando la situación de vivir nuestra religiosidad dentro y fuera de los templos, para que sigamos prestando nuestro servicio a una humanidad que necesita más que nunca beber del Agua Viva que brota del Corazón de Cristo, para ser sanadas las heridas del Corazón. Rezando y pidiendo para que, entre todos, colaborando siempre, podamos erradicar la pandemia que ha puesto a la humanidad en una «noche oscura» de gravísimas consecuencias para todos y que imploremos al Señor que vuelvan «la fiesta y la alegría» a nuestras vidas tan heridas y necesitadas de esperanza.

 

+ Francisco Cerro Chaves

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.