Carta pastoral de Mons. Jesús Fernández: La clase de Religión, un derecho a tu alcance

Hasta las noticias más antiguas referidas al ser humano dan cuenta de su carácter religioso. Desde su origen, el hombre ha creído en la existencia de un ser superior más o menos personal al que ha rendido culto. Podríamos decir, pues, que el hombre es un “animal religioso” y que, ignorar esta dimensión de la persona, significaría achicar su integridad y privarla de un elemento esencial en la respuesta a las grandes preguntas por el sentido de la vida. Efectivamente, la realidad divina nos permite dar razón de nuestro origen y de nuestro destino. También responder a la cuestión de qué es aquello que hace valiosa nuestra trayectoria vital y que nos permite encontrar motivos para seguir caminando.

La religión, por otra parte, ha generado una cultura omnipresente en el mundo. Sin su conocimiento, no se entiende la historia, ni la cultura, ni el arte, ni las principales obras de la literatura universal. Los conocimientos religiosos permiten comprender y disfrutar maravillas arquitectónicas como la catedral de Astorga o el Palacio de Gaudí, muchas de las obras del maestro músico recientemente fallecido Cristóbal Halffter, manifestaciones como las de la Semana Santa o el Camino de Santiago, etc.

Teniendo en cuenta todo esto, es lógico que la escuela, cuyo objetivo es el desarrollo integral de las personas, favorezca, junto al desarrollo de las capacidades físicas, cognitivas, técnicas, sociales y éticas, el crecimiento de las espirituales y religiosas. Ahí es donde encuentra su sentido la clase de religión que, por supuesto, no es un privilegio, sino un derecho que la Constitución española reconoce a los padres de todas las confesiones religiosas. Este derecho también está recogido en los Acuerdos Iglesia-Estado español y tiene rango de derecho internacional. Según estos Acuerdos, la clase de religión ha de impartirse en condiciones equiparables a las demás asignaturas, cosa que no se reconoce cuando se la discrimina al no dar valor a la nota, no reconociendo así el valor del esfuerzo.

Verdaderamente es injusto que se pretenda conculcar este derecho a partir de argumentos falsos como que, al poner nota, se evalúa la fe, o que la clase de religión es sinónimo de catequesis, o que es una asignatura que se contrapone a la de valores. Por el contrario, la clase de religión incluye todos los auténticos valores que afectan al reconocimiento de la dignidad de la persona: la igualdad, la justicia, la paz, el amor al prójimo, el respeto a los derechos humanos, la solidaridad, el respeto a la vida y a la naturaleza…

Afortunadamente y, al menos de momento, se respeta este derecho de los padres y madres.

Invito, pues, a los progenitores a no desaprovechar la oportunidad de elegir para sus hijos la asignatura de religión favoreciendo así su crecimiento integral y haciendo efectivo un derecho que algunos por rancios prejuicios quieren sustraerles, sometiéndola a una especie de asfixia programada y antidemocrática. No olvidemos, por ejemplo, que durante el curso 2020-2021, en nuestra diócesis, se han matriculado en esta asignatura, desde Primaria a Bachillerato, 13. 808 alumnos, lo que supone algo más de un 69% del alumnado. Todo un referéndum que se repite cada año con un resultado extraordinario a favor de la clase de religión, a pesar de las no pocas dificultades que se le presentan.

Junto a mi agradecimiento a los padres, madres y alumnos que eligen esta opción, quiero hacer llegar también mi gratitud a los profesores de la materia. Pido así mismo que se valore su competencia y esfuerzo. A todos los invito a caminar juntos, haciendo de la escuela un ámbito donde reinen el respeto a la persona y a la verdad, donde se imponga la cultura del diálogo al enfrentamiento, donde se cultivan los valores que respetan la dignidad de la persona y la abren a la dimensión trascendente.

 

+ Jesús Fernández,

Obispo de Astorga