Carta pastoral de Mons. José María Yanguas: «La conciencia de la presencia de Cristo en la Eucaristía nos ha de mover también a adorarlo»

Queridos diocesanos:

Hasta no hace muchos años se repetía con frecuencia un viejo dicho que rezaba, con pequeñas variantes según los lugares: “Tres días hay en el año que relucen más que el sol: Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”. De ese modo se quería significar que dichos días, celebrados en jueves distintos, poseían un peso muy especial dentro del calendario cristiano.

Después, con el fin de disminuir el número de días no laborables, cambiaron de fecha algunas fiestas litúrgicas que caían “entre semana”, entre ellas las tres enunciadas en el dicho popular. Lo que ocurrió realmente, pasado no mucho tiempo, es que aumentaron los días no laborables, nacionales, autonómicos o locales, mientras que los días festivos suprimidos siguieron “desaparecidos”. Así se ha llegado al caso curioso del traslado a domingo de la fiesta del Corpus Christi, de fuerte arraigo popular, si bien la fecha tradicional, privada ya de contenido religioso, sigue siendo no laborable.

Pero vayamos con la fiesta que celebramos este domingo, solemnidad del Corpus Christi, fiesta grande, en la que veneramos de manera especial el misterio de la Sagrada Eucaristía que cuenta entre los más importantes de la fe católica. Es el día en que el Señor sacramentado, entronizado en custodias que son formidables obras de arte o en otras más modestas, recorre las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades recibiendo el tributo de fe y devoción de los fieles cristianos. Los niños que han recibido días antes por primera vez la Sagrada Comunión forman parte del cortejo con sus trajes de gran fiesta, y arrojan pétalos de rosa al Señor en la custodia. La procesión con el Santísimo es una antigua costumbre que se viene celebrando en el interior de los templos desde inicios del siglo XIV, y comenzó a recorrer las calles de las ciudades como Roma desde mediados del siglo siguiente.

Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, recordando afirmaciones del Concilio Vaticano II: ·La Eucaristía es el corazón y la cumbre de la vida de la Iglesia, pues en ella Cristo asocia su Iglesia y todos sus miembros a su sacrificio de alabanza y acción de gracias ofrecido una vez por todas en la cruz a su Padre; por medio de ese sacrificio derrama las gracias de la salvación sobre su Cuerpo, que es la Iglesia” (n. 1407). En la Celebración Eucarística se actualiza la obra de la salvación realizada con la vida, muerte y resurrección de Cristo. La Redención, por ser obra del Dios hecho hombre, si bien tuvo lugar en un momento de la historia, se hace presente en todo tiempo y lugar cada vez que se celebra la Sagrada Eucaristía: “Haced esto en memoria mía”.

Como aprendimos ya de niños al prepararnos para recibir por primera vez a Jesús sacramentado, por las palabras de la Consagración que pronuncia el sacerdote, el pan y el vino, aun conservando las apariencias de tales, se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Con frase acuñada con esmero, decimos y creemos firmemente, que en la Sagrada Eucaristía se halla presente Cristo mismo, de manera verdadera, real y substancial, con su Cuerpo, Sangre, alma y divinidad, y al recibir la Comunión lo recibimos como alimento y bebida, y es para nosotros fuente de vida eterna.

De ahí que para recibir a Cristo en la Eucaristía debamos tener las necesarias disposiciones, siendo la primera y más importante de todas la de hallarnos en gracia, es decir, libres de pecados que rompen la amistad con Dios y privan de la vida divina. Por eso, san Pablo nos advierte muy seriamente de que quien se acerca a comulgar indignamente, es decir sin la necesaria disposición, come y bebe su propia condenación. El aviso es suficientemente claro y la gravedad del asunto tan manifiesta que no conviene de ningún modo dejarse guiar por criterios diferentes.

La conciencia de la presencia de Cristo en la Eucaristía nos ha de mover también a adorarlo, conscientes de que no se rebaja nadie al hincar sus rodillas en el suelo ante el Señor presente en la Eucaristía; ese gesto enaltece más bien.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).