Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Corpus Christi

Celebramos hoy la so­lemnidad del Corpus Christi, la solemnidad del Cuerpo de Cristo. La fiesta del gran sacra­mento que Cristo dejó a la Iglesia, es la fiesta de la eucaristía en la que cele­bramos la entrega de Jesús por noso­tros, haciéndose pan partido y sangre derramada para la remisión de los pe­cados y la salvación de los hombres.

Una fiesta para honrar y adorar a Cristo en la eucaristía, porque en ella conmemoramos su muerte por la sal­vación de la humanidad, que en un acto de amor supremo por nosotros entrega su vida para librarnos definiti­vamente a todos del mal y del pecado.

Comulgar el cuerpo de Cristo es comulgar con la persona de Cristo, aceptándole en nuestra vida, dejando que entre en nosotros y nos transfor­me. Comulgar con el Cuerpo de Cris­to es comulgar también con su causa y con su estilo de vida, comprometien­do nuestra vida en hacer realidad este estilo de vida de Jesús, amándolo y sirviéndolo a Él y a los hermanos.

Este estilo de vida de Jesús debe ser el modelo que debe seguir todo cristiano.

La eucaristía es el sacramento del amor, no solo porque conmemo­ramos el acto supremo del amor de Cristo que se entrega por toda la hu­manidad, sino también porque nos recuerda y aviva en nosotros, los que creemos en Él, la conciencia de que no podemos aclamarlo presente en la eucaristía a él e ignorar que a nuestro alrededor existen personas que están necesitando de nuestro amor para ha­cer renacer en ellos la esperanza, por­que a través nuestro experimentan la salvación de Dios en ellos y que para ellos también es posible la esperanza.

La festividad del Corpus Christi, es llamada al amor, al compromiso y a la solidaridad con los hermanos más necesitados.

La Iglesia celebra en este día el día de la Caridad a favor de los pobres y ne­cesitados de nuestra sociedad. Esta cele­bración nos hace una llamada urgente y comprometida a la generosidad, a compartir nuestros bienes con los más necesitados a través de la colecta a favor de Caritas Diocesana, sabiendo renun­ciar a algo de lo nuestro y ofreciéndo­selo a Cáritas., contribuyendo así a que pueda cumplir en todo momento con su objetivo de auxiliar las necesidades de tantas personas como acuden a ella solicitando su ayuda.

Sabemos la situación de dificultad económica por la que están atrave­sando muchas personas y muchas familias. La pandemia ha hecho cre­cer el número de personas y familias que se han quedado sin trabajo y acuden a Cáritas solicitando ayuda.

Ya hemos demostrado en otras oca­siones que somos capaces de compro­meternos y solidarizarnos con los que menos tienen. Es necesario que salga­mos de nosotros mismos y queramos compartir de lo nuestro con todas esas personas y familias que lo necesitan.

Hoy se hace especialmente urgen­te nuestra respuesta concreta desde la generosidad y la ayuda a todas esas personas y familias.

La eucaristía nos impulsa a los creyentes a abrir nuestros ojos y nuestro corazón a los hermanos más pobres. No a mirar para otro lado ante las necesidades de los demás. El seguimiento de Jesús nos pide el compromiso de dar una respuesta de amor a quienes vemos necesitados porque solo desde el amor podremos hacer renacer en ellos la esperanza.

Seguro que no nos gusta lo que vemos cuando miramos la realidad con una mirada solidaria con los pobres y necesitados, pero solo des­de nuestra caridad y nuestra solida­ridad podremos decir que estamos adorando a Cristo, por­que él está presente y se iden­tifica con aquellos que lo pasan mal y sufren una situación de exclusión social y necesitan de nuestra ayuda solidaria.

Las palabras de Jesús: «Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros, haced esto en memoria mía» (Lc 19), son una invitación y un mandato a hacer nosotros para los pobres y ne­cesitados lo mismo que Cristo hace con su cuerpo para nosotros: hacer­nos don, entrega, alimento para ellos.

El papa Francisco nos lo recuerda en la exhortación apostólica Evange­lii gaudium: «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la libera­ción y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse ple­namente en la sociedad: esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor de los pobres y socorrerlo» (EG 187).

Honremos y adoremos a Cristo en la eucaristía, y cuidemos y seamos solidarios con aquellos con los que el Señor se identifica, «porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui foras­tero y me hospedasteis, estuve des­nudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25, 35-36).

 

+Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.