Jornada de responsabilidad en el tráfico: una llamada al compromiso con el sufrimiento del otro

«Como sucede en la parábola, hay gente que, ante un accidente o necesidad urgente de ayuda, hace la vista gorda y pasa de largo, con la disculpa de que tiene prisa y muchísimo que hacer. Y, lo que es peor, siempre encontrará alguna disculpa para tranquilizar la conciencia y convencerse de que no meterse en “líos” es lo mejor que se puede hacer. Ya habrá quienes se preocupen y ayuden. Pero, gracias a Dios, no todos piensan ni obran así».

El próximo 4 de julio, festividad de San Cristóbal, el Departamento de Apostolado de la Carretera de la Conferencia Episcopal Española, celebra la Jornada de responsabilidad en el tráfico. Este año con el lema «Cuida de él. Buenos samaritanos en el camino».

¿Cuál es el mensaje de los obispos?

En esta ocasión, los obispos se centran en el año especial dedicado a la familia el Año de San José. Son muchas las familias enteras que viajan en el mismo vehículo para pasar juntos unos días de vacaciones, visitar a los parientes o sencillamente salir a pasar un día feliz en el campo. Estas circunstancias, señalan, «exigen al conductor la máxima atención y responsabilidad en la carretera». Por ello, piden a la Sagrada Familia y a San Cristóbal que «cuiden de todos los transportistas y conductores».

Mensaje par la Jornada

Jornada de Responsabilidad en el Tráfico

Fiesta de San Cristóbal, patrono de los conductores

4 de julio de 2021

«Cuida de él» (Lc 10, 35). Buenos samaritanos en el camino

«A vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo» (1 Cor 1, 3).

Queridos hermanos y amigos transportistas y conductores:

Un año más, y son ya cincuenta y tres, el primer domingo de julio, día 4, el Departamento de Apostolado de la Carretera de la Conferencia Episcopal Española celebra la Jornada de responsabilidad en el tráfico.

Lo hacemos en la proximidad de la fiesta de san Cristóbal, patrono de los conductores, y coincidiendo con el inicio de los desplazamientos veraniegos de vacaciones.

Con este motivo, os hacemos llegar nuestro cordial saludo a todos los que estáis relacionados con la movilidad humana y la seguridad vial: DGT, guardia civil, policía de tráfico, camioneros, taxistas, repartidores, conductores de autocares, ambulancias, bomberos, cofradías de san Cristóbal, asociaciones de transportistas, de víctimas, automovilistas, motoristas, ciclistas y usuarios de patinetes eléctricos, que ya son una realidad en nuestras ciudades, y no exentos de problemas.

Dejamos constancia y gratitud de parte de la Iglesia en España del buen trabajo realizado por los transportistas durante el confinamiento, que, no obstante las muchas dificultades personales, en todo momento, con sentido de la responsabilidad, lograron abastecer al grande y pequeño comercio de todo lo necesario para la población.

Tampoco olvidamos el gran esfuerzo de los sanitarios y ambulancias para intentar salvar vidas, pues, como dice el papa Francisco: «En la pandemia hace falta actuar como buen samaritano»1.

Y de samaritanos va nuestro mensaje

«“Cuida de él” (Lc 10, 35). Buenos samaritanos en el camino».

«¿Y quién es mi prójimo?» (Lc 10, 29).

La parábola del Buen Samaritano es la respuesta de Jesús a esta pregunta del maestro de la Ley. Por eso, al final de la parábola, es el mismo Jesús quien le hace a él otra pregunta:

«¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo» (Lc 10, 36-37).

Todos estamos llamados, como peatones o como conductores, a pasar por la vida como buenos samaritanos, haciendo el bien y practicando la misericordia con el prójimo, a imitación de Jesús, que, como dice san Pedro: «Pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos» (Hch 10, 38). Y es que un buen samaritano no solo no hace mal a nadie, sino que tampoco pasa de largo ante quien lo necesita.

Ser buen samaritano es hacer de la carretera una arteria de vida, de seguridad vial, de trabajo, de comunicación, de encuentro fraterno, de riqueza cultural y económica. Un espacio para vivir el cuidado y el gozo de la familia y de los amigos.

Los peligros de la carretera

«Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto» (Lc 10, 30).

Cualquiera de nosotros, cuando salimos a la calle como peatones o conductores, enseguida nos damos cuenta de que no estamos solos. Junto a nosotros caminan y circulan otras personas a las que, como mínimo, debemos respetar, y nunca pisar sus derechos, tan sagrados como los nuestros.

Nadie sube a un vehículo porque quiere sufrir un accidente, pero los hay. La parábola, como la vida de cada día, nos habla de los muchos beneficios que nos ofrecen los vehículos y la carretera, pero también de los peligros que lleva el salir de viaje; lo frágil que es la vida y lo fácil que es, al menor descuido, sufrir o provocar un accidente de trágicas consecuencias.

Las cifras de fallecidos y heridos en nuestras calles y carreteras, cada año se cuentan por centenares y miles, normalmente debido a alguna distracción, principalmente por el uso del móvil, exceso de velocidad, ingerir alcohol, drogas u otras sustancias que nos limitan los reflejos y la atención en la carretera. El uso del cinturón sigue siendo una asignatura pendiente para muchos conductores.

Con bastante frecuencia, más de lo que imaginamos, hay gente que después de provocar un accidente de tráfico, incluso mortal, se da a la fuga sin pararse a socorrer, con el propósito de huir de la justicia y de sus posibles responsabilidades2. Será difícil que lo logre pero, aunque así sea, jamás podrá vivir en paz consigo mismo, y en su conciencia siempre escuchará: «¿Dónde está tu hermano? (…) ¿Qué has hecho?» (cf. Gén 4, 9-10).

El buen samaritano no pasa de largo

Así lo cuenta la parábola: «Un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó» (Lc 10, 33-34).

Como sucede en la parábola, hay gente que, ante un accidente o necesidad urgente de ayuda, hace la vista gorda y pasa de largo, con la disculpa de que tiene prisa y muchísimo que hacer. Y, lo que es peor, siempre encontrará alguna disculpa para tranquilizar la conciencia y convencerse de que no meterse en “líos” es lo mejor que se puede hacer. Ya habrá quienes se preocupen y ayuden. Pero, gracias a Dios, no todos piensan ni obran así.

A primeros de este año 2021 saltó a los medios de comunicación la triste noticia de que tres camioneros habían perdido la vida atropellados por un cuarto camión. Ante las dificultades de un camionero, aparcado el camión al borde de la carretera, hubo otros dos camioneros que, al pasar por allí y ver lo que sucedía, como buenos samaritanos, no pasaron de largo, sino que aparcaron sus camiones y acudieron a socorrer a su compañero. Lo que menos pensaban, ninguno de los tres, era que otro compañero, sin querer, los iba a atropellar con su camión y quitarles la vida. Pero así fue.

Ser buen samaritano en el camino te complica la vida, te hace perder tiempo, dejar aparte tus asuntos y preocupaciones, o, como en el caso anterior, perder la vida. Y es que al buen samaritano le duele el dolor ajeno. Por eso, «hace falta actuar con el estilo del samaritano, que implica dejarse golpear por lo que veo, sabiendo que el sufrimiento me va a cambiar, y con el sufrimiento del otro me debo comprometer».3

En nuestras circunstancias actuales, ante un accidente de tráfico, a ninguno de nosotros se nos pide obrar igual que el samaritano de la parábola, pero sí estamos obligados por ley a socorrer a los accidentados. De lo contrario, estaríamos incurriendo en un delito muy grave de omisión de auxilio.4

Cuida de él

Siguiendo la parábola, vemos que el buen samaritano «lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”» (Lc 10, 34-35).

La hermosa tarea de cuidar del accidentado y humanizar esos momentos se debe ejercer según las circunstancias, y siempre con caridad, discreción y sin estorbar.

Como buen samaritano, el ejercicio de la caridad en el conductor, tiene una doble dimensión

la primera se manifiesta en el cuidado del propio automóvil en su aspecto técnico y la segunda se refiere al amor hacia los que viajan, cuya vida no se debe poner en peligro con maniobras equivocadas e imprudentes que pueden causar daño, tanto a los pasajeros como a los peatones.5

Practicar la misericordia

¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos? Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo» (Lc 10, 36-37) «y tendrás la vida» (Lc 10, 28).

Con este mandato directo de Jesús de practicar la misericordia y hacer el bien a nuestro prójimo pongámonos en camino con responsabilidad disfrutando del viaje, cuidando la integridad física de mi prójimo, porque va conmigo en el vehículo, en el mismo carril o por el carril contrario.

No olvidemos que Jesús, «Buen Samaritano de la humanidad, desea ungir cada herida, curar cada recuerdo doloroso e inspirar un futuro de paz y de fraternidad en esta tierra».6

Terminando nuestra reflexión, y fijando nuestra atención en los personajes de la parábola, veremos que «todos somos o hemos sido como estos personajes: todos tenemos algo de herido, algo de salteador, algo de los que pasan de largo y algo del buen samaritano».7

Cuidar de la familia

Estamos en el año especial dedicado a la familia y celebrando el Año de San José, el hombre bueno, justo y prudente, quien, por obediencia a Dios, hubo de hacer largos y arriesgados viajes con María para proteger y salvar la vida del niño Jesús.

Con frecuencia hay familias enteras que viajan en un mismo vehículo para disfrutar, pasar juntos unos días de vacaciones, visitar a los abuelos y parientes o sencillamente salir a pasar un día feliz en el campo, cosas todas ellas maravillosas. El hecho de estar con nosotros toda la familia en el mismo vehículo exige del conductor la máxima atención y responsabilidad en la carretera, para que lo que empezó con ilusión termine felizmente.

Que la Sagrada Familia, Jesús, María y José, y nuestro patrono san Cristóbal, “cuiden” de todos los transportistas y conductores y, libres de la pandemia, podáis festejar al santo y ejercer gozosamente vuestro trabajo de transportistas o conductores con total normalidad y gozo.

Feliz fiesta de san Cristóbal.

Madrid, 4 de julio de 2021

Obispos de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana

Pastoral de la Carretera de la Conferencia Episcopal Española

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1Francisco, Videomensaje al Congreso de Educación Religiosa de Los Ángeles (18-21.II.2021).

2 Cf. Francisco, Fratelli tutti, n. 65

3 Francisco, Videomensaje al Congreso de Educación Religiosa de Los Ángeles (18-21.II.2021). 4 Real Decreto Legislativo 6/2015, de 30 de octubre, sobre el que se aprueba el texto definitivo de la Ley sobre Tráfico. Art. 51. 1: «El usuario de la vía que se vea implicado en un accidente de tráfico, lo presencie o tenga conocimiento de él está obligado a auxiliar o solicitar auxilio».

5 Cf. Consejo Pontificio para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes, Orientaciones para la Pastoral de la Carretera, n. 51.

6 Francisco, Homilía en el viaje apostólico a Irak (Erbil, Irak, 7.III.2021).

(Conferencia Episcopal Española)

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