Carta pastoral de Mons. Francisco Cerro: La Vida Contemplativa, cerca de Dios y del dolor del mundo

También nuestras hermanas y hermanos que viven la vida contemplativa han sufrido de un modo directo las consecuencias de la COVID 19. La pandemia se ha vivido cuidando toda la normativa sanitaria y también han sufrido mucho con la enfermedad, los contagios y, en no pocos monasterios, la muerte.

La vida contemplativa participa de los gozos, esperanzas y sufrimientos de nuestra gente y también han rezado una y otra vez con el Papa Francisco y con su Obispo, para que vuelva la alegría y la fiesta a nuestra tierra.

La vida contemplativa siempre ayuda a vivir en la esperanza. Sin esa profunda relación con Dios, no se puede estar cerca de todos los hombres y mujeres, que viven y han vivido en situaciones atroces, muy difíciles de digerir, y donde la fe, sin lugar a dudas, es una puerta abierta siempre a la vida y a la esperanza.

Quiero destacar tres consideraciones en la vida contemplativa:

  1. La importancia de la oración y su misión primordial. La oración es el motor y el núcleo de toda vida consagrada, de esta forma se cultiva la experiencia de amor que sostiene nuestra fe. No es una oración que queda dentro de las comunidades, sino que es una oración que sale fuera de los muros. Es una oración misionera que se une a los hermanos de fuera y, de esta forma, la vida contemplativa hace que no falte el amor y la esperanza en el mundo.
  2. Oración de intercesión, el verdadero ejercicio de amor. La vida consagrada debe interceder por los más necesitados, pero no por ello ha de dejar de ayudarles sin dejar la clausura, respetando el silencio.

La oración de súplica que se realiza en los distintos monasterios está en sintonía con el Corazón de Jesús que implora al Padre para que todos seamos uno, así el mundo creerá (cf. Jn 17,21).

El Santo Padre, en noviembre de 2018, se dirigía a la vida consagrada: “¿Qué sería de la Iglesia sin la vida contemplativa? ¿Qué sería de los miembros más débiles de la Iglesia que encuentran en vosotros un apoyo para continuar el camino? ¿Qué sería de la Iglesia y del mundo sin los faros que señalan el puerto a los que se han perdido en alta mar, sin las antorchas que iluminan la noche oscura que estamos atravesando, sin los centinelas que anuncian el nuevo día cuando todavía es de noche? Gracias, hermanas y hermanos contemplativos, porque vosotros sois todo esto para el mundo: apoyo para los débiles, faros, antorchas y centinelas (cf. Const. Ap. Vultum Dei quaerere, I, 6). Gracias por enriquecernos con tantos frutos de santidad, de misericordia y de gracia (cf. ibíd., I, 5).

  1. La Iglesia necesita a la vida consagrada contemplativa. La Iglesia necesita más que nunca hoy en día a la vida consagrada. Necesitamos de oración y conversión, y es con la fuerza de los distintos monasterios, con su oración, donde hemos de encontrar la unidad en la Iglesia. Que todos seamos uno. Unidos en la fe, por la esperanza y en la caridad.

Recen por la Iglesia, por los sacerdotes, consagrados, por las familias, por todos los que sufren los estragos de esta pandemia y sobre todo para que pronto termine.

Que la Santísima Trinidad mantenga la lámpara encendida de todos los monasterios para esperar la luz de Dios en la oscuridad de la historia. Con mi bendición.

 

+ Francisco Cerro Chaves

Arzobispo de Toledo

Primado de España

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.