Carta pastoral de Mons. José María Yanguas: El verdadero culto a Dios.

Queridos diocesanos:

A lo largo de las semanas precedentes -con algunas interrupciones a las que obligaba la importancia del asunto tratado o bien su oportunidad-, hemos comentado algunas de las ideas principales de la Encíclica Fratelli tutti del Papa Francisco. Hemos podido mostrar la riqueza de su contenido y, en algunos puntos, la novedad del mismo dentro de la continuidad magisterial que implica desarrollo y fidelidad.

En mi última “carta” hablamos de la relación entre religión, fraternidad y amistad social. Es convicción firme del Pontífice y de otros grandes líderes religiosos que “las religiones no incitan nunca a la guerra y no instan a sentimientos de odio, hostilidad, extremismo, ni invitan a la violencia o al derramamiento de sangre” (n. 285). Más de uno puede pensar que dicha convicción choca con la experiencia que parece evidenciar lo contrario: que las diferencias religiosas están detrás de no pocos hechos de violencia, a veces extrema. De ahí que el Papa ponga buen cuidado en precisar el contenido exacto de su convicción: lo que está detrás de la violencia no son propiamente las religiones, sino la desviación de las enseñanzas religiosas, las malas interpretaciones de los textos religiosos, su uso político y también las interpretaciones de grupos religiosos que han abusado (…) de la influencia del sentimiento religioso en los corazones de los hombres (cfr. ibídem), o, también, la imprudencia de ciertos líderes (cfr. n. 284).

Pero, como Francisco proclama solemnemente “el culto a Dios sincero y humilde no lleva a la discriminación, al odio y la violencia, sino al respeto de la sacralidad de la vida, al respeto de la dignidad y la libertad de los demás, y al compromiso amoroso por todos” (n. 283). Estas actitudes básicas que acompañan al verdadero culto a Dios son, en última instancia, manifestaciones del amor, de un amor genuino a Dios nuestro Señor. Lo atestigua de manera inequívoca el apóstol Juan en su primera Carta cuando dice: “Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (4, 7), o: “El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva permanentemente en sí vida eterna (3, 15); o también: “Si alguno dice: ‘Amo a Dios’ y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues “quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve” (4, 20).

Los creyentes no necesitamos rebajar o atenuar el vigor de nuestra fe; ni ocultar ciertas verdades o desapasionarnos, para dar lugar a una fe tibia, desamorada, casi indiferente, como si ello constituyera un requisito necesario para poder encontrarnos y convivir con quien profesa un distinto “Credo” y vive y actúa de manera diferente. Basta con poner en el centro la fe en un Dios Padre de todos, que quiere la salvación de todos y ama a todos infinitamente; basta con apoyarse sólidamente en esa convicción para encontrar “un modo de convivencia serena, ordenada, pacífica, acogiendo las diferencias y con la alegría de ser hermanos en cuanto hijos del único Dios” (n. 279). Sólo cuando se debilita esa fe y es sustituida por una mentalidad pequeña, tribal, que se crea un Dios acomodado a la estatura del hombre, solo entonces la diferencia se constituye en motivo de discordia y enfrentamiento. “Buscar a Dios con corazón sincero, dice Francisco, siempre que no lo empañemos con nuestros intereses ideológicos o instrumentales, nos ayuda a reconocernos compañeros de camino, verdaderamente hermanos” (n. 274). La Iglesia, dice más adelante el Papa recordando la doctrina del Vaticano II, “valora la acción de Dios en las demás religiones y ‘no rechaza lo que en ellas hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que (…) no pocas veces reflejan un destello de aquella verdad que ilumina a todos los hombres’” (n. 277).

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).