Carta pastoral de Mons. Francesc Conesa: El amante, el amado y el amor personal

Queridos diocesanos:

El acontecimiento de la Pascua de Jesús revela de un modo definitivo que Dios es amor y que su relación con la humanidad no es más que una historia de amor eterno. Fijándonos en esta historia podemos adentrarnos en la intimidad de Dios y comprender que Dios es Trinidad santa: Padre, Hijo y Espíritu Santo. San Agustín, para explicarlo decía: “he aquí que son tres: el Amante, el Amado y el Amor” (De Trinitate, VIII, 19).

El Padre es quien tiene la iniciativa en el amor. Él es el principio, el manantial y el origen de toda la vida divina. Su amor es el origen y la fuente de todo, tanto de la creación como de la salvación. Es un amor absolutamente libre y gratuito, que no esforzado por nada ni motivado por nada externo a sí mismo. El Padre nos ama porque sí y nos continuará amando siempre. No nos ama porque seamos buenos, sino que nos hace buenos porque nos ama. Es un amor creativo, que busca mil formas
de acercarse al ser humano. Tiene razón San Juan cuando para explicar todo el misterio de la cruz y la resurrección dice: “Tanto amó Dios al mundo”. El Padre es el eterno Amante, el origen del Amor.

En la historia de la salvación descubrimos también que el Hijo es el Amado, Aquel que acoge de modo puro el amor del Padre. Él es el “Hijo amado en quien el Padre se complace” (Mt 3, 17), que ha sido“amado antes de la creación del mundo” (Jn 17, 24). Mientras que el Eterno Amante es la plenitud de amor, el Eterno Amado, que procede de Él, es aquel sobre quien reposa ese Amor fontal del Padre. El Hijo es el Amado, el Hijo eterno, el Predilecto, el Unigénito, que recibe todo el amor del Padre y lo
extiende a todo lo creado. Por medio del Hijo todo fue creado (cf. Col 1, 16) y en el Hijo todo ha sido redimido. ¡En Él se ofrece a los hombres la gracia del Padre!

En esta historia eterna, que es expresión de la infinita libertad de un Dios que es amor, también tiene su puesto el Espíritu, que es aquel que une al Amante y al Amado; él es la comunión entre uno y otro. El Espíritu garantiza también la comunión del Eterno Amante con sus criaturas y con sus historias de sufrimiento, a través del Amado. El Espíritu es el gran regalo de la Pascua, que reconcilia el mundo con el Padre y difunde en la humanidad el consuelo, la unidad, la paz y el gozo. El Espíritu es vínculo de amor eterno.

El acontecimiento de la Pascua nos revela la historia trinitaria de Dios; no sólo la historia de las relaciones entre el Padre, el Hijo y el Espíritu, sino también de su insondable unidad. Esta unidad consiste esencialmente en el amor. Es el camino que intuyó San Agustín: “verdaderamente ves la Trinidad cuando ves el amor” (De Trinitate, VIII, 8, 12). La esencia del Dios vivo es el amor, que le pone en movimiento y le lleva a salir de sí como Amor amante; de acogida de sí como Amor amado; y de
regreso así como Espíritu del amor trinitario. Y lo más grande es que esta esencia del Dios cristiano penetra la historia del mundo y de los hombres, que son objeto de su amor puro y eterno. ¡Bendito sea este Dios que existe eternamente como Amor amante, Amor amado y Amor personal, como Padre, Hijo y Espíritu Santo!

+ Francesc Conesa

Obispo de Menorca

Mons. Francisco Conesa Ferrer
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Rector de la Basílica de Santa María de Elche desde 2014 Francisco Simón Conesa Ferrer nació en Elche el 25 de agosto de 1961. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario diocesano y fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1985. Es doctor en Teología (1994) y en Filosofía (1995) por la Universidad de Navarra. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Orihuela-Alicante, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de la parroquia ilicitana de Nuestra Señora del Carmen (1985-1987), de la Inmaculada de San Vicente del Raspeig (1994-1996) y de Nuestra Señora de Gracia de Alicante (1997). Desde 1998 al 2014 fue el vicario general de la diócesis. En la actualidad es profesor del seminario diocesano, donde imparte Filosofía del Lenguaje y Teología Fundamental, desde 1992; profesor asociado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, desde 1994; canónigo magistral de la Catedral de Orihuela, desde 2001; y rector de la Basílica de Santa María de Elche, desde 2014. Fue nombrado prelado de honor de su Santidad en el año 2012.