Año Laudato si’: La puesta por la ecología integral de la Iglesia

Han pasado seis años desde la publicación de la encíclica Laudato si’ de Francisco, la segunda del pontificado de Bergoglio. Dedicada al cuidado de la casa común, para escuchar y hacer propio el grito de la tierra y de los pobres, el documento ha sido el centro del año especial de aniversario, convocado en 2020 cinco años después de su publicación. También durante estos 12 meses, Francisco ha abordado y retomado los temas de la encíclica, enmarcándolos en la difícil realidad de la pandemia

Es necesario un «enfoque integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y al mismo tiempo cuidar la naturaleza». La encíclica Laudato si’ del papa Francisco, publicada el 24 de mayo de 2015, cumple seis años y, en plena emergencia pandémica, las reflexiones del Pontífice sobre el momento histórico que vivimos resuenan más que nunca. No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino -señala Francisco en el documento- «una sola y compleja crisis socio-ambiental» (139) que nos lleva a cada uno a preguntarnos «qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo» (160).

El año especial del aniversario

En mayo del año pasado, en el quinto aniversario, el Papa convocó un Año especial de reflexión y profundización que concluye en estas horas, destinado una vez más a llamar la atención hacia «el grito de la tierra y de los pobres», con el compromiso de «todas las personas de buena voluntad» en el cuidado de «nuestra casa común y de nuestros hermanos y hermanas más frágiles».

Ahora, con la ayuda del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano – @VaticanIHD #LaudatoSi6 #LaudatoSiWeek #LaudatoSiYear – y de la Semana Laudato si’, que concluye con la presentación este 25 de mayo de una Plataforma de Iniciativas ad hoc, recordada por el mismo Francisco el domingo en el Regina Caeli, la Iglesia de todo el mundo da testimonio del camino realizado hasta ahora, en nombre de la ecología integral, y del que debe continuar. Prueba de ello son las numerosas Historias de Laudato si’ publicadas por Vatican News y L’Osservatore Romano, desde Camerún a Malasia, desde Ucrania a los Emiratos Árabes, desde Australia a Italia, desde Brasil a Bangladesh, relatos de cómo la encíclica está inspirando acciones concretas para combatir el hambre, la deforestación, el cambio climático, la contaminación, la pobreza y el abandono.

El pensamiento del Papa

Durante el año especial de aniversario de Laudato si’, el papa Francisco aborda los temas de la encíclica y exhorta repetidamente a desarrollar «una firme voluntad de elaborar y aplicar medidas concretas que favorezcan la dignidad de todas las personas en sus relaciones humanas, familiares y laborales, combatiendo al mismo tiempo las causas estructurales de la pobreza y trabajando para proteger el medioambiente natural», como reiterado el pasado mes de octubre en su mensaje a los participantes en la conferencia internacional de EcoOne, una iniciativa cultural internacional del Movimiento de los Focolares.

Pandemia y clima

El Papa nota también cómo los efectos de lo que está ocurriendo, en primer lugar, los de la pandemia, además de las consecuencias de la contaminación y el cambio climático, tienen relevancia para todos los aspectos de la vida, tanto sociales como económicos, éticos y políticos. En su videomensaje para la “Virtual Climate Ambition Summit”, videoconferencia internacional organizada bajo los auspicios de la ONU, en diciembre destacó cómo todo afecta «a la vida de los más pobres y frágiles», recordando la «responsabilidad de promover, con un compromiso colectivo y solidario, una cultura del cuidado, que ponga en el centro la dignidad humana y el bien común». De aquí la necesidad de una acción global, que implica también a la Santa Sede. “El Estado de la Ciudad del Vaticano se compromete a reducir a cero las emisiones netas antes de 2050, intensificando los esfuerzos de gestión ambiental, ya en curso desde hace algunos años, que posibiliten el uso racional de recursos naturales como el agua y la energía, la eficacia energética, la movilidad sostenible, la reforestación, y la economía circular también en la gestión de los desechos”.

Con motivo del Tiempo de la Creación, del 1 de septiembre al 4 de octubre pasados, Francisco no calla ante la enorme «deuda ecológica» actual, debida a la «saqueo» de los recursos y al «uso excesivo del espacio medioambiental común para la eliminación de residuos», invocando una «justicia restaurativa». En este sentido, renueva el llamamiento a «cancelar la deuda de los países más frágiles ante los graves impactos de la crisis sanitaria, social y económica que afrontan tras el Covid-19”.

Ensuciarse las manos

La crisis social y económica, que «muchos están sufriendo en sus propia carne y que está hipotecando el presente y el futuro en el abandono y la exclusión de tantos niños y adolescentes y de familias enteras», está en el centro del videomensaje dirigido a los jóvenes participantes en el evento «Economía de Francisco» de noviembre. El Papa evidencia que esta emergencia «no tolera» que se privilegien «intereses sectoriales por encima del bien común»: el camino no es el de los «atajos», sino el de «ensuciarse las manos», hacia un cambio de estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, en las estructuras de poder consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad».

Educación

Este último es un pasaje crucial, que pretende humanizar el mundo, también a través de la educación, superando los contratiempos de Covid. El Pontífice lo deja claro cuando habla en un vídeomensaje en octubre en el Global Compact on Education. Es el momento, afirma, de » firma pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes,» para «formar personas maduras». Porque la educación sigue siendo «el antídoto natural de la cultura individualista, que a veces degenera en un verdadero culto al yo y en la primacía de la indiferencia»: nuestro futuro no puede ser » la división, el empobrecimiento de las facultades de pensamiento e imaginación, de escucha, de diálogo y de comprensión mutua», sino el compromiso de todos los componentes de la sociedad, «las familias, comunidades, escuelas y universidades, instituciones, religiones, gobernantes, toda la humanidad».

Encuentro, diálogo y colaboración

Una implicación que Francisco invoca también ante poblaciones enteras desarraigadas de su tierra y obligadas a emigrar, por la guerra y la violencia, pero también «como consecuencia de las catástrofes naturales provocadas por el clima»: una «gran emergencia de nuestro tiempo». El Papa, en el prefacio de las últimas Orientaciones Pastorales para los desplazados climáticos propuestas por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, nos insta a «ver el sufrimiento que conlleva cada historia para así “tomar dolorosa conciencia, atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar” (19). No podemos salir de una crisis como la del clima o la de la Covid-19, continúa, » encerrándonos en el individualismo, sino sólo “estando unidos”, mediante el encuentro, el diálogo y la colaboración.» Por otro lado, como ya señaló en mayo del año pasado, «peor que esta crisis, es solamente el drama de desaprovecharla».

(Giada Aquilino – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

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