Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: La venida del Espíritu Santo

Jesús conocía la grandeza de la misión que había dejado en manos de sus seguidores y conocía también la debilidad y flaqueza de los mismos, por eso sabe que solos los discípulos no íbamos a poder cumplir con tan sublime misión de llevar su mensaje salvador al corazón del mundo para que los hombres entren en contacto con él, le admitan en su vida, se conviertan y se salven.

Por eso a los apóstoles les promete el envío del Espíritu Santo, que será quien les dará fuerza, quien les defenderá ante los ataques del mundo y quien les infundirá el valor necesario para hacerle presente a los hombres de todos los tiempos. Es el Espíritu que Cristo enviará desde el Padre, es el Espíritu quien les hará entender todo cuanto Jesús les había comunicado mientras estaba con ellos. Es el Espíritu quien dará testimonio de Cristo y quien hará que ellos, los apóstoles y nosotros, seamos también sus testigos en medio del mundo. Es el Espíritu quien les guiará hasta la verdad plena porque recibirá de lo suyo y se lo comunicará. Este mismo Espíritu que Cristo envió y que derramó sobre los apóstoles es el mismo que ha estado siempre y sigue presente en la Iglesia a través de los siglos, y es el que ha hecho que, a pesar de las dificultades y peligros por los que la Iglesia ha pasado a través de los tiempos y de los siglos, sin embargo, siempre haya salido a flote e incluso reforzada después de cada crisis, porque el Espíritu Santo ha estado presente en ella. Cada uno de nosotros recibimos este mismo Espíritu el día de nuestro bautismo, porque fuimos bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Este mismo Espíritu es el que recibimos todos y cada uno de nosotros de manera singular en el sacramento de la confirmación. Es este Espíritu el que nos ayuda a vivir comprometidamente nuestra fe, y quien nos impulsa a dar testimonio de Jesús en medio de nuestro mundo. Jesús nos había prometido que no nos dejaría huérfanos. Él nos envía al Espíritu, que nos acompaña siempre, que suscita en nosotros todas las obras buenas, que nos ayuda a superar las dificultades y nos hace vivir el compromiso de ser seguidores del Señor y ser sus testigos en medio de nuestro mundo. La realidad de la presencia del Espíritu Santo en la iglesia y en cada uno de los que la formamos es algo que hemos de vivir como un auténtico regalo que Cristo nos ha dado, es el don del espíritu que nos ayuda, no solo a entender toda la verdad que Cristo nos ha querido transmitir, sino quien nos da su gracia para que vivamos los compromisos de nuestra identidad como seguidores de Cristo en nuestra vida de cada día. Para que el Espíritu produzca sus frutos en nosotros hemos de ser dóciles a sus inspiraciones, dejarnos llevar por Él y contar siempre con él a la hora de vivir nuestros compromisos bautismales, nuestra fe, porque sabemos lo pobres y débiles que somos, que solos no seríamos capaces de vivir nuestra fe como una fe viva que inunda toda nuestra vida y que nos hace comprometernos en la vivencia del estilo de vida que Jesús nos enseñó. Necesitamos la fuerza del Espíritu para ser valientes en medio de nuestro mundo, para que seamos capaces de ser auténtico testimonio para cuantos nos vean vivir y actuar, para no ser cristianos acomplejados ante un ambiente adverso como el que vivimos en el mundo actual. La vivencia de nuestra fe, hoy más que nunca, nos está pidiendo ser verdaderos testigos de Jesús y de su mensaje salvador en medio de nuestro mundo. Para ello, hemos de abandonar todos los miedos y complejos que a veces nos paralizan y que la gracia del Espíritu Santo nos capacite para ser sus testigos de Cristo y su mensaje donde quiera y con quien quiera que vivamos. Para ello, hemos de pedir todos los días al Espíritu ser dóciles a sus inspiraciones y dejarnos guiar por Él y por donde Él nos sugiera, porque solo desde Él e inspirados por Él estaremos seguros de ser unos buenos creyentes y unos auténticos testigos del Señor y de nuestra fe en el mundo en el que vivimos. El Espíritu Santo y su infusión en los apóstoles les transformó, de ser unos apóstoles llenos de miedo a ser los apóstoles valientes que, sin miedo a nada ni a nadie, anunciaron a Jesús y su mensaje y la salvación que él había ganado para todos los hombres con su muerte y su resurrección. Este mismo Espíritu será quien nos quitará a nosotros todos los miedos y complejos que a veces tenemos y nos hará verdaderos y valientes testigos de Cristo en este mundo que nos ha tocado vivir, si contamos con Él y le dejamos que entre en nuestra vida y nos conduzca con su gracia.

 

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.