Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: Mirar al otro con la mirada de Dios

Hace un tiempo recuerdo que hablando con una persona y reflexionando sobre las circunstancias sociales que nos rodean y haciendo una crítica a la falta de fe en los cristianos, vi que los caminos de crítica negativa se iban subiendo de tono. Estábamos cayendo en una crítica tan negativa que parecía no dábamos ningún atisbo de esperanza en medio de lo que considerábamos una debacle. Me vino a la memoria otro encuentro con otro compañero, hace años, con el que llegó un momento en el que le dije: “No me hables mal del hermano que me impida amarlo como Dios le ama y le mira”. Si hay un pecado que más nos reprocha el Señor es el de la falta de misericordia. ¡Qué fácil es hablar mal del hermano! ¡Qué impertinente se convierte nuestra mente y cómo juzga sin compasión al hermano! Me viene a le mente la palabra del Evangelio que sana la memoria y el corazón: ”No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y se os perdonará” (Lc 6, 37). En el camino de la vida espiritual es, tal vez, lo que más impide crecer cuando no se toma en consideración tal consejo evangélico.

Cuando escuchamos y meditamos estos consejos y propuestas de Jesucristo, inmediatamente uno se siente muy frágil, pero no hemos de desistir en ir poniendo por obra lo que decía Santa Teresa de Jesús, pues “no está el negocio en tener hábito de religión o no, sino en procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo y que el concierto de nuestra vida sea lo que su Majestad ordenare de ella, y no queramos nosotras que se haga nuestra voluntad, sino la suya” (Moradas 3,2,6). Muchas veces por desgracia ponemos la propia voluntad a la de Dios y, lo peor de todo, lo justificamos con un barniz religioso.

Los grandes maestros del espíritu ahondan en este tema y recuerdo lo que decía San Ambrosio “porque el que escucha pero no pone por obra niega a Cristo; aunque lo confiese de palabra, lo niega con sus obras. (…) El verdadero testigo es el que con sus obras sale fiador de los preceptos del Señor Jesús” (Expositio psalmi, CX-VIII 20-48). Estos son los síntomas auténticos del camino que lleva a la santidad. Recuerdo que los momentos más difíciles de superar han sido las circunstancias en las que he sido criticado o incluso malinterpretado. La reacción suele ser siempre la misma y es la de atacar con las mismas armas; pero aún es más grave cuando se alberga en el corazón un rencor de odio.

Siempre me ha impresionado la actitud de Jesucristo cuando en medio de todo dolor en la Cruz llega a pronunciar con convicción y amor: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34). Es imposible comprender esta actitud de Jesucristo si nuestro modo de actuar se convierte en justicialista e inmisericorde. Es admirable oír el relato de una persona que asistiendo al estreno de la película de Mel Gibson “La Pasión de Cristo” y que más allá de las polémicas levantadas por ella en todo el mundo, se quedó admirada de algo excepcional: LA MIRADA DE CRISTO. Contemplando las heridas y los maltratos que se muestran en el cuerpo de Cristo y si nos fijamos en su mirada, se comprobará los gestos y cómo nos transmite amor, comprensión, fidelidad, ternura y aceptación para ponerse en nuestro lugar e invitarnos a la salvación. La gente malvada no podía resistir esta mirada porque para ellos era desafiante, inquietante y provocadora, a pesar que estaba llena de amor y de perdón.

Mirar con la misma mirada de Cristo es de una profundidad espiritual muy atrevida porque, lo mismo que a él, nos tacharán de descrédito y pasividad cuando por el contrario se convierte en lo más justo. Jesucristo con su mirada corrige sin estridencias, alienta sin falsas promesas, provoca sin altercados, anima sin falsos perdones, orienta sin lleva por caminos erróneos y apoya sin paternalismos. Es una mirada sincera y auténtica. Es la mirada que bien merece seguirse a la hora de relacionarnos entre nosotros.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Pamplona

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).