Carta pastoral de Mons. José María Yanguas: «Religiones y amistad social»

Queridos diocesanos:

Nos ocupamos hoy de la primera parte del capítulo octavo de la encíclica del Papa Francisco Fratelli tutti, un título que ya resulta a todos bien conocido. En ella, como reza el subtítulo del documento, el Santo Padre diserta sobre dos asuntos, la fraternidad y la amistad social, decisivos si queremos seguir dando pasos en el intento por construir una “casa común” más habitable, más confortable, donde los hombres y los pueblos puedan desarrollarse y alcanzar mayores y mejores niveles de humanidad, de acuerdo con el plan originario de Dios sobre los hombres.

En este capítulo octavo, último de la Encíclica, el Papa examina el papel que las religiones están llamadas a desempeñar “al servicio de la fraternidad en el mundo”. Tema delicado y controvertido tanto por sus inevitables connotaciones históricas, como por la posición adoptada por algunos, que piensan que la diversidad de religiones constituye una amenaza continua para la paz en el mundo y que, si acaso, habría que poner todo el empeño en “crear” una religión única, compartida por todos, capaz de superar las tensiones y divisiones, y combatir las flagrantes injusticias que descubrimos en nuestro mundo, también en el más cercano a nosotros. Claro que la idea de “crear” o “inventar” una religión única no es un empeño equiparable a la creación de un idioma nuevo y “artificial” elaborado a partir de variantes dialectales más o menos próximas. Aquí se estaría olvidando un dato fundamental e irrenunciable para el cristianismo, es decir, que la fe no es invención humana sino un don que “se recibe”, algo que nos es dado a los hombres. Somos “oyentes” de la Palabra, no “inventores” o “creadores” de la misma. Es algo que parece olvidarse con excesiva frecuencia.

Pero vayamos con lo que el Papa dice respecto del papel de las religiones en relación con la fraternidad universal y la amistad social. El punto de partida de su reflexión es la convicción según la cual: “Las distintas religiones, a partir de la valoración de cada persona humana como criatura llamada a ser hijo o hija de Dios, ofrecen un aporte valioso para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad” (n. 271). Cuando esta convicción desaparece del horizonte personal o social, cuando se diluye o se debilita, cuando una determinada religión elimina de su credo y de su moral dicha convicción, el empeño en favor de la fraternidad y de la justicia pierde inevitablemente fuerza y toma una dirección errada, quizás imperceptible en los inicios, pero fatal a no largo andar. Francisco cita las luminosas palabras de Benedicto XVI, convencido de que “la razón, por sí sola es capaz de aceptar la igualdad entre los hombres y de establecer una conciencia cívica entre ellos, pero no consigue fundar la hermandad” (n. 272). ¡Pero de lo que se trata precisamente es de dar un sólido fundamento a la hermandad universal y al deber de instaurarla!, aunque no pueda lograrse de manera plena, total, permanente. Pero “sin una apertura al Padre de todos, insiste Francisco, no habrá razones sólidas y estables para el llamado a la fraternidad” (ibídem). Hoy, tras las amargas experiencias del pasado, se va abriendo progresivamente paso en la conciencia de los mayores líderes de las más importantes religiones del mundo la convicción de que “hacer presente a Dios es un bien para nuestras sociedades” (n. 274).

Resulta difícil no dar la razón al Papa Francisco cuando pone entre las causas más importantes de la crisis por la que atraviesa hoy nuestro mundo la de “una conciencia humana anestesiada y un alejamiento de los valores religiosos, además del predominio del individualismo y de las filosofías materialistas que divinizan al hombre y ponen los valores mundanos y materiales en el lugar de los principios supremos y trascendentes” (n. (275). Por eso, es lamentable y un daño para todos que, en el debate público de los problemas de nuestra sociedad, no esté presente la voz de quienes defienden las bases más sólidas de la hermandad universal que hunden sus raíces en Dios, Padre común.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).