Carta pastoral de Mons. Jesús Murgui: “Los sueños se construyen juntos” (FT, 8)

El camino de la Pascua culmina con el cumplimiento de la gran promesa del Resucitado: enviar su Espíritu a sus discípulos. Y así fue el quincuagésimo día tras la Pascua de Jesús, mientras los discípulos con María oraban en el Cenáculo, en Jerusalén.

Los discípulos, hasta ese momento maniatados por el miedo, son conmocionados por un auténtico terremoto que les hace caer los muros de sus corazones y de sus mentes. Una nueva luz les ilumina, una nueva fuerza les hace salir; no podían ya permanecer encerrados en aquella casa, donde habían vivido momentos extraordinarios con Jesús. El Espíritu los liberó de sus miedos y los empujó a salir para comunicar a todos, y no sólo entre ellos, el Evangelio de la Pascua de Jesús.

Eso sucedía cuando Jerusalén estaba llena de “judíos devotos venidos de todos los pueblos que hay bajo en cielo”, es decir sucedía para que de todos los pueblos pudieran escuchar y entender su mensaje (Cfr. Hch 2, 1-11). En Jerusalén nacía un pueblo nuevo, un corazón nuevo, con una visión nueva que llegaba a todas las naciones de la tierra. Eran los primeros pasos de la Iglesia. Los discípulos se ponían en marcha, del Cenáculo a la calle, de su grupo al mundo, iluminados, conducidos y sostenidos, a partir de entonces, por el Espíritu.

El impulso de aquel día, de aquel acontecimiento, atraviesa la historia y llega hasta nosotros. El Espíritu que hemos recibido nos sigue impulsando a comunicar el Evangelio, a dar testimonio del amor de Dios por todos. Especialmente, en estos tiempos de la Humanidad tan herida por la pandemia y sus secuelas, ese testimonio de la cercanía y la bondad de Dios es particularmente necesario.

S. Pablo en la carta a los Gálatas, exhorta a caminar según el Espíritu, cuyos frutos son una bendición para el mundo: “el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de si” (Gal5, 22-23). En las presentes circunstancias de nuestro mundo, tan necesitado de los dones del Espíritu, nosotros seguimos recibiendo el don de la “lengua” y del “fuego”, acojámoslo, abriendo nuestra persona al Espíritu para descubrir la alegría de comunicarlo al mundo, la alegría de anunciar el Evangelio.

Esta dimensión de compartir el Espíritu, de comunicar sus dones y anunciar el Evangelio de la Pascua de Jesús ha marcado, desde hace muchos años, esta celebración de Pentecostés en nuestra Iglesia, orientándola, desde el ser de la Acción Católica y del Apostolado seglar, a descubrir e impulsar la riqueza del laicado en la vida del Pueblo de Dios.

Concretamente, los obispos de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida, nos explican que “la Jornada de este año se inspira en el Congreso de Laicos, que ha cumplido recientemente su primer aniversario, y la carta encíclica del papa Francisco, “Fratelli tutti”, sobre la fraternidad y la amistad social. En concreto, el lema de este Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar está tomado del número 8 de la mencionada encíclica:

“He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente. […] Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante.

¡Qué importante es soñar juntos! […] Solos se corre el riesgo de tener espejismos, en los que ves lo que no hay; los sueños se construyen juntos”.

En nuestra diócesis de Orihuela – Alicante proseguimos con el deseo de seguir impulsando el laicado, desde cuanto significó como don del Espíritu a nuestra Iglesia el Congreso Nacional del pasado año. Así, en vísperas de la Solemnidad de Pentecostés del presente año, el viernes 21 de mayo, hemos tenido la reunión constitutiva de la recién creada Comisión de Trabajo Pastoral “Pueblo de Dios en Salida”, en la que se ha presentado a los comisionados la “Guía de Trabajo del Post-Congreso de Laicos, Hacia un Renovado Pentecostés”; el compromiso de la Delegación para el Laicado y el mío propio les acompaña en esta nueva y comprometedora andadura para la Iglesia diocesana.

Pido, por tanto, al Espíritu que siga alentando este camino, que siga inspirando comunión y ardor evangelizador a todos los Movimientos laicales de nuestra Diócesis, que sostenga el itinerario del Sínodo diocesano de Jóvenes, y de todas las iniciativas de transmisión de la fe en nuestra Catequesis, en el servicio diocesano de ITIO, en nuestros Colegios, en la Pastoral Familiar, y la dedicada a nuestros enfermos y mayores, y a todos los agentes de pastoral, especialmente laicos, que anuncian el Evangelio en todos los ámbitos de nuestras parroquias, de la piedad popular (Cofradías y Asociaciones), y a aquellos laicos, testigos
de Jesús en el mundo de la acción social, el trabajo con los migrantes, en el servicio de Cáritas, y cuantos hacen presente la luz de su fe en el mundo del trabajo, de la política, la cultura y los medios de comunicación social.

Que el Espíritu que nos sigue dando el Señor Resucitado siga impulsando, en un renovado Pentecostés, nuestro continuo ir del Cenáculo a la calle, del grupo al mundo, y ello en comunión, como Iglesia, pues “los sueños se construyen juntos”.

Ánimo. Dios os bendiga. ¡Feliz fiesta de Pentecostés!

+ Jesús Murgui Soriano
Obispo de Orihuela-Alicante

Mons. Jesús Murgui Soriano
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Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.